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Pláticas sencillas
La higuera seca
El día siguiente, cuando Jesús y los suyos se dirigían a Jerusalén por el mismo camino, los discípulos vieron que la higuera estéril se había secado desde la raíz. Recordando lo que había sucedido, Pedro dijo a Jesús: “Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado” (v. 21).
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La higuera sin fruto
“Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos”.
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La hija de Jairo
Habiendo sido expulsado de la tierra de los Gadarenos, Jesús volvió a la otra orilla, donde inmediatamente lo rodeó una gran cantidad de gente. Desde el principio de su ministerio en este evangelio lo vemos constantemente rodeado de multitudes, a las cuales servía con dedicación, siempre dispuesto a responder al llamado de la fe.
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Pláticas sencillas
La hora actual
Acabamos de ver que la tercera cosa que obtiene la fe es pasar de la muerte a la vida. En el versículo 25 el Señor dice cuándo puede tener lugar este cambio: De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.
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La hora de la muerte
Lo que acababa de suceder colocaba ante Jesús la terrible muerte que iba a padecer. Exclama: Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre (v. 27-28).
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La hora venidera
Después de la hora actual de la gracia, en la cual los que oyen la voz del Hijo de Dios están vivos, viene otra hora: la de la resurrección de todos los que están en los sepulcros.
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La impotencia de los discípulos para sacar un demonio
Durante la maravillosa escena de la transfiguración, sucedía otra muy diferente entre la multitud y los discípulos. Estos, enfrentando el poder de Satanás, no podían expulsar un demonio que atormentaba cruelmente a un joven.
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La incredulidad de Zacarías
Después de haber pasado mucho tiempo suplicando al Señor que le diera un hijo, Zacarías no podía creer el mensaje que el ángel le dio. Preguntó como podrían tener un hijo si él y su mujer ya eran ancianos. Olvidaba que aquel a quien había orado era Dios, y que Él cumple lo que quiere, sin importar los medios que desea emplear.
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La institución de la Cena
Mientras estaban sentados a la mesa, Jesús, preocupado por los suyos, instituyó el memorial de su muerte. Estaban comiendo la última pascua.
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La intervención de los jefes religiosos
La curación del lisiado y el discurso de Pedro no tardaron en llamar la atención de las autoridades religiosas. Es la primera vez que las vemos en contacto con los apóstoles, o más bien con el poder del Espíritu Santo.
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La invitación a la gran cena
Uno de los invitados, después de oír lo que Jesús enseñaba, le dijo: “Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios” (v. 15). En efecto, será dichoso; pero Jesús respondió mostrando cómo los hombres, y en primer lugar los judíos, respondieron a la invitación divina. Comparó a Dios con un hombre que hizo una gran cena y convidó a mucha gente.
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La lámpara del cuerpo
Después de haber dicho que en medio de los judíos había uno más grande que Jonás y que Salomón, Jesús añadió: “Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz” (v. 33). Esta lámpara era el Señor que había venido al mundo; él era “la luz del mundo” (Juan 8:12).
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La levadura
“El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado”. Esta es otra forma de mal que caracteriza al reino. La levadura es emblema de la falsa doctrina introducida en el reino, desde el principio, y que penetró en la masa corrompiendo la enseñanza divina.
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La levadura de los fariseos
A pesar de la oposición de los jefes del pueblo, las multitudes se reunían por miles en torno a Jesús, a tal punto que los asistentes se atropellaban unos a otros. Sin embargo, es a sus discípulos a quienes Jesús se dirige. Les da las instrucciones necesarias para el cumplimiento de su servicio después de su partida.
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La levadura que se debe evitar
Jesús advirtió a sus discípulos contra los principios de los fariseos y de Herodes: “Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes”(v. 15). La levadura es el símbolo de una doctrina corruptora.
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La ley mantenida y superada en el reino
En lo que resta del capítulo 5, el Señor mantiene las exigencias de la ley respecto de uno mismo, en tanto que se aplican los principios de la gracia a los otros. Muestra que cualquiera que quebrante la ley sufrirá las consecuencias de tal conducta. Si Jesús trajo la gracia y la revelación del Padre, no lo hizo disminuyendo las exigencias de la naturaleza divina.
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La liberación de Pedro
“Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme.
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La liberación milagrosa de los apóstoles
Al ver que el pueblo alababa grandemente a los apóstoles y que su influencia se extendía a las ciudades aledañas, desde donde traían a los enfermos a Jerusalén, el sumo sacerdote y los saduceos que lo rodeaban sintieron grandes celos y encarcelaron a los apóstoles. Ellos veían disminuir su prestigio entre el pueblo y querían conservarlo a cualquier precio.
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La llegada a Malta
Los náufragos supieron que la isla se llamaba Malta (v. 1). Fueron bien recibidos por los nativos del lugar, quienes les encendieron un gran fuego para que se calentasen y secasen sus vestidos, porque hacía frío y seguía lloviendo (v. 2). Pablo no permaneció inactivo. Fue a recoger ramas secas para alimentar el fuego y mientras una víbora, queriendo huir del calor, se le prendió de la mano (v.
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La madre y los hermanos de Jesús
La madre y los hermanos de Jesús según la carne, son figura del pueblo judío con el cual el Señor ya no podía tener relación. En los versículos anteriores, Jesús mostró cómo trabajaba para obtener un pueblo que llevara fruto. Ahora reconoce como su familia solo a aquellos que escuchan su palabra y la ponen en práctica.
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La madre y los hermanos del Señor
Cierto día, mientras Jesús hablaba a las multitudes, vinieron a decirle que su madre y sus hermanos querían hablarle. Pero él respondió: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre”.
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La misión de los doce apóstoles
Al final del capítulo anterior, Jesús dijo a los discípulos que rogaran al Señor de la mies a fin de que enviara obreros a su mies. Aquí, él mismo los envió. Pues, a pesar de su humillación, él era el Señor de la mies, el Señor de todo. Se revelaba como tal anunciando a su pueblo que el reino de los cielos se había acercado.
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La moneda perdida
La parábola de la mujer que buscaba una moneda que se le había perdido, presenta una vez más el amor de Dios para con el pecador perdido. Aquí otra vez, toda la actividad proviene del que busca, pues es imposible que una moneda vuelva sola de su extravío.
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La muerte de Esteban
Al ver pasar delante de sus ojos el cuadro espantoso aunque real de su propia historia, los judíos “se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él” (v. 54). Nada exaspera tanto al hombre como oír la verdad sobre lo que él es, sin que sea tocado por la gracia de Dios. ¡Qué contraste entre estos hombres y la samaritana!
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