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El Señor es mi pastor
El Salmo 23 nos enseña lo que es un verdadero pastor. Esta porción de la Escritura nos muestra lo que el Señor Jesucristo hace todos los días a favor de nosotros. Él es el modelo para los pastores, les enseña cómo deben servir, ministrar y pastorear las ovejas que ha puesto en sus manos.
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Introducción
Cuando Dios empieza una relación con un grupo de personas para llamarlo su pueblo, también se hace responsable de cuidarlo, tal como un pastor se ocupa de su rebaño. Qué consuelo saber que Dios siempre ha tenido cuidado de sus ovejas y que está presto a proveerles lo necesario en la manera que él mismo lo considera mejor.
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Introducción
Al hablar del “diezmo” en este estudio, nos referimos a la décima parte de algo, o sea el 10%. Por ejemplo, si alguien gana 100, dará 10 de lo adquirido. En el lenguaje común también se utilizan las palabras ofrendar u ofrenda, dar y donativo. Tenemos que entender que estas palabras no son sinónimas de diezmar, o de dar el diezmo.
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Introducción
Satanás jamás deja descansar al creyente. Sin cesar está en actividad (Job 1:7; 2:2), acusando a los hermanos día y noche ante Dios (Apocalipsis 12:10), procurando hacerlos tropezar o bien intentando turbarlos. Desde el principio, sus medios para efectuar esta obra de destrucción son los mismos.
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Jesucristo, el gran Pastor
¡Esto fue justamente lo que hizo nuestro Señor Jesucristo! “Jesús… el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).
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José
Hay un pastor de quien no hemos hablado, porque es un hombre a quien normalmente no consideramos tanto como pastor. No obstante, leyendo su historia, vemos que lo era. Jacob tenía mucho ganado; sus hijos lo cuidaban, y José, como uno de ellos, también participaba en este servicio. Por varias razones había desavenencias entre José y sus hermanos; ellos lo aborrecían.
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Juntos con Cristo para siempre
El verdadero alcance de Romanos 11 se pierde de vista cuando lo aplicamos a la salvación del alma. Otros pasajes de la Palabra (por ejemplo, la epístola a los Efesios) nos enseñan que los redimidos por Cristo son vivificados y resucitados juntos con El, que están sentados juntos con El en los lugares celestiales, que la Iglesia es un solo cuerpo con Él.
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Justificados ante Dios por la fe
A propósito de la justificación he aquí lo que el apóstol Pablo escribe a los romanos: “Al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5), mientras que la enseñanza del apóstol Santiago es esta: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:24).
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La importancia de la oración en el servicio pastoral
Leyendo Deuteronomio 9:13-14, 18, 26 y 29 notamos una cualidad muy necesaria en un pastor.
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La salvación del alma está definitivamente lograda
La explicación de Filipenses 2:12 también ha sido dada frecuentemente. El apóstol no tiene en vista la justificación cuando escribe: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. En la epístola que envía a los filipenses presenta la salvación como la meta a alcanzar: la liberación al final de la carrera.
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No señorearse sobre los demás
En el Antiguo Testamento, en el libro de los Jueces, tenemos una historia llena de enseñanza para nosotros respecto a este tema. Dios, por medio de Gedeón, logró una gran victoria sobre sus enemigos. Entonces los israelitas querían hacerle rey.
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Otros pastores
Si bien el Señor Jesús es nuestro modelo perfecto, también podemos aprender mucho de otros personajes bíblicos que fueron pastores. Observándolos podemos sacar buenas lecciones para ser un verdadero pastor. Pero también hay advertencias, porque igualmente existían pastores malos, y debemos aprender de sus errores para no seguir su mal ejemplo. Veamos ahora a estos pastores:
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¿Quién es el que llama a uno a ser pastor?
