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Pláticas sencillas
El discurso de Pablo en Mileto
El apóstol hizo llamar desde Mileto a los ancianos de la iglesia de Éfeso (v. 17) para exhortarlos a cuidar de ella, porque lo que lo ligaba a esta, como a las demás iglesias, no era solamente el hecho de que había trabajado allí mucho tiempo, sino el precio que ella tenía para el corazón del Señor.
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El encarcelamiento de Pedro
Mientras la obra del Espíritu Santo se extendía fuera de Judea y entre los griegos, Satanás desplegaba sus esfuerzos en Jerusalén para destruir a los cristianos. Para ello se servía del rey Herodes, nieto de Herodes el grande, el que había ordenado la matanza de los niños de Belén (Mateo 2:16). “En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.
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El endemoniado gadareno
En este capítulo nos encontramos con otro cuadro del ministerio de Jesús y del estado en que encontró al hombre, incapaz de dar fruto y bajo el poder del diablo.
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El endemoniado gadareno
Jesús y sus discípulos llegaron a tierra en la región de los gadarenos. Este lugar estaba en la ribera oriental del Jordán, al sur del lago de Genesaret. Allí encontraron a un endemoniado que estaba poseído desde hacía mucho tiempo.
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El endurecimiento del pueblo
El versículo 37 dice: A pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él.
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El envío de los doce apóstoles
En el capítulo 6 vimos que Jesús había escogido a doce discípulos a quienes llamó apóstoles, es decir enviados. Hasta este momento habían permanecido con su Maestro, luego Jesús los reunió para enviarlos a predicar el reino de Dios. Les dio autoridad sobre los demonios y el poder de sanar a los enfermos y lisiados.
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El envío de los doce discípulos
A pesar de la incredulidad de los de su tierra, Jesús no se dejó desanimar, y envió a los doce que había escogido para estar con él (cap. 3:13-19), para que en todo lugar la gente pudiera verse beneficiada con su presencia. También les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.
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El Espíritu Santo desciende sobre Cristo
Desde su morada celestial Dios contemplaba esta escena maravillosa, en la cual el objeto de sus delicias eternas, el Hombre de sus consejos, era confundido con los demás hombres y rehusaba toda distinción. Entonces, proclamó públicamente lo que distinguía a su Hijo. Y tras el bautismo
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El Esposo presente
¡Qué maravillosa gracia trajo Jesús a los pecadores! Quienes la recibían encontraban el gozo y la paz. Podemos hacernos una idea de la felicidad de esa compañía de pecadores sentados con Jesús a la mesa en casa de Leví, así como el gozo de los discípulos rodeando a su amado Maestro a quien habían esperado tanto tiempo.
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El Evangelio anunciado en Antioquía
Estos versículos reanudan el tema de la evangelización por medio de los que fueron dispersados en la persecución que se desató después de la muerte de Esteban.
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El Evangelio en la isla de Chipre
Como ya lo hemos notado, en este libro vemos constantemente la acción del Espíritu Santo. Él escoge a Bernabé y a Saulo, les encomienda una misión y los dirige a lo largo de su actividad.
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El fariseo y el publicano
En estos versículos el Señor mostró cómo el orgullo y la confianza en sí mismo se oponen al espíritu de gracia que es el gran tema de sus enseñanzas. En esta parábola, vemos a dos hombres que oraban en el templo, pero de manera muy diferente.
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El feliz comienzo de la Iglesia
Aquí vemos lo que caracterizaba esta Asamblea de creyentes en todo el frescor del principio, en medio de la cual el Espíritu Santo obraba con poder. Nada lo contristaba, al contrario de lo que sucede hoy en día a causa del triste estado de la Iglesia, que pronto abandonó su primer amor (Apocalipsis 2:4). Está escrito que ellos
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El final de Judas
La muerte de Jesús se decidió en el conciliábulo celebrado en casa de Caifás después de su arresto. Pero la asamblea formada por los principales sacerdotes y los ancianos debía ratificar oficialmente la sentencia. Por lo tanto, desde la mañana, este consejo se reunió para pronunciar la condena de Jesús. La Palabra no dice lo que se hizo con él después de su comparecencia ante Caifás.
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El gobierno del Padre
El gobierno del Padre incluye todos los hechos y los designios de amor y disciplina del Padre para con sus hijos: “Porque el Señor al que ama disciplina... Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
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El gozo del mundo y el gozo de los discípulos
Para que los discípulos pudieran gozar del ministerio del Espíritu Santo era necesario que el Señor los dejara y volviera a la presencia de su Padre. Sin embargo, lo volverían a ver poco después. “Todavía un poco” –dice– “y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre” (v. 16).
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El gran alboroto en Éfeso
No parece que haya habido grandes persecuciones durante la estancia de Pablo en Éfeso, pero el enemigo, que el poder de Dios había mantenido bajo su control hasta entonces, suscitó dificultades antes de su salida. Existía en Éfeso un templo dedicado a la diosa Diana, maravilloso en belleza y riqueza.
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El hermoso testimonio del ciego sanado
Los fariseos volvieron a llamar al ciego de nacimiento. Seguros de su curación, estaban dispuestos a atribuir el hecho a Dios, pero procuraban obligar a este hombre a pensar de Jesús como ellos. Él les había dicho: “Es profeta”. Esto ya era demasiado para ellos; querían que Jesús fuese considerado pecador.
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El Hijo del Hombre es Señor del sábado
Al principio de este capítulo, Jesús sigue mostrando que su presencia en gracia pone de lado todo lo que se relacionaba con Israel según la carne.
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El Hijo del Hombre glorificado
Cuando Judas hubo salido, Jesús dijo: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará.
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El Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza
Al ver grandes multitudes agolpándose alrededor de él, atraídas, sin duda, por los milagros que hacía, Jesús quiso sustraerse a su curiosidad, como a su admiración –puesto que su servicio se había terminado en medio de ellas–, y mandó pasar al otro lado del Jordán. Un escriba le dijo: “Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.
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El hijo mayor
Alguien había quedado fuera de la escena maravillosa que ofrecía el amor del Padre. Era el hijo mayor, el hombre honrado que se indignaba, con razón, por la conducta de su hermano, pero sin ninguna comunión con los pensamientos de gracia y de amor del Padre.
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El hijo pródigo
En la parábola del hijo pródigo, vemos el amor del Padre hacia el pecador que sigue su propio camino y la manera en que Dios, revelado como Padre, lo espera, y el gozo que experimenta al recibir al pecador perdido.
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El hombre esclavo del pecado
Cuando oyeron hablar de ser hechos libres, los judíos respondieron a Jesús: “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?” (v. 33). Estos desdichados, cegados por un odio implacable, afirmaban dos cosas insensatas para hombres que poseyesen un mínimo de inteligencia, pues decían que nunca habían sido esclavos de nadie.
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