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Los vasos de ira preparados para destrucción
Los versículos 22 y 23 de Romanos 9 prueban lo mismo, a pesar de que a menudo son usados como una prueba fuerte a favor de la enseñanza del rechazamiento. Pero en realidad constituyen una poderosa prueba en contra de esta enseñanza.
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Mi desdicha, mi desdicha!
Cada vez que volvamos a leer esta exquisita porción de la sagrada Palabra veremos brotar nuevos rayos de la gloria divina, de tal modo que nunca diremos que su estudio haya concluido.
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Muerto con Cristo
Quien ha entendido esto, ya no busca mejorarse. Comprende que no puede mejorar algo que Dios declaró ser enteramente perdido. Pero sabe que Dios lo hizo morir en la cruz, en el Señor Jesús. Eso es lo que confesó en el bautismo. Fue bautizado en la muerte del Señor Jesús y, por el bautismo, fue sepultado juntamente con Cristo para muerte (Romanos 6:3-4).
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Nacido de nuevo
Nacer de nuevo no significa lo que Nicodemo se imaginaba; tampoco es lo que a menudo narran las filosofías de los paganos y las fábulas, a saber, que un anciano volverá a nacer como niño, o será transformado en un joven. Un recién nacido tiene la misma naturaleza que sus padres, nada mejor.
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No más guerra
Las riquezas de la tierra libertada no serán usadas para ocasionar destrucción y miseria. “Y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra” (Miqueas 4:3; Isaías 2:4).
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Nuestro Dios y nuestro Padre
En Efesios 1 encontramos detalles más precisos. En el versículo 3 se llama a Dios “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Como hombre, el Señor Jesús habla del “Dios mío” (por ejemplo, Mateo 27:46). Como Hijo de Dios, Dios es su Padre (Juan 5:17-18; 17:1, etc.). Después de la resurrección, el Señor introduce a los suyos en esta relación con Dios:
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Nuestro Sacerdote en el cielo
Aunque el primer servicio del Señor Jesús como Sumo Sacerdote se cumplió en la tierra, y precisamente en relación con los pecados, su servicio ahora ya no lleva este carácter. Tras haber cumplido la obra, “se sentó a la diestra de Dios” en el cielo para siempre. “Porque tal sumo sacerdote nos convenía… hecho más sublime que los cielos” (Hebreos 7:26).
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Nueva aparición
Todavía una palabra más mientras consideramos al leproso totalmente cubierto de su mal. Leemos: “Mas el día que apareciere en él la carne viva, será inmundo. Y el sacerdote mirará la carne viva, y lo declarará inmundo. Es inmunda la carne viva; es lepra” (v. 14-15).
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Nuevo recurso del agua y de la navaja
Llegó el último de estos siete días para el leproso; el tiempo de su testimonio toca a su fin. ¿Necesitará una nueva aspersión de sangre para quedar limpio y poder entrar en su hogar tan ardientemente deseado? No; ya vimos que la sangre fue derramada una sola vez: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”.
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Nuevos cielos y nueva tierra
En 2 Pedro 3 encontramos lo que es la nueva tierra y cómo esta se prepara. Isaías ya había hablado de nuevos cielos y nueva tierra (cap. 65:17; 66:22). Pero, como se desprende de su sentido, no ha visto más allá del milenio. Habla de Jerusalén, de construir casas y de morar en ellas. Ciertamente, hasta de pecadores que son maldecidos y cuyos cadáveres serán vistos.
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Obediencia y sumisión
“Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos” (Salmo 119:4). “En guardarlos hay grande galardón” (Salmo 19:11). “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:10).
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Objeto y finalidad de las profecías
Muchos cristianos saben DE DÓNDE y DE QUÉ han sido rescatados, pero no han aprendido PARA QUÉ lo han sido. Bástales saber que están seguros de la salvación que han recibido en Cristo, mas ¿no deberían también aspirar a conocer todas las consecuencias de tan grande salvación?
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Orar no es solo para los creyentes experimentados
Cuando los recién convertidos no saben cómo orar, ni si sus ruegos son acertados, ¿les vendría mejor dejarlo para más tarde?
