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¿Qué hacer?
¿Quedarse solo? Este pensamiento atrae a algunos. J. N. Darby escribió una vez: ¡Es más fácil para uno andar solo que tomar parte en las tristezas de la Iglesia de Dios en la tierra! Pero, el deseo del Señor es congregar a los suyos. Con pena, Él les dice en Juan 16:32: “Seréis esparcidos cada uno por su lado”. Pero ¡qué alegría en la noche de la resurrección!
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¿Quién forma parte de este Cuerpo?
1 Corintios 12:13 declara: Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres.
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¿Quién puede participar?
La “Cena” dominical pertenece al Señor. Él decide quién puede participar.
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La Iglesia del Dios viviente
¿Quién puede participar?
Puesto que el pan de la Cena habla también del solo cuerpo formado por todos los creyentes y puesto que la conjunta participación del pan es una expresión de nuestra unidad y comunión los unos con los otros, debería ser fácil contestar a la pregunta: «¿Quién puede con rectitud participar de la Cena del Señor?».
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¿Quiénes son esos cristianos?
Son hombres y mujeres que han venido a la cruz con sus pecados; personas que han encontrado en Jesús el perdón, la paz y la vida eterna. En ellas el Espíritu de Dios ha producido una vida nueva, la vida de Dios, por medio de su Palabra. No sólo llevan el nombre de cristianos, sino que verdaderamente han nacido de nuevo.
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The Mackintosh Treasury
“Real”
Consideremos ahora por un momento el tercer y último vocablo de nuestro tema. Es el término tan altamente expresivo: “real”. Pedro continúa diciendo: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio… para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (v. 9).
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La Iglesia del Dios viviente
Recomendación y comunión
¿Qué significó, entonces, el ayuno, la oración y la imposición de manos sobre Bernabé y Saulo? La imposición de manos ya se practicaba siglos atrás, como lo vemos en Génesis, en el caso de un padre o un abuelo que imponía las manos a sus hijos. Era una señal de recomendación a Dios de parte de uno que tenía conciencia de su comunión con Él y que, por lo tanto, podía contar con su bendición.
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La Iglesia del Dios viviente
Recordar lo que somos
Alguien ha dicho que «deberíamos acordarnos de lo que somos cuando hablamos de ejercer la disciplina». Esto es algo asombrosamente solemne. Lo veo así especialmente cuando reflexiono en que soy un pobre pecador, salvado por pura misericordia, aceptado sólo a través de Cristo, pero en mí mismo no hay nada bueno. Por lo tanto, eso de tomar la disciplina por mis propias manos es algo espantoso.
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Recursos y medios
Para ejercer realmente tales prerrogativas y dar este testimonio, la Iglesia aquí abajo –así como el creyente, que no está abandonado a sí mismo– se halla provista de todos los recursos que le da la gracia de Dios.
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The Mackintosh Treasury
Relación entre la Cena del Señor y la Pascua judía
Hay otro punto digno de atención en conexión con las circunstancias en que fue instituida la Cena del Señor, a saber, la relación que existe entre la Cena del Señor y la Pascua judía. “Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua.
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La Iglesia del Dios viviente
Resumen
Al concluir nuestro primer fascículo sobre lo que es la Iglesia del Dios viviente, volvemos a exponer algunos de los pensamientos principales que hemos tenido presentes durante el desarrollo de este tema.
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Resumen
Hemos visto que hay muchas necesidades que cubrir. Usted y yo podemos y debemos dar para ayudar a satisfacer estas necesidades. ¡Qué bendición y privilegio es poder participar en su obra de esta manera! Pero no por obligación, como era el caso del diezmo. Esto nos sujetaría a la ley. Por lo tanto, no podemos dictar ningún porcentaje fijo para ofrendar.
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¡“Retén firme lo que tienes”!
¿Acaso volveríamos poco a poco a lo que nuestros padres o nosotros mismos, hemos abandonado por ser malo? ¿Nos inclinaríamos hacia lo que no está establecido sobre «el firme fundamento de Dios»?
