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Prefacio

Estas series de preguntas frecuentes se dirigen principalmente a creyentes que aún son jóvenes en la fe, los cuales, si bien se formulan muchas preguntas, a menudo no tienen acceso a una enseñanza bíblica concisa. Esta obra busca suplir, en alguna medida, estas necesidades, procurando presentar la mayor cantidad posible de verdades con un mínimo de palabras.

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Prólogo

Las fiestas de Jehová, como están expuestas en Levítico capítulo 23, eran “fiestas solemnes”, es decir, tiempos fijados para acercarse a Dios y presentarle sacrificios (v. 37). Según el pensamiento divino, no eran fiestas del pueblo, sino “las fiestas solemnes de Jehová”, santificadas para él y para su gloria.

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Prólogo

En la Palabra no poseemos un texto continuo sobre la vida de Timoteo, como sí lo tenemos sobre David, José, Daniel y otros. Tampoco ocupa un largo espacio en el Nuevo Testamento, donde es mencionado veinticuatro veces en el libro de los Hechos y once en las epístolas, de las cuales dos van dirigidas a él.

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Reunidos en asamblea

La Palabra reconoce ocasiones en que la Iglesia como tal está reunida en la presencia del Señor, teniendo fe en Su promesa: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Estas reuniones tienen cuatro caracteres:

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Salvados

El Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido (Mateo 18:11). El pastor que tanto buscó a su oveja, ¡con qué gozo puede decir, al volver a su casa: “Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”! (Lucas 15:6).

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Unidos a Cristo

En nuestro primer capítulo, relativo al tema de la salvación, vimos la gracia de Dios por nosotros. En el segundo capítulo, que trata sobre la familia de Dios, vimos lo que él hace de nosotros. Y ahora, en cuanto a nuestra unión con Cristo, veremos Su obra en nosotros.

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Unidos en un solo cuerpo

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1. El principio del “remanente”

Cuando Israel hizo el becerro de oro, la justicia de Dios hubiera tenido que destruir al pueblo. Sin embargo, respondió a la intercesión de Moisés y lo perdonó.

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1. Estar dispuesto a orar

En el Salmo 32:6 leemos: “Orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado”. Si solicitamos audiencia ante un personaje importante, a veces es necesario esperar mucho tiempo para ser recibidos.

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2. El principio según el cual lo que es de Dios subsiste

Hemos visto que si la casa de Dios confiada al hombre ha sido arruinada, no ocurre lo mismo con el cuerpo de Cristo constituido por todos los rescatados. Este, a los ojos del Señor y para la fe, subsiste hoy como en los primeros días.

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A la edad de doce años

No nos es dicho nada acerca de su vida en Nazaret. Es llamado “el hijo del carpintero” (Mateo 13:55), e incluso “el carpintero” (Marcos 6:3), precisando así cuál era su ocupación.

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¿A qué conclusión llega el capítulo 7?

A una conclusión que presenta dos aspectos. En primer lugar, la persona ha aprendido mediante su experiencia que no puede hacer nada bueno por sí misma, que no hay nada bueno en la carne (Romanos 7:18).

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¿A qué se refiere la expresión “el día del Señor”?

La expresión “el día del Señor”a se usa en la Biblia para describir un

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Abraham

No vamos a considerar toda la historia del patriarca, sino el fruto producido por la disciplina de Dios en su vida familiar. El llamamiento a Abraham fue claro: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). Sin embargo, Abraham se apartó de la instrucción divina:

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Aceptado para expiación suya

Aquel que se acercaba a la puerta del tabernáculo de reunión, consciente de no estar limpio en sí mismo para la presencia de Dios, estaba provisto de una ofrenda perfecta. En virtud de ella, se atrevía a acercarse para ser aceptado “delante de Jehová” (Levítico 1:3-4). Aquí no se trata de perdón de pecados ni de purificación.

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Actitud exterior

“Entra en tu aposento”, dijo el Señor Jesús en Mateo 6:6, y “ora a tu Padre que está en secreto”. 2 Reyes 4:1-6 nos da un ejemplo. Solos en su pobre habitación, la madre y sus dos hijos recogían vasijas vacías. Solo eran tres los que estaban allí, sin embargo había otra Presencia. En su angustia esa madre había clamado a Eliseo. ¿Cómo salvar a sus hijos de los acreedores?

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Actitud moral

¿Con qué actitud interior debemos acercarnos a Dios? Primeramente con respeto y reverencia. Lo vemos en Eclesiastés 5:2: “Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra”. Y aunque él se reveló a nosotros como Padre, siempre tengamos presente en la mente y en el corazón la grandeza de Aquel a quien nos dirigimos.

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Adonai

El Señor, el Amo, se encuentra cuatrocientas veintisiete veces en el Antiguo Testamento, algunas de ellas en forma compuesta: Señor Jehová (Génesis 15:2, 8; Daniel 9; etc.)

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Adoradores

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. La adoración es la más alta función que los creyentes puedan cumplir en la tierra y la única que continuará en el cielo (Juan 4:23; Apocalipsis 5).

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¿Afirma la Biblia que ella es la Palabra de Dios?

Por supuesto que sí. La frase “Así dice el Señor”, y otras similares, aparecen cerca de 700 veces solo en el Pentateuco. Además se encuentra •   400 veces en los libros históricos, •   cerca de 400 veces en los profetas. •   Solo en el libro del profeta Isaías ¡aparece unas 150 veces!

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Agar

De Egipto, Abraham no solamente había traído recuerdos, sino también a “una sierva egipcia” (cap. 16:1), que había sido introducida en la intimidad de su familia. He allí el peligro. Posiblemente se tenga en un hogar, por un tiempo, a alguna jovencita no creyente para el servicio doméstico, pero esto no es lo mismo.

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Agradecer y adorar

El incrédulo no da gracias a Dios (Romanos 1:21), mientras que las primeras palabras de un recién nacido en la fe son: Gracias, Señor. “Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Colosenses 1:12).

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Ahora que, por gracia, formo parte de la familia de Cristo, ¿puedo continuar pecando?

No. La gracia jamás es una excusa para pecar (véase la próxima respuesta).

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Ana

Aquí no se trata de Ana la profetisa, nombrada en Lucas 2:36-38. Ella también es un ejemplo notable de una mujer de oración, quien, avanzada en edad, servía noche y día con ayunos y oraciones. La oración es, pues, un servicio confiado tanto a las hermanas como a los hermanos, a los jóvenes como a los ancianos. No se necesita un don particular para ejercerla.

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