Ezequiel
Ezequiel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 14

Todo empieza en el corazón

Algunos de los ancianos de Israel visitan a Ezequiel con una intención que parece buena: la de consultar a Jehová. Pero Dios advierte a su profeta que no se deje engañar por las apariencias. El corazón de esos hombres estaba lleno de ídolos que constituían un verdadero muro de separación entre él y ellos: “se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos” (v. 5; comp. Lucas 16:15).

Retengamos esta importante lección: para conocer y comprender el pensamiento del Señor, la condición primordial no es nuestro grado de inteligencia, nuestra experiencia cristiana o nuestro conocimiento de la Biblia, sino el estado de nuestro corazón. ¿Es recto ante Dios o esconde cosas inconfesables, ídolos muy arraigados? Quizás esa sea la razón por la cual a veces Dios no responde a nuestras oraciones. Grabemos bien en nuestra memoria estas palabras del Señor: “Separados de mí nada podéis hacer” (comp. v. 5); con su preciosa contrapartida: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:5, 7).

Jerusalén no será perdonada – Madera de viña inútil.

Jehová da a conocer a su siervo los “juicios terribles” que tiene en reserva: espada, hambre, fieras y pestilencia (v. 21). Y declara que incluso la presencia de tres hombres de Dios tan notables como Noé, Daniel y Job no bastaría para liberar al país culpable. Jehová asocia los nombres de esos tres testigos excepcionales, quienes vivieron en épocas muy diferentes (Daniel vivía todavía en Babilonia), para recordar que el temor de Dios y la justicia pueden ser practicados en todos los tiempos –aunque estos fueran tan sombríos como los que precedieron al diluvio– y que él respondería mediante una liberación individual (comp. Proverbios 11:8). De manera que nadie tiene el derecho de disculpar su conducta invocando el medio en que vive y las influencias que sufre.

En el capítulo 15 se vuelve a tomar la imagen de la vid de Israel (véase también cap. 17:6; 19:10). Si bien no dio fruto, por lo menos ¿podrá ser utilizada su madera? (v. 3). ¡De ninguna manera! Carece de valor, apenas es buena para ser quemada. ¡Terrible suerte la de los estériles pámpanos de la vid de Israel… y la de los que el Padre se verá obligado a quitar de la verdadera vid! (Juan 15:1-2).