Isaías
Isaías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 3

Caos moral en Judá

Hasta el capítulo 12, se tratará principalmente del juicio sobre Israel y Judá; luego, del capítulo 13 al capítulo 27 el que caerá sobre las naciones. Dios siempre empieza ese juicio por su casa –la esfera más responsable– y este será el caso de la cristiandad profesante (Romanos 2:9; 1 Pedro 4:17). El completo fracaso del hombre se nota más en los que tienen responsabilidades y ocupan una posición elevada. Pese a las formales enseñanzas de Dios se halla entre ellos el adivino y “el hábil encantador” (v. 3, V. M.; Deuteronomio 18:10). ¡En qué profunda corrupción cayó Israel! Pero, no obstante, Dios sabe diferenciar entre el justo y el impío (v. 10-11) y dará a cada uno según su obra. Gálatas 6:7 confirma :

Lo que el hombre sembrare, eso también segará 
(comp. Job 4:8 y Oseas 8:7; 10:12-13).

Uno de los enojosos frutos cosechados por el pueblo es el desorden social, el derrumbamiento del orden establecido. No hay más disciplina, los hijos objetan la autoridad de sus padres y de sus educadores: “el joven se levantará contra el anciano” (v. 5), los valores morales y las obligaciones son puestos a un lado. ¡Cuántas analogías entre esta profunda decadencia de Israel y la que comprobamos hoy en nuestros países cristianizados!

¡Tanta vanidad! – Bendición futura

  • A las jóvenes, los versículos 18 a 23 les enseñan que los refinamientos de la moda no datan de nuestro siglo. ¿Hay algo más insoportable –y al mismo tiempo más ridículo (véase v. 16, final)– que esa extrema preocupación por la propia persona, ese deseo de atraer la atención y la admiración de los demás? De todos esos accesorios del vestir y esos adornos, Dios nos hace notar la vanidad. ¿Quiere decir esto que una creyente no debe cuidar su atavío”? ¡Al contrario! La Palabra le enseña aun la manera de hacerlo. Buenas obras (1 Timoteo 2:9-10), un espíritu afable y apacible (1 Pedro 3:2-6), son el adorno moral que a Dios le gusta; esto sin perder de vista que nuestra manera de vestirnos no le deja indiferente.

Lo que Dios da a su pueblo al final de su historia recuerda sus cuidados del principio, o sea, “nube y oscuridad de día y de noche resplandor de fuego” (comp. Éxodo 13:21-22) como para asegurarle: Nunca dejé de poner los ojos en ti.
Aquí termina el prefacio del libro. Nos ha mostrado la ruina total de Judá y de Jerusalén, los juicios que les alcanzarán, pero también su restauración y la gloria de Cristo (el renuevo del Señor, fuente y poder de vida, v. 2).