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¿Cuándo y con qué frecuencia debemos celebrar la Cena del Señor?
En la eternidad alabaremos y adoraremos al Cordero en todo momento. En los bendecidos primeros días de la Asamblea, los creyentes celebraban la Cena del Señor diariamente (Hechos 2:46). Pero como más tarde las circunstancias cambiaron, de modo que ya no podían reunirse todos los días, lo hacían el primer día de la semana.
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Dios endurece a algunos hombres
El versículo 17 es una cita de Éxodo 9:16. Dios dijo a Faraón que endurecería su corazón para manifestarle todo Su poder. Pero primero debemos leer lo que había ocurrido antes. En Éxodo 5:2 Faraón dice: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel”. Luego agravó la servidumbre del pueblo (cap. 5:18).
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Dios es libre de actuar como desea
En Romanos 9:19-21 esta cuestión se trata de modo muy general. ¿No tiene Dios el derecho de hacer con sus criaturas lo que quiere? Tendría derecho a hacer de un hombre un vaso para honra y de otro un vaso para deshonra. ¿Puede la cosa creada tener por responsable al Creador y pedirle cuentas? Dios, como Creador, tiene el derecho de hacer con sus criaturas lo que le plazca.
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Dios es luz y no hay tinieblas en él
Esta comunión con el Padre y con su Hijo solo puede realizarse evidentemente si estamos en armonía con la naturaleza de Dios. Dios es luz. Por lo tanto, hemos de estar en la luz para tener comunión. En otro tiempo éramos tinieblas, pero ahora somos luz en el Señor (Efesios 5:8).
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Dios sabía quiénes éramos nosotros
Ahora dices: «No compruebo ningún cambio. Hago aun más cosas equivocadas que antes». Creo que ahora ves muchos más pecados en ti que antes. Eso no puede ser de otra manera, pues el Espíritu Santo te ha iluminado los ojos, pero cuando viniste a Dios, él ya te conocía. Conocía tu corazón, tu vida, todos los pecados que habías cometido y los que cometerás en el futuro.
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¿Dónde debemos adorar?
Sin duda alguna, cada creyente debe adorar personalmente. ¿Cómo podemos contemplar la obra del Señor Jesús, el amor y la bondad del Padre, sin dar gracias y alabar? Pero estas cosas las tenemos juntamente con todos los hijos de Dios, lo que nos conduce espontáneamente a la adoración en común.
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El alimento para la nueva vida
La Palabra de Dios también es el alimento para la nueva vida. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca (Salmo 119:103).
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Él aprendió la obediencia
Él sabe lo que para nosotros significa obedecer a Dios mientras vivimos en un ambiente hostil a Dios, puesto que aprendió la obediencia (Hebreos 5:8). Nunca había obedecido, pues era el Dios Altísimo. Pero como hombre en la tierra, aprendió lo que era la obediencia. Él dice: “Despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios.
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El carácter exclusivo de la Cena del Señor
Hemos visto que solo los verdaderos creyentes pueden participar en la Cena del Señor. En otras citas, como en 1 Corintios 5 y en la segunda epístola de Juan, se mencionan algunas cosas por las cuales ciertas personas, reconocidas como verdaderos creyentes, están impedidas para tomar parte en dicho acto.
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El cristianismo lleva un carácter eterno
Estos versículos todavía queda una importante conclusión que sacar: Dios nos escogió en Cristo “antes de la fundación del mundo”. Esta elección es fuera del tiempo, se remonta aun desde antes de que el tiempo haya empezado; es para la eternidad y no para esta tierra.
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El cuerpo de Cristo, la Iglesia
Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan (1 Corintios 10:17).
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El estado intermedio
El estado del alma después de la muerte no es más que un estado intermedio, digno del mayor aprecio, desde luego, para el cristiano, pero que no deja de ser transitorio, no definitivo. Por esto, la Escritura habla relativamente poco de dicho estado, aunque nos informa acerca de las bendiciones que se desprenden de él.
