Capítulo 16
¡Qué ingratitud!
Este pasmoso capítulo describe la odiosa conducta de Jerusalén para con Jehová, a quien todo lo debía. El origen impuro y el total desamparo de la niña menospreciada y abandonada en el campo al nacer (lo que practican todavía ciertas tribus paganas) hacen resaltar la abominable ingratitud de aquella que se entregó a la peor idolatría y utilizó los preciosos dones de su Bienhechor para sus infames pasiones.
De hecho, esta dolorosa historia es la de todo hombre. Dios halló a su criatura en el más horrendo estado de impotencia y degradación moral (comp. Lucas 10:30-35). Él hizo todo por arrancarla de ese estado y darle una nueva vida. ¿Cómo respondió el hombre a tanta gracia?
Queridos amigos, es muy serio pensar en ello: esa incalificable conducta es también la nuestra cada vez que desviamos, para nuestras codicias, lo que pertenece al Señor y debe servir para su gloria, sean nuestros bienes o nuestros cuerpos (1 Corintios 6:19-20).
Pecados odiosos
La relación de Jerusalén con Jehová agravaba terriblemente sus pecados. A ese respecto, Sodoma era menos culpable que ella, y aun Samaria, la que, sin embargo, era objeto del más profundo desprecio de parte de los judíos (v. 52; Juan 4:9). Además, sabemos que a veces Satanás hace que los que están en relación con Dios caigan más bajo que los otros hombres, porque a través de ellos busca empañar la gloria del Señor. El estado de pecado descrito en el versículo 49 debe hacernos reflexionar: “soberbia, saciedad de pan y abundancia de ocio” con el inevitable egoísmo como consecuencia. Desde tal punto de partida, Sodoma llegó a los horrorosos pecados que trajeron su “destrucción” (2 Pedro 2:6). Pero, contrariamente a toda esperanza, los versículos 60 a 63 nos hacen saber que tal no es la suerte final que aguarda a la ingrata Jerusalén. Su infidelidad no pudo cambiar la fidelidad de su divino Esposo. Una vez más, la culpable ciudad será el objeto de una misericordia aún más grande que la del principio. Sí, las últimas palabras de este capítulo, lleno de tantos crímenes y abominaciones, nos confunden; v. 63:
Cuando yo perdone todo lo que hiciste, dice Jehová el Señor
(comp. Romanos 11:33).
