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¿Quiénes serán los aliados de Rusia?
Aquí tenemos, pues, a Rusia con sus aliados en los últimos días. Son designados como aliados: persas, etíopes (hebreo: Cus) y libios (descendientes de Fut). Cus y Fut son hijos de Cam, de cuyos descendientes una parte habitó el Eufrates (Génesis 10). Gomer es el progenitor de los celtas. La casa de Togarma son los armenios. Estos son los países que están sometidos a Gog o unidos a él.
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Referencia del Antiguo Testamento
El principio que acabamos de encontrar en el Nuevo Testamento se confirma en el Antiguo Testamento. Pensemos en los porteros, cuyo trabajo consistía en controlar quién entraba o salía de la ciudad o del templo. Y es precisamente en relación con la ciudad de Dios, Jerusalén, que se describe la función de estos porteros.
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Referencias de las epístolas
La costumbre de los primeros cristianos de partir el pan el domingo no es lo único que nos hace pensar en ese día. Las epístolas también hacen una referencia indirecta a ella. Veamos, por ejemplo, 1 Corintios 16:1-2; aquí se habla de las ofrendas de dinero en la asamblea, que no debían recogerse en cualquier momento.
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¿Reinará Cristo como rey en esta tierra?
Sí. El Antiguo Testamento está repleto de profecías que lo confirman. Citaremos solo dos de ellas: • “Yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte” (Salmo 2:6). • “Jehová (o el Señor) será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová (o el Señor) será uno, y uno su nombre” (Zacarías 14:9).
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Responsabilidad transferida
Tal vez ahora surja la pregunta: Si es el Señor el que decide quién participa en el partimiento del pan, ¿cómo es posible que una asamblea local hable de «admisión a la Mesa del Señor?». La expresión «admisión a la mesa del Señor» no aparece en la Biblia. Reflexionemos un poco sobre esta pregunta.
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Resumen
Además de la responsabilidad colectiva de una asamblea local, cada creyente tiene una responsabilidad individual respecto a la forma en que participa en el partimiento del pan. Esta manera debe ser digna. Mediante un constante autoexamen, nos probamos y nos purificamos de todo lo que no corresponde a la santidad de Dios en la Mesa del Señor.
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Resumen
1) Todos los que participan en el partimiento del pan deben tener la vida de Dios. Es imposible aceptar a los incrédulos en la Mesa del Señor. 2) Quien participa en el partimiento del pan no debe vivir en el mal, pues esto contamina a toda la asamblea.
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Resumen
Aunque en la Biblia no hay una exhortación directa a partir el pan el domingo, sí encontramos una serie de indicaciones que nos permiten reconocer el domingo como el día más apropiado para ello. Los primeros cristianos también lo hacían los domingos. El domingo es el día de los nuevos comienzos, el día de la resurrección del Señor.
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Resumen
La reunión de culto no se basa en prescripciones, pero tiene un carácter que deseamos respetar. Nos reunimos para dar gracias y adorar a Dios. El centro de nuestros pensamientos es la obra del Señor Jesús en la cruz. No nos reunimos para pensar en nuestra salvación, sino en el Salvador. Al comer el pan y beber la copa, proclamamos su muerte.
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Resumen
El partimiento del pan es un acto vinculado a la asamblea local, como enseña la Biblia. Partimos el pan donde el Señor Jesús está en medio de su pueblo reunido en su nombre. Hacerlo de otra manera va en contra de los pensamientos de Dios.
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Resumen
El mismo Señor Jesús instituyó la Cena para sus discípulos. El pan y la copa son los símbolos de su muerte y nos recuerdan su cuerpo entregado y su sangre derramada. El partimiento del pan tiene dos aspectos fundamentales. Por un lado, anunciamos su muerte (aspecto personal), y por el otro, expresamos la comunión con él y entre nosotros (aspecto colectivo).
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Resumen
El orden de los acontecimientos tratados es el siguiente:
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Resumen: ¿Por qué partimos el pan?
1) Es una invitación de nuestro Señor a sus discípulos ante su inminente sufrimiento y muerte en la cruz. Para nosotros es un gran gozo responder a esta invitación. 2) Expresamos la comunión con nuestro Señor y nuestra íntima relación con él, el Salvador crucificado.
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Santos e irreprochables ante él en amor
El versículo 4 dice: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. Aquí tenemos ante nosotros la naturaleza divina. Según su naturaleza, Dios es santo, irreprochable en su obrar, y su naturaleza es amor (1 Juan 1:5; 4:8, 16). Al querer tenernos en su cercanía, le era necesario hacernos corresponder a su naturaleza.
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Sardis
En Sardis tenemos un nuevo principio. No se hallan aquí los grandes pecados de Tiatira. Tampoco se exige que sea reconocida la infalibilidad, ni hay doctrina pervertida, ni persecución de los santos, ni requerimiento de la más alta autoridad en el mundo. Aquí el mal es más bien de orden negativo: no hay vida.
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Satanás atado
No obstante, el pecado no será quitado enteramente de la tierra. El corazón del hombre es malo. Y todas estas bendiciones del reino de paz no lo mejorarán. Al fin resultará que los hombres, después de haber experimentado las bendiciones del glorioso gobierno del Señor Jesús durante mil años, le aborrecerán de la misma forma que antes.
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¿Se podría salvar alguien gracias a la vida recta del Señor?
No. La muerte fue necesaria. De otra manera, “el grano de trigo” hubiera quedado solo (Juan 12:24). “Sin derramamiento de sangre (es decir, sin entregar la vida) no se hace remisión” de pecados (Hebreos 9:22). Si hubiéramos podido salvarnos por medio de la vida recta de Cristo (quien guardó la ley), ¿por qué hubiera muerto?
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¿Seguía desamparado por Dios cuando murió?
No. El Señor dijo: “Consumado es” (Juan 19:30), y encomendó el espíritu en las manos del Padre (Lucas 23:46). Léase también la respuesta 2.14.
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Segunda respuesta: Comunión con el Señor
Por medio del partimiento del pan mostramos nuestra comunión con el Crucificado. Pablo escribió a los corintios: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:16).
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¿Serán salvos todos los hombres al final de los tiempos?
Todas las cosas serán reconciliadas con Dios, pero no todos los hombres. Leamos en Colosenses 1:19-20: “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”.
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Si Cristo no podía pecar, ¿cómo pudo ser tentado?
Los evangelios nos enseñan que Cristo fue tentado por el diablo (Marcos 1:13). Esto significa que Satanás le presentaba tentaciones, pero que en él no había nada que quisiera responder a ellas. En esto él se distinguía de todos.
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Si he muerto con Cristo, ¿en qué afecta esto mi relación con el pecado?
El pecado (el principio del mal, que se opone a Dios) ya no tiene nada que reclamarle a usted.
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Si he muerto con Cristo, ¿qué significa esto en la práctica, en mi vida diaria?
Cuando el pecado quiere ejercer su poder sobre nosotros, tenemos derecho –y estamos obligados– a considerarnos a nosotros mismos como muertos (ver 6.15). Por la fe comprendemos que ya no tenemos ninguna obligación de ceder ante el pecado (Romanos 6:10-14).
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Si la Biblia contiene un elemento humano, ¿cómo puede ser a la vez la Palabra de Dios?
Pensemos en un escultor. Para hacer una estatua, por ejemplo, empleará diferentes herramientas e instrumentos. Al contemplar la obra terminada, podremos observar las marcas que dejaron dichas herramientas. Pero estas marcas están allí como resultado de la habilidad del escultor, quien seleccionó hábilmente los instrumentos adecuados a fin de obtener los resultados esperados.
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