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El Hijo del Hombre que está en el cielo
En los versículos 11 y 13 del capítulo 3, el Señor muestra el maravilloso secreto de su persona: es el Hijo del Hombre que está en el cielo. Juan 1:1 nos dice que él es Dios mismo, el Eterno. Pero en el versículo 14 está escrito: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Dios y hombre en una persona, ¡qué misterio!
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El Hijo del Hombre tuvo que ser levantado
A partir del versículo 12, el Señor empieza a hablar sobre cosas celestiales, adelantando otra necesidad a un primer plano. El Hijo del Hombre que está en el cielo conoce la gloria del cielo, la morada de Aquel que “es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Juan 1:5). Y si los hombres han de entrar en la gloria, primero debe resolverse la cuestión del pecado.
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El hombre es pecador
Esta es una horrible verdad. Muchas personas no piensan en ella, y aun hay quienes la niegan. Pero, ¿estarán convencidos de lo que afirman? Un hombre sincero debe reconocer que con frecuencia comete errores.
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El lavamiento de los pies
La noche en que el Señor “fue entregado”, presentó este servicio por medio de un acto simbólico. Su deseo era instituir la Cena, el símbolo de la comunión del Salvador muerto con todos los miembros del cuerpo de Cristo (Mateo 26:26-29; 1 Corintios 10:16-17). Pero, ¿cómo podía haber comunión entre los discípulos manchados prácticamente y el Señor que moría precisamente para aniquilar el pecado?
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Él llama a quien quiere
“Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:13-14). En estos versículos se trata del llamamiento de los doce apóstoles. La misión que ellos recibieron no puede compararse con la que el Señor da ahora a sus siervos.
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El mundo entero está bajo el maligno
Dios creó a Adán en inocencia y pureza, pero Adán no lo escuchó y le desobedeció, haciéndose pecador. Sus descendientes se unieron para hacerse grandes, para tener poder frente a Dios y anular los efectos de la maldición que pesa sobre esta tierra. Caín edificó la primera ciudad. Sus descendientes fueron inventores e hicieron la vida más cómoda.
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El nuevo nacimiento
Si, por ejemplo, leemos el Salmo 119, vemos cómo cada fase en la vida espiritual del salmista está vinculada a la Palabra de Dios. En primer lugar notamos que la nueva vida, el nuevo nacimiento, se produce por la Palabra de Dios (v. 93): “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado”.
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El Padre busca adoradores
“Adorarán al Padre”. Eso tiene que haber llamado la atención de la mujer; debió ser algo completamente nuevo para ella. El pueblo de Israel era hijo de Dios, era su primogénito (Éxodo 4:22); los israelitas eran hijos de Jehová su Dios (Deuteronomio 14:1). Dios era el Padre de Israel y Efraín era su primogénito (Jeremías 31:9).
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El paraíso
“De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Estas palabras, dirigidas al ladrón que se convirtió en la cruz, nos llevan a hablar del lugar donde se hallan las almas después de la muerte.
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El paraíso es el tercer cielo
En la cruz, donde el Señor llevó a cabo la expiación o perdón, él ya no presenta el lugar invisible bajo la forma de una parábola o un símil. Lo abrió en todo su esplendor a los ojos del pobre ladrón convertido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).
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El pecado de un creyente
Cuando pecamos siendo creyentes, ¿qué sucede? ¿Cambia nuestra posición como hijos de Dios? ¿Somos alejados inmediatamente de la presencia de Dios?
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El postrer Adán
Pero el poder de Dios le levantó de entre los muertos (Efesios 1:20) para testimoniar que su justicia queda perfectamente satisfecha, tanto con respecto a nuestros pecados como en lo concerniente a nuestra mala naturaleza. El Señor Jesús resucitó luego de haber pasado por el juicio.
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