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El hogar cristiano
El hogar fue establecido por Dios, y fue Su designio para la humanidad. Cuando Dios hizo a Adán y a Eva y los unió en santo matrimonio, mandándoles que fructificaran y se multiplicaran y que llenaran la tierra, instituyó la primera familia y el primer hogar (Génesis 1:27-28). Toda la estructura social humana descansa sobre la unidad de la familia. Y el hogar, la morada de la familia, bien sea una choza o una mansión, es la fortificación o el refugio de la comunidad. De ahí a que se diga con frecuencia: «El hogar es el baluarte de la nación». Sobre él descansa todo el edificio de la civilización. Si él desaparece, desaparece la nación, porque la nación no es sino un conjunto de individuos unidos por una relación de familia. Es evidente, pues, la importancia del hogar y de la vida familiar conforme a los pensamientos de Dios.
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El yugo desigual
“El amor de Cristo –dice el apóstol– nos constriñe” (2 Corintios 5:14). Este es el motivo más poderoso de todos. Cuanto más lleno esté el corazón del amor de Cristo, y cuanto más fijemos nuestros ojos espirituales en su bendita Persona, más buscaremos seguir sus huellas celestiales. Ahora bien, entre los numerosos obstáculos que se oponen a esta plena consagración de corazón a Cristo que yo deseo ardientemente para mí y para mis lectores, el yugo desigual, tal como lo veremos, ocupa uno de los primeros lugares.
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Tú y tu casa
El cristiano en el hogar
Hay dos casas que ocupan un lugar muy prominente en las páginas inspiradas: La casa de Dios y la casa del siervo de Dios. Dios atribuye una gran importancia a su casa, y justamente porque es suya. Su verdad, su honor, su carácter y su gloria están comprometidos en el carácter de su casa. Por tal motivo, es su deseo que la expresión de lo que Él es se manifieste con total claridad en lo que le pertenece.
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El hogar para Dios
Comenzamos nuestra meditación sobre el hogar cristiano recordando su institución por Dios mismo y vimos que el verdadero hogar cristiano es aquel en el que al Señor se le da su justo lugar, y donde las relaciones establecidas por él son mantenidas de acuerdo con su pensamiento y propósito, a fin de glorificarle.
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El matrimonio, la base del hogar
Ahora que hemos visto el lugar vital, ordenado por Dios, que el hogar ocupa en el sistema social, nos detendremos un poco en detalle en la honorable y santa institución del matrimonio, el cual fue dado por Dios como la base misma del hogar.
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El yugo desigual comercial
Consideremos ahora el yugo desigual en su aspecto comercial, tal como lo vemos en el caso de las sociedades comerciales. Si bien no presenta un aspecto tan serio como el que acabamos de considerar –pues en este compromiso uno puede librarse con mayor facilidad que en el conyugal–, no deja de ser un obstáculo al testimonio del creyente.
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El yugo desigual filantrópico
Solo nos resta considerar el aspecto filantrópico del yugo desigual.
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El yugo desigual matrimonial
Consideremos, primeramente, el yugo doméstico o matrimonial. ¿Qué pluma sería capaz de describir las angustias del alma, la miseria moral, así como las perniciosas consecuencias para la vida espiritual y el testimonio, que surgen del matrimonio de un creyente con una persona inconversa?
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El yugo desigual religioso
Al echar ahora una ojeada al aspecto religioso del yugo desigual, quisiera asegurarle a mi lector que no es de ninguna manera mi deseo herir los sentimientos de nadie describiendo las pretensiones de las diferentes denominaciones que veo alrededor de mí. No es esa en absoluto mi intención.
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Esposo y esposa
Las relaciones de nuestro círculo familiar deberían expresar y reflejar nuestras relaciones celestiales. Y esto se verificará en la medida en que ellas se vuelvan reales por el poder del Espíritu no contristado.
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Introducción
Nadie que tenga el sincero deseo de manifestar un carácter de discípulo puro y elevado, así como de promoverlo en sus hermanos, puede dejar de experimentar un sentimiento de grande tristeza y abatimiento al contemplar el cristianismo de nuestros días.
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Introducción
Hay dos casas que ocupan un lugar muy prominente en las páginas inspiradas: La casa de Dios y la casa del siervo de Dios. Dios atribuye una gran importancia a su casa, y justamente porque es suya. Su verdad, su honor, su carácter y su gloria están comprometidos en el carácter de su casa.
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La casa del creyente en el Antiguo Testamento
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La casa del creyente en el Nuevo Testamento
Tal vez se objete que todo lo que hemos dicho hasta ahora sobre este punto no respira más que la atmósfera del Antiguo Testamento, y que los principios y pruebas sólo han sido deducidos de allí.
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La familia y su cabeza
Hemos considerado la relación de esposo y esposa, de modo que llegamos ahora al círculo de la familia. Las Escrituras abundan en cuadros de la vida familiar para nuestro ejemplo e instrucción, y también para nuestra advertencia y amonestación.
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Madres
Si bien no conocemos exhortación o precepto alguno que en las Escrituras esté dirigido a las madres, hay muchas menciones de ellas en la Biblia y ejemplos abundantes para su instrucción en justicia y piedad.
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Padres
Hemos considerado al esposo en su carácter de cabeza de la casa, con su autoridad y responsabilidad como tal. Ahora le consideraremos en su carácter de padre en el círculo familiar.
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Siervos y amos
Habiendo considerado las relaciones entre esposo y esposa, entre padre, madre e hijos en el hogar cristiano, resta hacer lo mismo con la relación que existe entre siervos y señores; pero como esta relación no se da en todos los hogares, sólo la consideraremos brevemente.
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Su importancia, disposición y características
¡Qué dulces pensamientos despierta en la mente esa palabra «hogar», y qué maravillosa alegría hace brotar en todo corazón humano! Aun más precioso es el recuerdo del «hogar cristiano» para aquellos que han tenido el gran privilegio de tal ambiente, en el cual Dios fue honrado y reconocido como Cabeza de la casa.
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Abandono del orden de Dios
Vivimos días en los que los principios de Dios para la humanidad están siendo descartados, y en los que abunda el desorden y la corrupción, como sucede siempre que el hombre se aparta del orden de Dios. El amor libre, la infidelidad, el divorcio y todas las formas de obstinación están causando el naufragio de numerosas familias.
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Abraham y su casa
El segundo pasaje que quiero citar se refiere a la vida de Abraham.
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Afectos demasiado sagrados para tratarlos a la ligera
En estos días de moralidad decadente y liberalismo, resulta necesario decir que el trato entre jóvenes de ambos sexos, y también de los más maduros, que acostumbran a cortejar con diferente pareja cada vez que así lo desean, ciertamente no es de Dios.
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Algunas consideraciones finales
A menudo uno quisiera tener una regla general para cada uno de los diversos detalles de la administración doméstica. Alguien puede preguntar, por ejemplo, qué tipo de castigos, qué tipo de recompensas y qué tipo de entretenimientos debería adoptar un padre cristiano.
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Amos
Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos (Colosenses 4:1).
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