Josué
Josué

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 2

La fe de Rahab

Dos grandes obstáculos impiden la entrada del pueblo en Canaán. En primer lugar el Jordán, que constituye la frontera. Luego, en la otra ribera, la imponente fortaleza de Jericó. Josué envía allá a dos espías. Su misión parece limitada a la visita a Rahab y a conocer no el poder del enemigo sino el poder de Dios que obra en el corazón de esa mujer. Rahab ha oído lo que Dios había hecho por su pueblo Israel. Creyó en él, y aquí se muestra activa, porque “la fe sin obras es muerta”. A esa miserable cananea, Santiago la toma como ejemplo de esta verdad, juntamente con Abraham (Santiago 2:25). A los ojos de los hombres la acción de esta mujer –una traición– es absolutamente reprensible. Pero eso mismo resalta mejor la diferencia que hay entre una obra de fe, agradable a Dios, y una «buena obra» alabada por los hombres. Lo que hace un creyente no siempre es comprendido y aprobado por el mundo.

La fe de Rahab le dio un sitio de honor en dos listas notables del Nuevo Testamento: la genealogía de Jesucristo (Mateo 1) y la enumeración de los fieles testigos de Hebreos 11 donde ella es la única mujer nombrada juntamente con Sara.

El medio de salvación – El regreso de los espías

El hecho de que Rahab fuese no solamente una enemiga sino una persona poco recomendable subraya la profundidad de la gracia divina. Así como ocurrió en el caso de otra cananea en los tiempos del Señor, la fe de esta la hace participar, espiritualmente hablando, de las “migajas” que caen de la mesa de los hijos de Israel (Mateo 15:22-28). El medio por el cual su casa será protegida nos recuerda la pascua y la sangre del cordero en las puertas, y hace de Rahab una verdadera hija de Israel. Previendo el juicio que caerá sobre Jericó, ella y los suyos son invitados a colocarse bajo la protección del cordón escarlata. Notemos que este es atado a la ventana inmediatamente. Rahab nos enseña a colocarnos al amparo de la sangre redentora lo antes posible, si todavía no lo hemos hecho, porque así como el juicio cayó sobre Jericó, también alcanzará al mundo. Esta mujer proclama su certidumbre de que el Dios de Israel ganará la victoria y confía en su promesa.

El informe de los dos espías es muy diferente del de los diez exploradores de Números 13.

Jehová ha entregado (no entregará) toda la tierra en nuestras manos (v. 24).

Este versículo es el cumplimiento textual de lo que declaró cuarenta años antes el cántico del mar Rojo (Éxodo 15:15 final).