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Reunidos hacia el nombre de Jesús
Como lo notará cualquier lector atento, el evangelio según Mateo nos presenta al Señor Jesús como el rey que viene a su pueblo, Israel, para establecer su reino. En su genealogía se pone énfasis en que es hijo del rey David y el cap. 2 nos describe la adoración que los magos de Oriente tributan al rey.
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Reuniones convocadas y reuniones de asamblea
La asamblea puede reunirse por iniciativa de uno o de varios hermanos, a los que el Señor llama para dispensar a aquella una enseñanza, por medio de una predicación, de estudios o de pláticas (Hechos 11:26).
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La Iglesia del Dios viviente
Reuniones para el ministerio de la Palabra
Si nos basamos en 1 Corintios 14, vemos que es evidente el hecho de que la Iglesia apostólica tenía lo que podemos llamar «reuniones abiertas» para edificación, exhortación y consolación. Es decir, tenían reuniones en las cuales todos, a menos que hubiera alguna limitación en las Escrituras, tenían la libertad de edificar según les guiara el Espíritu de Dios.
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Reunirse en tiempos de ruina y apostasía
La Iglesia, considerada como la casa de Dios en la tierra, está siendo edificada por el Señor Jesucristo con “piedras vivas” (Mateo 16:18; 1 Pedro 2:4-7) y no tiene, por lo tanto, defecto alguno. ¿Cómo podría salir un edificio imperfecto de las manos del divino arquitecto?
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La Iglesia del Dios viviente
Romanos 16
En los muchos saludos de este capítulo vemos estrechos lazos entre los obreros de Grecia y los santos de Roma. En el versículo 16 tenemos la expresión: “Os saludan todas las iglesias de Cristo”, lo cual revela el mismo aspecto colectivo de las asambleas como se ve en Corintios y en Gálatas.
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La Iglesia del Dios viviente
Salgamos a Él
Deseamos poner de relieve que el acto de salir a Cristo es el lado positivo de esta separación del campamento. Este aspecto debe ser el verdadero motivo y el fin de nuestra separación del campamento. Sólo esto le sostendrá a uno en la senda negativa de separación con sus pruebas y angustias. Cristo, en todas sus bellezas, glorias y suficiencia debe ser la meta del corazón.
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Salgamos, pues, a él, fuera del campamento
En realidad no hemos sido llevados a cosas visibles, terrenales, ni a valores mundanos. El tiempo de servir en el Tabernáculo erigido por el hombre ha pasado. Las figuras han cedido su lugar a la realidad.
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“Santo”
Después de haber dado un vistazo al fundamento, fijémonos ahora en el edificio mismo que se levanta sobre él. Esto nos conducirá al segundo de nuestros tres vocablos tan importantes.
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Sardis
Pero, ¿qué diremos de Sardis? ¿Se trata de la Iglesia restaurada? Nada de eso. “Tienes nombre de que vives, y estás muerto” (cap. 3:1). Esta no es ninguna iglesia restaurada o reformada, sino algo muerto, a la que el Señor amenaza con venir como ladrón, en lugar de alentarla con darle “la estrella de la mañana”.
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La Iglesia del Dios viviente
Seguirle a Él
Cuando Jesús deseó llamar a doce apóstoles como sus siervos para llevar a cabo su gran obra, fue al mar de Galilea y allí sacó de sus labores de pesca a Simón, Andrés, Santiago y Juan. Les dijo: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres (Marcos 1:17).
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La Iglesia del Dios viviente
Segundo paso
Si el primer paso (el de ir a él y reprenderle estando los dos solos) es ineficaz, es decir, no le restaura ni le gana, ¿qué se debe hacer? No se debe abandonar la tentativa ni dar por sentado que el ofensor no tiene recuperación. Siempre existe la posibilidad de que los esfuerzos de quien procura ayudar hayan sido insuficientes.
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