Josué
Josué

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 23

Mensaje final de Josué al pueblo

A su vez Josué termina su carrera. “Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito…”, dice a los jefes del pueblo (v. 6). Esas mismas palabras, Jehová se las había dicho a él al principio (cap. 1:7), Moisés las había repetido muchas veces. Y esa es también la enseñanza que hoy nos conviene. Hay muchas personas que encuentran el Evangelio bastante anticuado, pasado de moda. Tienen “comezón de oír” novedades (2 Timoteo 4:3). Demos gracias al Señor por habernos dado unos siervos que no se cansan de repetir las mismas verdades y exhortaciones. “A mí no me es molesto escribiros las mismas cosas –afirma Pablo a los Filipenses–, y para vosotros es seguro” (Filipenses 3:1). ¡No nos cansemos, pues, de escucharlas!

El solo hecho de mencionar los dioses de las naciones es el primer paso que conduce a jurar por ellos, a servirles y finalmente a postrarse ante ellos (v. 7). Por eso la epístola a los Efesios nos exhorta a ni siquiera nombrar las cosas impuras, locas y de mal gusto del mundo, “como conviene a santos” (cap. 5:3-4). Quizá no siempre vigilamos cuidadosamente nuestro lenguaje. ¡Quiera Dios que por medio de este nos reconozcan como discípulos de Jesús! (Mateo 26:73 en contraste con el v. 74).

Resumen de las acciones del Señor

Por boca de Josué, Jehová previene a los jefes del pueblo de las consecuencias desastrosas que ocasionaría cualquier alejamiento (v. 12). En el versículo 13 varias imágenes sugieren los peligros que amenazan a los que se mezclan con el mundo. El lazo o la red empieza por hacer caer; el tropiezo (o la trampa) atrapa y retiene; el azote simboliza la servidumbre. Finalmente las espinas en los ojos son la cruel ceguera. Sansón, después de caer en la trampa, perdió sucesivamente, junto con su nazareato, sus fuerzas, su libertad, su vista y su vida.

Josué convoca a todo Israel y comienza por recordar los grandes momentos de su historia (cap. 24). Se remonta hasta un pasado lejano, no solamente hasta Abraham, a quien con mucho gusto Israel ensalzaba en su memoria como su antepasado (Juan 8:33, 39), sino hasta el padre de este, Taré, que había servido a los ídolos. Con esto Josué quería decirles que la idolatría no era privativa de las poblaciones que los rodeaban, sino que estaba en su misma naturaleza, que ellos no eran mejores que los demás. Una vez más dejemos que la epístola a los Efesios (cap. 2:1-3) nos hable: “Estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo… y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.