Josué
Josué

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 8

Medir las consecuencias de nuestros errores pasados

Israel fue derrotado principalmente a causa del pecado oculto. Pero dicha derrota tenía, además, otro motivo: la victoria sobre Jericó manifiestamente había dado al pueblo confianza en sí mismo. Y esto es aún más sorprendente por cuanto se trataba de un milagro. ¿Cuál fue la parte de Israel en la destrucción de dicha fortaleza? ¡Y cuántas veces nosotros mismos nos parecemos a ese pueblo! Cuando el Señor nos ha liberado de una situación difícil, en vez de seguir apoyándonos en él para la siguiente prueba, creemos poder prescindir de su ayuda. ¡Y eso significa la caída! Por otra parte, nuestro corazón está hecho de tal manera que si para las grandes dificultades estamos dispuestos a confiar en Dios, para las pequeñas muchas veces pensamos que podemos salir bien librados sin su ayuda. La historia de Hai nos enseña que continuamente necesitamos del Señor.

¡Y qué trabajo le costará a Israel alcanzar la victoria! En vez de los tres mil soldados previstos, necesitarán diez veces ese número y una maniobra bastante complicada. La restauración a menudo supone una larga y difícil operación. En Jericó el pueblo debía aprender a conocer el poder de Dios; en Hai tiene que experimentar su propia debilidad.

Victoria sobre Hai

“¿Qué harás tú a tu grande nombre?”, había preguntado Josué a Dios (cap. 7:9). Ahora que el pecado ha sido quitado, Israel espera en Dios y Dios le responde dándole la victoria. Y el artífice de esta victoria, aquel cuyo nombre suena una y otra vez en nuestro relato, es Josué, nuevamente figura de Cristo, quien conduce a los suyos en sus combates. Mediante su lanza extendida hacia Hai, por orden de Jehová, Josué muestra quién dirige la maniobra y recuerda que existe un plan de conjunto, una estrategia de la cual solo Él tiene pleno conocimiento. Pues bien, ¡eso es Jesús para nosotros! Él es quien conoce el papel que cada soldado ha de desempeñar, quien coloca a cada cual en su puesto y finalmente nos da la señal para cada movimiento. Al mirar a Cristo, tal como lo hiciera el combatiente cuando miraba la bandera de su jefe, sabemos lo que tenemos que hacer, cobramos valor. Y recordémoslo bien, no estamos solos en la batalla; tenemos hermanos que sostienen las mismas luchas. Sin embargo no se trata, como en los tiempos de Josué, de combates públicos, gloriosos y espectaculares. Nuestras victorias, generalmente, serán logradas de rodillas en nuestra habitación, y solo el Señor será testigo de ellas.

Saber conformarse a las enseñanzas de las Escrituras

Hai es conquistada y luego quemada, sus habitantes son masacrados, su rey ahorcado y su botín conservado para beneficio del pueblo, “conforme a la palabra de Jehová que le había mandado a Josué” (v. 27). Después de haber pagado un alto precio por ejercer su propia voluntad, esta vez Josué e Israel cumplen estrictamente las instrucciones divinas. Deuteronomio 21:22-23 prohibía dejar el cadáver de un ahorcado colgado en el madero durante la noche; Josué también obedece en esto (v. 29), prueba de que considera que la tierra ya es de ellos. Apliquémonos a justificar nuestro comportamiento por las Escrituras. Qué fuerza tendría nuestro testimonio si a cualquier pregunta relativa a nuestra conducta pudiésemos responder: es lo que pide el Señor, lo que me pide en su Palabra. Contemplemos a Jesús en la cruz. En el último instante de su vida de hombre obediente, aún podía decir, “para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed” (Juan 19:28).

La escena que sigue (v. 30-35) también responde a las instrucciones de Deuteronomio (cap. 11:29; 27:11 y sig.). Hombres, mujeres y niños estaban reunidos, incluyendo al extranjero (Rahab seguramente se encontraba allí), en el lugar designado para escuchar la ley. El centro de esta reunión era el arca santa, tipo de Cristo. La adoración y el gozo se expresan por el ofrecimiento de holocaustos y sacrificios.