Capítulo 9
La artimaña de los habitantes de Gabaón
Mientras el pueblo de Dios obtiene su fuerza mediante la dependencia del Señor, el mundo busca la suya en la asociación. Su proverbio «la unión hace la fuerza» es la base de toda clase de agrupaciones, incluidas las religiosas. Observemos cómo en este caso todos los pueblos enemigos se conciertan “para pelear contra Josué e Israel” (v. 2). Cuando se trata de combatir la verdad, hombres circunstancialmente enemistados se unen para resistirla. Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se reconciliaron y se unieron contra Jesús “con los gentiles y el pueblo de Israel” (Lucas 23:12; Hechos 4:27).
Mientras se forma la conjuración, absorbiendo la atención de Israel, el enemigo lo sorprende mediante un hábil engaño. Cuando Satanás no logra sus fines ejerciendo la fuerza brutal, ensaya otros artificios. A menudo caemos en la trampa de las ventajas o los halagos, cuando descuidamos consultar al Señor (v. 14). El enemigo, detrás de sus agentes, ve con buenos ojos una cooperación con los hijos de Dios y sabe ser amable para engañarlos en cuanto a sus verdaderas intenciones (Esdras 4:2). Estemos alerta, porque semejante alianza es en primer lugar una desobediencia y luego una puerta abierta a muchas infidelidades (Éxodo 34:12, 15-16).
Mala sorpresa
Anteriormente, frente a Hai, el pueblo se consideraba bastante fuerte. En presencia de los gabaonitas también se creía bastante sabio. No sentía la necesidad de consultar a Jehová (v. 14).
¡Qué confusión cuando, demasiado tarde, se descubre la verdad! En adelante tendrán que soportar a esos cananeos; más tarde los volveremos a encontrar lamentablemente ligados a la historia de Israel (2 Samuel 21). Los gabaonitas explican por qué han obrado así. Y quizá nos preguntamos qué más hubieran podido hacer, excepto dejarse exterminar por los israelitas. Pues bien, el ejemplo de Rahab prueba que todavía estaban a tiempo para acercarse con fe, reconociendo su condición de enemigos, y colocarse bajo la protección del Dios de Israel, de cuyo nombre habían oído hablar (v. 9). Pero la gente de este mundo se asemeja a esos gabaonitas. Esperan librarse del juicio eterno vinculándose exteriormente al pueblo de Dios. Sin confesar su estado pecaminoso, sin valerse del beneficio de la pura gracia de Dios, quieren escapar de la ira divina que se acerca y obtener una seguridad para la muerte que temen. Así es como a diferencia de Rahab, quien llegó a ser la esposa de Salmón, príncipe de Judá (Mateo 1:5), los gabaonitas permanecen en la esclavitud: leñadores y aguadores.
