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Versículos 2-3
En estos versículos, el apóstol habla en resumen de lo que es el andar digno de nuestro llamamiento. Si cuando andamos lo hacemos conscientes de nuestros privilegios, como representantes de Cristo y manteniéndonos en la presencia del Espíritu, manifestaremos estos siete caracteres: humildad, mansedumbre, longanimidad, la cualidad de soportar, amor, unidad y paz.
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Versículos 26-27
Él obra, en su amor, a fin de presentarse a sí mismo, muy pronto, “una iglesia que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”.
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Versículos 27-32
Se nos previene que si obramos según la carne, ya sea al airarnos o de alguna otra manera, damos lugar al diablo. Pedro, a causa de su confianza en sí mismo, dio lugar para que el diablo lo hiciera negar al Señor.
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Versículos 28-30
Después de haber presentado de manera tan bendita la verdad referente a Cristo y la Iglesia, el apóstol vuelve a dar exhortaciones prácticas. Los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos, porque ambos están unidos en uno de manera tan real, que el marido puede considerar a su mujer como si fuera él mismo.
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Versículos 31-32
El marido que ama a su mujer se ama a sí mismo y dejará otras relaciones para unirse a su mujer. El apóstol cita el Génesis, pero establece expresamente que es un gran misterio “respecto de Cristo y de la iglesia”. Cristo, como Hombre, abandonó toda clase de relación con Israel según la carne para adquirir a su Iglesia.
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Versículos 3-4
Para que pudiésemos recibir la gran verdad que concierne a la Iglesia, basados en la autoridad divina, el apóstol explica cuidadosamente que adquirió el conocimiento del “misterio” de la Iglesia no mediante comunicaciones de hombres, sino por directa revelación de Dios, por lo cual dice: “Por revelación me fue declarado el misterio”.
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Versículos 4-6
Naturalmente surge una importante pregunta: ¿cuál es el pensamiento del Espíritu, que debemos esforzarnos en guardar? Tenemos la respuesta en los versículos 4 a 6. El pensamiento del Espíritu se nos presenta en estas siete unidades: un cuerpo, un Espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo y un Dios y Padre de todos.
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Versículos 5-9
Para que el siervo cristiano obedezca a un amo terrenal, es necesario que tenga un corazón recto para con Cristo. Podrá servir “de buena voluntad” a su amo terrenal, únicamente si lo hace como siervo de Cristo, buscando de corazón hacer la voluntad de Dios. Lo que haga de buena voluntad para el Señor, tendrá su recompensa.
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Versículos 8-10
En segundo lugar, en otro tiempo éramos tinieblas, mientras que ahora somos luz en el Señor. Esto no significa simplemente que estábamos en la oscuridad, sin conocer a Dios, sino que nos caracterizábamos por tener una naturaleza que es tinieblas, la cual se complace en todo lo que es contrario a Dios.
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Versículos 8-9
Todo se llevará a cabo por la gracia de Dios, y toda bendición que gozamos es don de Dios. Incluso la fe por medio de la cual recibimos la salvación es don de Dios. Las obras del hombre no hallan cabida para asegurarse esta bendición; todo es de Dios y, por consecuencia, no hay lugar para la vanagloria del hombre.
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Versículos 8-9
Aquí vemos no solamente que Dios nos ha destinado para la bendición en la que seremos introducidos en el futuro; y no solamente que poseemos la redención de nuestras almas y el perdón de los pecados según las riquezas de su gracia, sino también que esta misma gracia abundó para con nosotros a fin de que en el presente podamos tener el conocimiento de Su propósito.
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Versículos 9-10
Estos dos versículos son parentéticos y se introducen para demostrar la grandeza de la victoria de Cristo. En la cruz Él descendió hasta el lugar más bajo en que el pecado puede colocar a un hombre. Y desde ese abismo donde, como Sustituto, fue hecho pecado, subió al lugar más elevado en el que un hombre puede ser colocado: la diestra de Dios.
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Versículos 9-11
La predicación del Evangelio daba lugar a la segunda parte del servicio de Pablo, el cual consistía en aclarar a todos el misterio, en dar a conocer a todos los hombres de qué manera, de eternidad a eternidad, se lleva a cabo el designio de Dios en el curso del tiempo mediante la formación de la Iglesia en la tierra, y así revelar lo que hasta entonces había permanecido escondido en Dios desde
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The Mackintosh Treasury
“Viva”
Tenemos primero el vocablo “viva”. “Allegándoos a él, como a piedra viva, rechazada en verdad de los hombres, mas para con Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sois edificados” (1 Pedro 2:4-5, V. M.).
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Volveos e id…
“Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Habéis estado bastante tiempo en este monte. Volveos e id al monte del amorreo y a todas sus comarcas, en el Arabá, en el monte, en los valles, en el Neguev, y junto a la costa del mar, a la tierra del cananeo, y al Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates” (v. 6-7).
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Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho
Volvamos ahora nuestra atención sobre la aplicación práctica de estas verdades a la conciencia de cada miembro de la congregación.
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“Y Aarón calló”
Hay algo extraordinario en el modo en que Aarón recibió el rudo golpe de la justicia de Dios: “Y Aarón calló” (v. 3). Era una escena solemne.
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Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí
¿En qué situación estamos ahora como cristianos? Oigamos la respuesta: “Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios.
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“Yo soy el que soy”
“Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros” (v. 14). El título que Dios toma aquí es maravillosamente significativo. Escudriñando en las Escrituras los diversos nombres con que Dios se revela, vemos que cada uno de ellos está en relación íntima con las distintas necesidades de aquellos con quienes Dios se pone en relación.
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“Yo soy tu escudo y tu galardón”
Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (v. 1). Dios no permitió que su siervo sufriera pérdida alguna por haber rechazado las ofertas del mundo.
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Yo y mi casa
Después de recordar al pueblo los diez mandamientos, Moisés le enseñó otros estatutos de parte de Dios: “Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu
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Zabulón e Isacar
“A Zabulón dijo: Alégrate, Zabulón, cuando salieres; y tú, Isacar, en tus tiendas. Llamarán a los pueblos a su monte; allí sacrificarán sacrificios de justicia, por lo cual chuparán la abundancia de los mares, y los tesoros escondidos de la arena” (v. 18-19).
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The Mackintosh Treasury
Zofar y el legalismo
Consideremos ahora brevemente la primera parte del discurso de Zofar naamatita:
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