Capítulo 45
Todo debe ser correcto
La ofrenda alzada (v. 1, V. M.) es una porción de territorio que quedará reservada a Jehová en la repartición del país. Los sacerdotes habitarán en ella (v. 4). Luego se delimitan las propiedades de los levitas, de la ciudad y del príncipe, porque Dios vigila para que no pueda haber más opresión ni injusticia en Israel (comp. v. 9; cap. 46:18).
El mismo nombre de ofrenda elevada (v. 13, V. M.) se aplica a los dones que los israelitas harán a Jehová proporcionalmente a la renta de sus campos y de sus rebaños (comp. Levítico 27:30). Como cristianos bajo la gracia, no estamos obligados a entregar una parte de lo que poseemos. ¿Tendremos por eso menos diligencia y liberalidad para destinar algo al servicio del Señor?
Los diferentes sacrificios ordenados en el Levítico se hallan de nuevo en los versículos 15 y 17. El holocausto nos recuerda que Cristo se ofreció a Dios en olor fragante (Efesios 5:2). La ofrenda vegetal (V. M.) habla de su vida de sufrimiento y abnegación. Con la ofrenda de paz podemos alimentarnos de Cristo y aseguramos todas nuestras bendiciones, las que así llegan a ser la base del culto. Finalmente, el sacrificio para hacer expiación presenta la santa Víctima enviada por Dios para ser la propiciación por nuestros pecados (1 Juan 2:2; 4:10).
Grandes fiestas anuales
El capítulo 45 termina impartiendo las instrucciones concernientes a la Pascua, primera de las tres grandes fiestas anuales (Deuteronomio 16). En el porvenir cada israelita podrá comprender su precioso significado y pensar en el Cordero de Dios cuya sangre lo puso a cubierto del juicio. La segunda fiesta, la de Pentecostés, no es mencionada aquí, y comprendemos por qué: concierne a la Iglesia, cuya parte es celestial y no tiene motivo para figurar en ese cuadro del reinado terrenal. En cambio, en el versículo 25 se trata de la tercera solemnidad, simplemente llamada “la fiesta”. Se trata de la concerniente a los Tabernáculos, pero aquí se habla muy poco de ella, ya que prefigura al milenio, el cual entonces habrá llegado.
El capítulo 46 fija las ceremonias del día de reposo y de la luna nueva, así como las obligaciones del príncipe con respecto a aquéllas.
La importancia y la precisión de esta visión profética quizá nos hayan sorprendido. Pero, repitámoslo, después de haber sido tan deshonrado en Israel, es justo que Dios se extienda con satisfacción sobre ese futuro culto mediante el cual, por fin, será glorificado en la tierra. Y quiere que nos regocijemos con él, aquellos que desde ahora le ofrecemos la alabanza como su pueblo celestial.
