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Prefacio

Hace aproximadamente un siglo y medio J. G. Bellet (1795-1864) atrajo el interés de los creyentes con sus dos folletos, siempre actuales: «La gloria moral del Señor Jesucristo» y «El Hijo de Dios». Puso ante sus ojos la vida inmaculada del Señor Jesucristo.

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Prefacio

¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes? (Proverbios 30:4) Cuando Jesús preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:15-16). Se lo había revelado el Padre, y por esta razón es llamado “bienaventurado”.

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Pregunta 1 ¿Por qué partimos el pan?

Observando la forma de actuar de muchos cristianos, esta pregunta viene sencillamente a la cabeza. ¿Por qué tomamos la Cena del Señor? Dicha interrogación se plantea en primer lugar para los que aún no han participado de la Cena, pero también para los que llevan mucho tiempo haciéndolo. En nuestra vida cristiana es probable que hagamos algunas cosas sin saber exactamente por qué las hacemos.

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Pregunta 2 ¿Dónde partimos el pan?

Tal vez nunca hayamos abordado este tema con profundidad. Puede parecer un poco trivial a primera vista. Pero no lo es. Si pensamos un poco en lo que la Biblia dice al respecto y cómo lo practican muchos cristianos, entonces vale la pena examinar esta pregunta a la luz de la Palabra de Dios.

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Pregunta 3 ¿Qué hacemos cuando partimos el pan?

La respuesta a esta pregunta nos lleva a considerar el desarrollo de una reunión en la que los creyentes se reúnen para partir el pan

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Pregunta 4 ¿Cuándo partimos el pan?

¿Quiere Dios que nos reunamos un día específico de la semana para partir el pan? La Biblia no nos da instrucciones precisas sobre este tema, sino indicaciones espirituales que nos permiten discernir el pensamiento de Dios al respecto. En el Antiguo Testamento se menciona explícitamente el día en que se debía celebrar la pascua (Levítico 23:4-8).

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Pregunta 5 ¿Quiénes participan en el partimiento del pan?

Pocas preguntas son tan actuales como esta. ¡Qué dolor para el corazón del Señor al ver que este tema es motivo de tantos desacuerdos, e incluso separaciones entre creyentes! ¿Tiene que ser así? ¿La Biblia es tan complicada como para tener tales discrepancias? No, en absoluto. Esto depende más bien de nosotros, porque no discernimos claramente la voluntad de Dios.

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Pregunta 6 ¿Cómo partimos el pan?

Ahora que tenemos claro quiénes pueden participar en el partimiento del pan, veamos cómo ejercemos este privilegio. Para responder a esta importante pregunta podemos basarnos especialmente en 1 Corintios 11:17-34. Este pasaje no nos dice quién puede ser admitido en la Cena del Señor, sino cómo lo hacemos, es decir, cómo participamos en ella.

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Pregunta 7 ¿Hasta cuándo partiremos el pan?

La respuesta es muy sencilla: Hasta que él venga (1 Corintios 11:26).

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Prólogo

Las fiestas de Jehová, como están expuestas en Levítico capítulo 23, eran “fiestas solemnes”, es decir, tiempos fijados para acercarse a Dios y presentarle sacrificios (v. 37). Según el pensamiento divino, no eran fiestas del pueblo, sino “las fiestas solemnes de Jehová”, santificadas para él y para su gloria.

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Prólogo

En la Palabra no poseemos un texto continuo sobre la vida de Timoteo, como sí lo tenemos sobre David, José, Daniel y otros. Tampoco ocupa un largo espacio en el Nuevo Testamento, donde es mencionado veinticuatro veces en el libro de los Hechos y once en las epístolas, de las cuales dos van dirigidas a él.

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Reunidos en asamblea

La Palabra reconoce ocasiones en que la Iglesia como tal está reunida en la presencia del Señor, teniendo fe en Su promesa: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Estas reuniones tienen cuatro caracteres:

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Salvados

El Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido (Mateo 18:11). El pastor que tanto buscó a su oveja, ¡con qué gozo puede decir, al volver a su casa: “Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”! (Lucas 15:6).

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Una última pregunta

A través de la respuesta a siete preguntas hemos visto lo que la Biblia dice en relación con el partimiento del pan, el segundo acto visible junto al bautismo. Hemos aclarado varias cosas. Por último, se plantea la pregunta decisiva y final para cada uno de nosotros:

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Unidos a Cristo

En nuestro primer capítulo, relativo al tema de la salvación, vimos la gracia de Dios por nosotros. En el segundo capítulo, que trata sobre la familia de Dios, vimos lo que él hace de nosotros. Y ahora, en cuanto a nuestra unión con Cristo, veremos Su obra en nosotros.

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Unidos en un solo cuerpo

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1. El principio del “remanente”

Cuando Israel hizo el becerro de oro, la justicia de Dios hubiera tenido que destruir al pueblo. Sin embargo, respondió a la intercesión de Moisés y lo perdonó.

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1. Estar dispuesto a orar

En el Salmo 32:6 leemos: “Orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado”. Si solicitamos audiencia ante un personaje importante, a veces es necesario esperar mucho tiempo para ser recibidos.

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2. El principio según el cual lo que es de Dios subsiste

Hemos visto que si la casa de Dios confiada al hombre ha sido arruinada, no ocurre lo mismo con el cuerpo de Cristo constituido por todos los rescatados. Este, a los ojos del Señor y para la fe, subsiste hoy como en los primeros días.

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A la edad de doce años

No nos es dicho nada acerca de su vida en Nazaret. Es llamado “el hijo del carpintero” (Mateo 13:55), e incluso “el carpintero” (Marcos 6:3), precisando así cuál era su ocupación.

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Abraham

No vamos a considerar toda la historia del patriarca, sino el fruto producido por la disciplina de Dios en su vida familiar. El llamamiento a Abraham fue claro: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). Sin embargo, Abraham se apartó de la instrucción divina:

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Acciones de gracias

La reunión para partir el pan también tiene el carácter de acción de gracias. En Lucas 22:19 dice que el Señor Jesús, después de tomar el pan, dio gracias, lo cual está confirmado en 1 Corintios 11:24. No nos reunimos para dirigir a Dios nuestras oraciones y peticiones. Eso también tiene su lugar en la vida de una asamblea local, pero no es el objetivo del culto.

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Aceptado para expiación suya

Aquel que se acercaba a la puerta del tabernáculo de reunión, consciente de no estar limpio en sí mismo para la presencia de Dios, estaba provisto de una ofrenda perfecta. En virtud de ella, se atrevía a acercarse para ser aceptado “delante de Jehová” (Levítico 1:3-4). Aquí no se trata de perdón de pecados ni de purificación.

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Actitud exterior

“Entra en tu aposento”, dijo el Señor Jesús en Mateo 6:6, y “ora a tu Padre que está en secreto”. 2 Reyes 4:1-6 nos da un ejemplo. Solos en su pobre habitación, la madre y sus dos hijos recogían vasijas vacías. Solo eran tres los que estaban allí, sin embargo había otra Presencia. En su angustia esa madre había clamado a Eliseo. ¿Cómo salvar a sus hijos de los acreedores?

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