Isaías
Isaías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 49

El verdadero Siervo rechazado

A esta altura del libro, marcada por una importante división, está probado que Israel ha sido un siervo infiel. Por eso Dios lo sustituye por Cristo, el verdadero Israel (v. 3), siervo obediente en quien Él se gloriará. Pero, a primera vista, el trabajo del Señor podía parecerle inútil (v. 4). No solo Israel no había sido congregado, sino que había rechazado a su Mesías. Y, sin embargo, los versículos 5 y 6, como también el versículo 11 del capítulo 53, nos aseguran que, pese a ese aparente fracaso,

(Cristo) verá el fruto de la aflicción (o trabajo) de su alma.

Los hijos de Dios dispersos, hoy son congregados para constituir la familia celestial (Juan 11:51-52). El rechazo del Señor por su pueblo ha permitido que Dios extendiera su salvación “hasta lo postrero de la tierra”.

¿No es maravilloso ese diálogo entre Dios y “su santo siervo Jesús”? (Hechos 4:27, V. M.) Al dirigirse “al despreciado de los hombres (comp. cap. 53:3), al abominado de la nación, al siervo de los gobernantes” (v. 7, V. M.), –pero quien es de un precio infinito para su corazón–, Dios le promete que pronto las cosas se invertirán: Cuando aparezca en su gloria magnífica, los que dominan tendrán que honrarle e inclinarse ante Él. Reyes “se levantarán”, como uno se levanta a la llegada de alguien más elevado, y “príncipes, y se postrarán” (comp. Filipenses 2:6-11).

Reunión final del pueblo

Al ocurrir la primera venida del Señor, Israel no había sido congregado (v. 5). Pero la hora de esa reunión sonará. No solamente Judá y Benjamín, sino también las diez tribus, hoy dispersas, tomarán el camino del retorno. Convergerán de todos los horizontes, sí, hasta de la lejana China, ya que Dios habrá sabido preservar milagrosamente su unidad racial durante más de veinte siglos. Gloriosa visión: Jerusalén junta por fin a sus hijos bajo sus alas, lo que el Señor tanto quiso hacer, mientras estaba aquí abajo. No obstante, ellos no quisieron (Lucas 13:34). Como una inmensa reunión de familia, los hijos y las hijas de Jacob, separados por tanto tiempo, acuden, se reconocen y se alegran conjuntamente. Entonces, se cumplirá la profecía del Salmo 133.

De esa escena terrenal, nuestro pensamiento se eleva hacia la gran reunión celestial. De todos los redimidos del Señor, de los que Él ha recibido de su Padre, no faltará ninguno. Cada oveja está desde ya al abrigo en Su mano y tiene su nombre como, v. 16:

Esculpido sobre las palmas de esas manos que fueron traspasadas
(comp. Juan 10:28; 17:12).

Los cautivos del hombre fuerte le han sido arrancados para siempre por medio de la victoria de la cruz (v. 25; Lucas 11:21-22).