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La liberación del poder del pecado
Querido amigo: De modo que tu conciencia ha encontrado la paz en la obra cumplida por Cristo. Has confesado tus pecados ante Dios y también has creído lo que Dios dice del Señor Jesús y su obra. Ahora sabes que nunca entrarás en juicio, y puedes decir: «¡Todos, absolutamente todos mis pecados han sido borrados por su sangre!».
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La libertad cristiana
Examinemos ahora la libertad cristiana en la cual Cristo nos ha colocado.
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La Mesa del Señor
Queridos amigos: En mi carta anterior vimos lo que la Palabra de Dios dice en los evangelios y en 1 Corintios 11 acerca de la Cena del Señor. Vimos que es una comida para recordar la muerte del Señor Jesús. Ahora quisiera hablar sobre otro aspecto de la Cena del Señor: la comunión (1 Corintios 10).
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La oración
Queridos amigos:
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La santificación
Queridos amigos:
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Las diferentes formas de oración
Es importante considerar cómo oramos, pero también el contenido de nuestras oraciones. Una vida de oración equilibrada comporta diferentes facetas. En primer lugar:
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Pensamientos sobre la oración
Orar es hablar con Dios, con la libertad de un hijo ante su padre y el santo temor de un mortal delante de Dios. A. Monod La oración es un privilegio muy grande. “He tenido el atrevimiento de hablar al Señor, yo que soy polvo y ceniza” (Génesis 18:27, V. M.). Abraham Todo es más fácil cuando uno ora. Palabras de un niño
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¿Por qué tenemos que convertirnos?
Querido amigo: Me preguntas por qué tenemos que convertirnos, y qué es realmente la conversión.
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Práctica de la oración
Tratemos ahora de identificar algunos de los obstáculos a la oración y los recursos para superarlos.
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A la imagen y semejanza de Adán
Génesis 5 habla de modo muy claro sobre este punto. En el versículo 1 leemos que Dios creó al hombre a su semejanza. Pero, cuando en el versículo 3 Adán engendró un hijo, este fue hecho conforme a su propia semejanza, y a su propia imagen. Es decir, conforme a la semejanza de un pecador culpable, una criatura caída lejos de Dios.
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A menos que el hombre naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios
Aquí el Señor Jesús habla del reino tal como era revelado en aquella época. Pronto, cuando sea manifestado ese reino en gloria, toda la tierra lo verá. Pero ahora, en lo que llamaré el carácter cristiano del reino, tal como está representado en tantas parábolas, impera otra situación.
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¿A quién debemos orar?
Cuando oramos es importante saber a quién nos dirigimos. Cristo descendió del cielo para darnos a conocer a Dios como nuestro Padre (Lucas 11:2; Mateo 11:27; Juan 17:26). Desde entonces podemos dirigirnos a Dios como un hijo habla a su padre, en una comunión íntima y feliz.
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Adoración en espíritu y en verdad
“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24).
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Amé a Jacob, mas a Esaú aborrecí
Estas palabras de Romanos 9:13 también suelen ser utilizadas de modo especial como prueba para la enseñanza del rechazo. Quien lo hace confunde los dos versículos: el 12 y el 13. El versículo 12 cuenta lo que Dios realmente dijo cuando los niños aún no habían nacido, pero no antes de la fundación del mundo, como se dice de nosotros en Efesios 1:4.
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Bautizados en el Señor Jesús crucificado
En 1 Corintios 10:2 se nos aclara el significado de «bautizar en», que quiere decir estar unido a alguien, ser puesto en la misma posición. Los israelitas fueron bautizados en la nube y en el mar en Moisés. Del mismo modo, nosotros somos bautizados en el Nombre del Señor Jesús (Hechos 19:5), pero no somos bautizados en un viviente y glorificado Señor en el cielo.
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¿Cómo sé que estoy totalmente arrepentido?
¿De qué dependía que yo hubiera tardado tantos años en tener la paz? Sin duda, uno de los motivos había sido que mi sentimiento de culpabilidad y mi conciencia del pecado eran demasiado pequeños. No es que Dios establezca una medida y no perdone cuando nuestra conciencia de pecado y nuestro arrepentimiento no alcanzan esta medida.
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Con amor y fe
La oración tiene su origen en un llamamiento de Dios. No somos nosotros los que tomamos la iniciativa para orar, es Dios quien nos llama a orar. Orar es, pues, una gracia que Dios nos concede. Dios no cesa de dirigirse hacia nosotros y nos invita a ir a él y amarlo.
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Con el corazón y el entendimiento
Cuando oramos, debemos hacerlo con el corazón (Marcos 7:6). No se trata de caer en el sentimentalismo, sino de expresar las necesidades reales y sentidas. Las palabras no siempre expresan lo más profundo de nosotros mismos, incluso pueden encubrir una negativa de abrirse a Dios. Uno no ora con las ideas, sino con su persona. No con lo que uno sabe, sino con lo que vive.
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Condiciones favorables para la oración
La sobriedad y el ayuno: privarse para estar más disponible para Dios Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto (Mateo 6:6).
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Condiciones para ser oído
En Juan 15:7 el Señor dice: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
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Conforme a la imagen y semejanza de Dios
En Romanos 5:12-21 encontramos el motivo por el cual tenemos esta naturaleza pecaminosa: porque todos somos descendientes de Adán.
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Conscientes de nuestra necesidad
Una de las primeras condiciones para orar es ser conscientes de nuestra necesidad. Aquel que dice: “Yo soy rico… y de ninguna cosa tengo necesidad” (Apocalipsis 3:17), no siente la urgencia de invocar a Dios. En cambio, el creyente que se da cuenta de su pobreza espiritual se acerca voluntariamente al Padre.
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Cristo como nuestro Sumo Sacerdote
La epístola a los Hebreos nos presenta estas cosas. Allí vemos al cristiano como peregrino y forastero. Está de viaje hacia la gloria (cap. 11:40), pues tiene un “llamamiento celestial” (cap. 3:1). Pero ahora todavía está en el desierto, en medio de todas las dificultades y peligros inherentes a este. Luego se nos presenta al Sacerdote.
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Cristo nuestro abogado
La palabra griega “parakletos”, que aquí se traduce por “abogado”, aparece solamente en Juan 14, 16, y en esta cita. Allí es traducido por “Consolador” y se aplica al Espíritu Santo.
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