Isaías
Isaías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 65

Dos grupos

“Fui hallado por los que no me buscaban…” escribe Isaías resueltamente”. Es la expresión que emplea el apóstol Pablo al citar a los romanos nuestro versículo 1 (cap. 10:20). Bajo el dictado del Espíritu, el profeta abre aquí claramente, en efecto, la puerta a las naciones que no buscaban a Dios ni invocaban su nombre (cap. 49:6). En verdad, era una declaración atrevida, por no decir revolucionaria, a los oídos de los israelitas tan celosos de sus privilegios. Formaba parte de esas cosas nunca oídas, las que son mencionadas en el capítulo precedente.

La confesión y las súplicas del pobre remanente terminaban con la angustiada pregunta: “¿Callarás, y nos afligirás sobremanera?” (cap. 64:12). No, nunca es en vano que un corazón arrepentido se vuelva hacia el Señor: “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). ¿Lo sabe por experiencia el lector?

Dios, pues, no callará. Toma la palabra y, prácticamente, va a conservarla hasta el final del libro. Empero, antes de revelar lo que preparó para los que esperan en Él, o sea sus escogidos y sus siervos (v. 9-10; cap. 64:4) debe pronunciar la condenación definitiva, no solo de las naciones enemigas de Israel, sino también de la masa del pueblo rebelde y apóstata.

La nueva creación y el Milenio

Los fieles israelitas durante mucho tiempo serán confundidos con el conjunto del pueblo que haya seguido al Anticristo. Pero cuando llegue el momento, Dios sabrá distinguir y recompensar a sus siervos. Entonces, olvidarán sus sufrimientos y “cantarán por júbilo del corazón” (v. 14).

Y nosotros, hijos de Dios, a quienes actualmente el mundo rechaza como rechazó al Señor, seremos manifestados por Él y con Él en su gloriosa venida (1 Juan 3:1-2). ¿Sería nuestro gozo menor?

Dios creará nuevos cielos y una nueva tierra. No se trata todavía del reemplazo del universo actual por nuevos elementos según 2 Pedro 3:7-13 y Apocalipsis 21:1. Pero durante el reino de los mil años, tanto el cielo librado de la presencia de Satanás como la tierra sujeta al Señor, se hallarán en un estado nuevo. La creación conocerá la liberación (Romanos 8:22).

La vida humana será prolongada; la edad de cien años llegará a ser la de la plena juventud (v. 20)

y la muerte solo será un excepcional castigo (Proverbios 2:22; Salmo 37:9). Aun en los animales, los crueles instintos habrán desaparecido (v. 25). La naturaleza tendrá entonces su pleno desarrollo y responderá a los designios iniciales de Dios en cuanto a su espléndida creación.