Aunque Moisés mismo no se sentía capaz, el llamamiento que recibió venía directamente de Dios: “Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo…?” (Éxodo 3:10-11). Acerca de David leemos:
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Resumen
Por las explicaciones del Nuevo Testamento queda claro que con el don de «pastor» de hecho no se trata de una persona, sino más bien de un don espiritual, otorgado por Dios a uno de sus hijos, quien lo ejerce en el poder del Espíritu Santo.
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Una fe viva y no una simple profesión de fe
El primer versículo de la epístola a los Hebreos muestra claramente que ella fue dirigida a creyentes judíos. Dios había hablado a los padres por los profetas; cuando “ha hablado por (o en) el Hijo”, su pueblo lo rechazó y lo crucificó. Sin embargo, lo hicieron por ignorancia: “Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho” (Hechos 3:17).
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Algo más importante que el sacrificio o la ofrenda
Por muy importantes que sean todos estos aspectos, existen por lo menos cinco cosas que agradan aún más al Señor que el sacrificio o la ofrenda.
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Algunos principios para guiarnos
1) Lo que sembremos es lo que cosecharemos. Es un principio de la propia naturaleza. Si yo siembro trigo, anticipo cosechar trigo. Si siembro muy pocas semillas, la cosecha será escasa, pero si siembro abundantemente, la cosecha tiene posibilidades de ser amplia. En las cosas espirituales es igual, lo cual incluye nuestras ofrendas al Señor.
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¿Cómo administrar las ofrendas en la iglesia?
Pablo escribió a los creyentes de Corinto como iglesia, lo que él había enseñado en todas las iglesias, que pusieran aparte un donativo, una ofrenda, cada primer día de la semana, según habían prosperado durante la semana. Este dinero debía ser guardado hasta que se presentara una necesidad, por ejemplo, para ayudar a los pobres en Judea.
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Conclusión
Pensando en estos preciosos ejemplos comprendemos que ser pastor es un servicio de gran abnegación y entrega a los que se pastorea. No es para hacerse grande o importante, sino todo lo contrario. La meta es formar ovejas muy agradables a Dios, incluso al precio de su propia vida.
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Contraste entre la exigencia del Antiguo Testamento y el tiempo de la gracia
Al leer el Antiguo Testamento queda bien claro que Dios exigía de su pueblo terrenal que le diera anualmente una parte de sus ingresos, es decir, la décima parte o el diezmo. Este era un mandamiento adicional a los sacrificios obligatorios que se debían ofrecer a causa de los pecados cometidos, al impuesto del templo y a parte de las cosechas del campo, entre otras ofrendas.
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¿Cuáles son los resultados?
¡Qué maravilloso es que otras personas puedan ser bendecidas por medio de nuestras ofrendas! Ellas a su vez agradecerán y bendecirán al Señor y nuestro donativo subirá a Dios en olor fragante, lo cual agradará Su corazón. Leemos en Filipenses capítulo 4 que el donativo que ellos habían enviado a Pablo cuando él estaba encarcelado suplió sus necesidades.
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¿Cuándo dar nuestra ofrenda?
Pablo dijo a los Corintios que apartaran sus ofrendas al comienzo de cada semana, según hubieran prosperado durante la semana pasada (1 Corintios 16:1-2). Así, con base a esto, un domingo podían apartar un poco más, otro domingo, quizás algo menos.
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¿Cuánto nos pide el Señor?
¿Nos pide el Señor realmente el diezmo (o sea el 10%) de nuestros ingresos, como en varias congregaciones muchos predican y exigen? Romanos 12:1 nos da la respuesta: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.
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David
Antes de ser rey de Israel, David cuidaba las ovejas de su padre. Era pastor. Fue el quien escribió el Salmo 23. Pudo hacerlo porque él mismo como pastor sabía lo que un buen pastor debe hacer. Pero también porque como oveja gozaba de los cuidados de su Buen Pastor, Dios. Cuando David se ofreció para ir a pelear contra Goliat, convenció a Saúl con estas palabras:
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