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El Evangelio, poder de Dios
El Evangelio es poder de Dios y no una simple doctrina o una regla de conducta para el hombre, como lo había sido la ley. Por eso es también para “todo aquel que cree”. Él no exige nada del hombre, sino que le otorga una salvación, cumplida en santidad y justicia, proveniente de Dios en forma directa y que manifiesta el poder de Dios.
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El Hijo de Dios tuvo que morir
Como lo hemos dicho frecuentemente, el fundamento de todo ello es la muerte y la resurrección de Jesucristo. Esta gloriosa obra de la redención es una vez más contrastada con la completa impotencia de la ley del Sinaí.
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El juicio de Dios será justo en cada caso
El apóstol habla seguidamente de las diferentes responsabilidades de los hombres. Todos ellos son responsables, pero el juicio de Dios será justo en cada caso, determinando la medida de la culpabilidad de cada uno según la magnitud de su responsabilidad. Había hombres sin ley (los paganos) y otros bajo la ley (los judíos).
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El misterio de Cristo y su Iglesia
El corazón del apóstol estaba lleno de lo que él llama “su evangelio” (ese misterio estaba sin cesar con todo su frescor en su alma) y ahora no puede hacer otra cosa que referirse a él aunque más no fuese brevemente.
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El nuevo hombre desea el bien, el viejo hace el mal
“Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (v. 15). La decepción es grande, ya que, en lugar de encontrar, después de su conversión, el alivio, la paz y el gozo, el pobre hombre debe descubrir que hay en él un poder del que no puede liberarse y que le impide cumplir el bien que querría hacer.
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El olivo y sus ramas
El apóstol, bajo la dirección del Espíritu, prosigue exponiendo su pensamiento. En la segunda mitad de este capítulo se vale de la imagen de un olivo y sus “ramas”.
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El paréntesis de los versículos 13 a 17
“Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado” (v. 13). La presencia de la muerte era la prueba irrefutable de que el pecado existía, puesto que la muerte es la paga del pecado. Un acto no configura un pecado solamente porque esté prohibido por la ley.
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El recuerdo de la misericordia de Dios para los judíos y los gentiles
En los versículos 8 a 13, el apóstol recuerda una vez más, brevemente, los grandes principios que constituyen el tema de esta epístola, ante todo el acceso de los paganos a los privilegios del Evangelio.
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El servicio inteligente
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (v. 1). Estas palabras nos llevan al capítulo 6 de la epístola, donde somos invitados a entregarnos nosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia (v. 13).
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El símbolo del lavamiento de los pecados
En casi todo el libro de los Hechos de los apóstoles, el bautismo está relacionado con la persona del Señor. Cuando se menciona por primera vez el bautismo en el capítulo 2:38, Pedro dice a los judíos: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados”.
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El tribunal de Dios y de Cristo
Antes de seguir adelante deseo detenerme un instante para considerar la palabra “tribunal”. Encontramos esta expresión en el versículo 10 y en 2 Corintios 5:10; en el primero en relación con Dios y en el segundo en relación con Cristo; pero ni en el uno ni en el otro está dicho que el creyente deba ser juzgado ante ese tribunal, pues ello significaría su condenación eterna.
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El valor actual del Antiguo Testamento
La cita del pasaje del Salmo 69 da oportunidad al apóstol para recordar el hecho tan importante de que Todas las cosas que se escribieron antes fueron escritas para nuestra instrucción.
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En Cristo hay esperanza para Israel
Israel se alejó de Dios, pero a pesar de todo puede volver a él. El mandamiento no es demasiado maravilloso, ni está demasiado alejado de él. No tienen necesidad de ir a buscarlo al cielo o más allá del mar; está muy cerca de ellos, en sus bocas y en sus corazones.
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En el camino al cielo
“No solamente esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones”. Aún no hemos llegado al final de nuestro viaje. Entre Egipto y Canaán está el desierto. Es verdad que él no forma parte del designio de Dios, pero debemos pasar por él para alcanzar la meta.
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En la carne no mora el bien
El apóstol desarrolla aun otro pensamiento desde el versículo 12 hasta el final del capítulo. Allí, por medio de las experiencias prácticas de un hombre convertido pero no liberado todavía, quien desea el bien y odia el mal, muestra de manera cautivadora cómo la ley en realidad solo conduce al hombre a la muerte, pero también cómo la gracia de Dios le da la liberación.
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Epeneto, María y otros
El apóstol, en el versículo 5, nombra a Epeneto, su “amado”. Esto indica que evidentemente existían particulares lazos afectivos entre él y aquel que era “el primer fruto de Acaya para Cristo”.
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Es hora de despertarnos
Y el apóstol da a continuación un nuevo motivo para que el cristiano sea fiel y vigilante: Esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada y se acerca el día (v. 11-12).
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Esperando el rescate de nuestros cuerpos
Y no solo la creación, “sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (v. 23).
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Esperanza para la creación sufriente
La creación suspira como consecuencia de la caída, la cual la puso bajo la servidumbre de la corrupción. Cuando el hombre, jefe de la primera creación, cayó, su suerte fue compartida por toda esta creación. Ignoramos cuán bella era antes de la caída, pero sabemos que, según la apreciación de Dios, todo “era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).
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Febe
La primera persona a la que Pablo nombra es una hermana, una sirvienta o diaconisa de la asamblea de Cencrea, uno de los tres puertos de Corinto, iglesia que conocemos por ser mencionada en Hechos 18:18. Esta hermana, llamada Febe, evidentemente había cumplido un servicio particular entre los santos de Cencrea y había sido de ayuda a muchos santos y al propio apóstol.
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Gracias doy a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro (v. 25).
Tales son las palabras que súbitamente salen de boca de aquel que poco tiempo antes estaba lleno de angustia y espanto. ¿Cómo se produjo esta maravillosa transformación?
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Jacob y Esaú
Ningún judío podía sustraerse al poder de este argumento. Si no, debía reconocer, como lo dijimos, a los descendientes de Ismael y de Esaú los mismos derechos que a los descendientes de Israel. Y se podría plantear esta objeción: la madre de Ismael era una sierva egipcia, una esclava, mientras que Isaac había nacido de Sara, la legítima mujer de Abraham; pero ¿y Rebeca?
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Justificados gratuitamente
“Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (v. 22-23). El hombre, después de su caída, fue echado del paraíso por la gloria de Dios, y desde entonces su historia no denota más que pecado y un progresivo alejamiento de Dios.
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La cena del Señor
Porque yo recibí del Señor lo que también os entregué: que el Señor Jesús, la misma noche en que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed. Esto es mi cuerpo, que por vosotros es partido. Haced esto en memoria de mí.
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