Capítulo 15
Acsa, una mujer de valor
Después de la adjudicación de la porción de Judá, he aquí otro ejemplo de una fe atrevida y valiente. Ocurre nuevamente en el seno de la familia de Caleb. A su lado, Otoniel su sobrino y Acsa su hija habían recibido un buen ejemplo. Día tras día, durante los numerosos años pasados en el desierto, habían podido oírlo, aplicando la instrucción de Deuteronomio 6:7, hablar del buen país que había visitado, del excelente fruto que de allí había traído. Día tras día también, habían podido ver su fidelidad y perseverancia en la marcha y en sus luchas para poseer ese país. Tales palabras y tal ejemplo han producido sus frutos. Otoniel y Acsa poco a poco han aprendido a amar a ese país de Canaán, centro de los pensamientos y afectos de su padre. Y, llegado el momento, aparece la fe. La de Otoniel se manifiesta tomando a Quiriat-sefer; la de Acsa, reclamando una porción suplementaria de la tierra de Canaán. Qué gozo para Caleb, quien había dicho a Josué: “Dame este monte” (cap. 14:12), oír a su hija pedirle: “Concédeme… dame también” (v. 19; comp. con Mateo 11:12). Con una formación tal y una mujer digna de él, Otoniel se calificará para ejercer más tarde las funciones de juez en Israel (Jueces 3:9-11).
Herencia de Judá y Efraín
El momento tan esperado ha llegado; Israel puede tomar posesión de su herencia. Judá es el primero en recibir su porción. Ciudad por ciudad, está detallada como para subrayar el interés que Jehová atribuye a cada parcela de su país. Quiera Dios que nosotros también tengamos una visión cada vez más amplia del pueblo de Dios, en particular para abarcarlo en nuestras oraciones.
¡Ay, desgraciadamente al final de cada delimitación vamos a encontrar una restricción, un pero! La victoria no es completa. Judá no logra arrojar a los jebuseos (v. 63). Hasta el reinado de David, estos conservarán una plaza fuerte en Jerusalén: la fortaleza de Sion (2 Samuel 5:6). Efraín no muestra más capacidad para desposeer al cananeo en Gezer (cap. 16:10). Sometidos a pagar un tributo servil, estos vencidos ¿no serán inofensivos? Todo lo contrario, tal como lo ha anunciado Moisés, constituirán trampas en medio de Israel, lo arrastrarán al mal y a la idolatría. Y nuestros propios corazones, queridos hijos de Dios, ¿por quién laten? ¿Toleramos en ellos a ciertos “enemigos” que no nos parecen peligrosos? Quizás incluso nos hemos acostumbrado a su presencia. ¡Que el Señor nos dé la suficiente valentía para juzgarlos, a fin de que él sea el único que reine en nuestro corazón! (Romanos 6:12-14).
