Josué
Josué

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 11

Conquista de la parte norte

En Gabaón la confederación de los reyes del sur fue hecha trizas (cap. 10). Ahora el norte del país se reúne en torno a Jabín rey de Hazor, un pueblo innumerable, para pelear contra Israel. “Todos estos reyes se unieron” (v. 5).

Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido,

anuncia el Salmo 2:2 hablando de los tiempos venideros.

Mas, ¿qué dice Jehová a Josué? “No tengas temor de ellos… entregaré a todos ellos muertos delante de Israel” (v. 6). Y la victoria es seguida por una destrucción que no perdona a nadie. Nos cuesta entender esos terribles juicios. ¿No somos los discípulos de un Maestro que nos recomienda: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen…”? (Lucas 6:27). ¿No somos los hijos de un Padre que exhorta: “Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber”? (Romanos 12:20). Pero si hay un tiempo para la gracia (que es el nuestro), habrá igualmente un tiempo para la ira. Esta última alcanzará a todos los que hayan rechazado la gracia. El juicio sobre los cananeos, ocurrido después de siglos de paciencia por parte de Dios (Génesis 15:16; Deuteronomio 9:5), es una solemne ilustración de ello.

Una lucha constante

Los enemigos que Israel acaba de combatir y de vencer representan a aquellos que hacen la guerra contra los cristianos, dicho de otra manera, Satanás y sus ángeles. Nuestra lucha es “contra principados… contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Muchas personas se imaginan que actualmente el diablo y los demonios están en el infierno. Pero la Biblia nos muestra a Satanás aún en alguna parte del cielo o paseándose en la tierra para fastidiar a los hombres (Job 1:6-7). Sin duda alguna, si somos creyentes, el enemigo no puede arrebatarnos nuestra salvación (Juan 10:28). Pero se esfuerza haciéndonos la guerra para impedir que disfrutemos nuestras bendiciones celestiales; intenta quitarnos el terreno que anteriores victorias nos han permitido ocupar. Por eso el mismo capítulo 6 de Efesios nos exhorta no solamente a combatir y a sobrellevarlo todo, sino también a mantenernos firmes. Además, en semejantes momentos la Palabra nos recuerda que somos los muy amados del Señor. Ella afirma que ni los principados, ni las potestades podrán separarnos del amor de Dios.

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó
(Romanos 8:37-39).