Capítulo 45
Ciro, un instrumento de Dios
Dios anunció que se serviría de Ciro para cumplir su propósito (volver a leer cap. 44:28). Ese rey, que debía poner fin al cautiverio del pueblo de Israel en Babilonia, es llamado por su nombre mucho antes del comienzo de ese cautiverio. La gracia divina tenía, por decirlo así, a ese «salvador» en reserva durante toda la duración del castigo. Bajo la forma de una revelación personal a Ciro, es para Dios la oportunidad de confirmar que, v. 5:
No hay Dios sino Él solo
(comp. 1 Corintios 8:4-6; Efesios 4:6).
Dios no solo se ha dado a conocer a los judíos sino también a las naciones de las cuales formamos parte. Mucho antes de nuestro nacimiento, antes del origen del mundo, desde los tiempos eternos, el nombre del lector y el mío han estado en su pensamiento. También se proponía cumplir mediante nosotros “todo lo que quería” en el momento conveniente… que es el momento presente (Efesios 3:8-10). ¿Respondemos, cada uno en su lugar y en su medida, a lo que Dios aguarda de nosotros? (comp. Hechos 13:36 en lo que concierne a David).
Los versículos 9 y 10, en los cuales ciertamente pensó el apóstol al escribir el pasaje de Romanos 9:20, señalan la locura de los que altercan con ese Dios creador y soberano.
Un Dios justo y salvador
Lo que Dios cumplirá para el restablecimiento de su pueblo hará que todos le conozcan como el “Dios de Israel que salva” (v. 15). En contraste con los dioses que “no salvan” (v. 20 final), Él mismo declara con la mayor fuerza:
No hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. (v. 21)
No solo se dirige a la descendencia de Israel, sino a todos los hombres: “Mirad a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra…” (v. 21-22). Este llamado aún resuena en el mundo de hoy; ¿le ha respondido usted? Reconocemos la voz de “Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4-5; léase también Tito 2:11). Pero para que Dios pudiese mostrarse a la vez “justo y santo”, sabemos lo que era necesario. El castigo que debía satisfacer su justicia respecto del pecado hirió a Aquel que el mismo pasaje llama: “El mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos”. Con razón, toda rodilla se doblará ante ese gran Dios salvador y toda lengua confesará altamente a Dios (v. 23, citado en Romanos 14:11).
