Ezequiel
Ezequiel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 34

Los malos pastores...

Este capítulo condena muy severamente a los malos pastores (reyes, príncipes y jefes del pueblo). No solo no cuidaron a las ovejas débiles, enfermas, heridas o descarriadas, sino que ellos mismos engordaron a expensas del rebaño de Israel. Sin temor de Dios y sin amor por el pueblo, obraron como si este último les perteneciera y tuvieran “señorío” sobre él en lugar de ser “ejemplos de la grey” (léase 1 Pedro 5:2-4). Ante ese completo in-cumplimiento, Jehová decide cuidar él mismo a sus ovejas. “He aquí yo” declara él. Y reconocemos el maravilloso amor del “Pastor de Israel» (Salmo 80:1), subrayado por el contraste con los malos pastores. Él promete quedarse en medio de sus ovejas, librarlas, juntarlas, traerlas por “las riberas” y a “buenos pastos” y hacerlas descansar en buen redil (comp. Salmo 23). La perdida será buscada, la descarriada traída al redil; la perniquebrada será vendada y la débil fortalecida. Se trata de la reunión final y de la bendición de Israel. Pero ¡qué preciosa imagen de los tiernos cuidados que el Señor dispensa a cada uno de sus redimidos! (léase 1 Pedro 5:7).

...y el verdadero Pastor

Jehová denuncia severamente el egoísmo de las ovejas fuertes y engordadas y promete que reparará los agravios hechos a las que son flacas y débiles. Luego designa –con comprensible satisfacción y amor– al pastor a quien él va a suscitar: su siervo David.

A través de este, fiel pastor del rebaño de su padre y más tarde del de Israel
(1 Samuel 17:34-35; 2 Samuel 5:2),
Dios quiere hablarnos de su Amado. “Yo soy el buen pastor
dirá Jesús,

en contraste con todos los malos pastores de los cuales nos habló en el comienzo de este capítulo. Tuvo compasión de las multitudes de Israel, cansadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor (Mateo 9:36). Lo que caracteriza al buen Pastor es que da su vida por las ovejas (Juan 10:11). Tal es, por cierto, la suprema prueba de su bondad, la que supera todos los cuidados enumerados en este capítulo. “Conozco mis ovejas, y las mías me conocen” agrega el Señor; palabras que podemos comparar con los versículos 30 y 31. Escuchemos todavía esa conmovedora expresión: “ovejas mías, ovejas de mi pasto” (comp. Salmo 100:3). En el capítulo 36:38 hallaremos otras “ovejas consagradas… ovejas de Jerusalén… rebaños de hombres”.