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Orar sin cesar
¿Entonces solo los creyentes maduros, los que han escudriñado atentamente y a fondo la Palabra de Dios, pueden orar? ¡No, a Dios gracias! Como ya hemos dicho, ¿dirán los padres a su hijo que por ser aún pequeño, por hablar torpemente y pedir a veces cosas descabelladas, no debe pedir nada más hasta su mayoría de edad? ¡Ni hablar! Están contentos de que el niño venga a ellos con sus ruegos.
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Pecado es cada acto en el que alguien no toma en cuenta la autoridad de Dios sobre su criatura
De ahí, por ejemplo, es pecado comer si no se hace en la dependencia de Dios. El Señor Jesús quería comer tan solo cuando Dios lo mandaba (Mateo 4:4; ver también Juan 4:34). Por eso la Palabra de Dios dice: “Todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14:23).
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Pecados inconscientes
Ahora se presenta una gran dificultad; a menudo cometemos pecados de los cuales ni siquiera llegamos a ser conscientes de haberlos cometido, a veces incluso cuando creemos haber hecho algo bien. Sin embargo la ignorancia no nos exime de culpabilidad.
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Pecados involuntarios
Ahora surge otra pregunta: ¿Alguien es culpable solamente cuando peca conscientemente? Todo juez emitirá la sentencia de «culpable» cuando alguien infringe la ley, aun cuando la persona asegure ignorarla. Hubiera podido conocerla, ya que fue proclamada. Por eso es valedera la expresión jurídica: «La ignorancia de la ley no exime del castigo».
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Pedir según su voluntad
Sí, primero debemos juzgarnos a nosotros mismos a la luz de Dios y confesar al Señor, como también a otros –en la medida en que los hayamos afectado– todo lo que no ha estado bien, y así limpiarnos mediante el juicio de nosotros mismos. Entonces podremos hablar abiertamente a Dios. Pero luego, para estar seguros de recibir lo pedido, tenemos que pedir según su voluntad.
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Pedro niega al Señor
También a través del caso de Pedro, los evangelios nos describen de qué modo el Señor desempeña el servicio del lavamiento de los pies. En la escena de Mateo 26:30-35 se nota que Pedro había perdido la comunión práctica con el Señor. El mismo no lo sabía, y nadie le había llamado la atención al respecto.
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Pérgamo
Nos enfrentamos aquí con una situación completamente distinta. La Iglesia no es ya “extranjera y peregrina” aquí abajo, sino que tiene una residencia estable y esta no se encuentra en el yermo o en la soledad, sino allí “donde está el trono de Satanás”. Ha buscado sombra y cobijo en este mundo, donde radica el trono del príncipe y dios de este siglo. Esto es lo que vemos en el plan histórico.
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¡Pero yo no tengo paz!
Sin embargo, ahora dices: ¡Pero yo no tengo paz! Pues bien, es porque aún no has aceptado que hace mucho tiempo ya esta paz ha sido hecha. El Señor Jesús hizo la paz. Él es nuestra paz, y él nos proclama esta paz (Efesios 2:14-17). “Haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Desde que le aceptaste tienes parte en esta paz.
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Preparación para el estudio de las profecías
El espíritu con el que hemos de entregarnos al estudio de las profecías está claramente caracterizado por el pasaje bíblico de la vocación de Isaías, a quien el Señor había llamado al ministerio profético; pero, aunque se trata aquí de un «Nabi'» (término hebreo traducido por profeta, que significa: aquel que anuncia), la índole de la preparación siempre es la misma.
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Presentación a Jehová
El día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite. Y el sacerdote que le purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar, con aquellas cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión (v. 10-11).
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Prueba de lepra
Busquemos el sentido espiritual de este notable aspecto del diagnóstico sacerdotal y de la duda que podría surgir en cuanto a los síntomas de la enfermedad. ¿No puso Dios al hombre bajo vigilancia? ¿No le ha dado toda posibilidad de demostrar que no estaba atacado de “lepra”? La misma Escritura responde.
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