Isaías
Isaías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 42

El verdadero Siervo del Señor

La progresiva revelación que Dios hace de sí mismo va a completarse ahora maravillosamente. El capítulo 42 empieza con la presentación de una Persona: He aquí mi Siervo…”. A tal punto se trata del Señor Jesús en Isaías, que este libro ha sido llamado a veces «el evangelio del Antiguo Testamento». Ya hemos encontrado versículos que anuncian su nacimiento, luego su manifestación en Galilea (cap. 7:14; 9:1-2, 6). Ahora somos transportados a la orilla del Jordán. La poderosa voz de Juan el Bautista ha resonado en el desierto (cap. 40:3). Entonces aparece el perfecto Siervo. Y en seguida, según la promesa que tenemos aquí, Dios pone su Espíritu sobre él”. V. 1:

Bajo la apariencia de una paloma, el Espíritu Santo viene a morar sobre el Amado en quien el Padre tiene complacencia
(comp. Mateo 3:17).

Ungido con el Espíritu Santo y con poder, comienza entonces su incansable ministerio de gracia y de verdad (v. 1-4, citados en Mateo 12:18-21).

“A otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas” declara el Señor. Este versículo 8 permite explicar muchos castigos y humillaciones, no solo para Israel, sino también para los cristianos de hoy en día (ver también cap. 48:11).

Seguridad absoluta

Es importante comprender a quién se dirige el Espíritu de Dios en cada parte de las Sagradas Escrituras. Muchas personas se han confundido, particularmente en la interpretación de los profetas, al aplicar a la Iglesia lo que se refiere al pueblo judío. En todos nuestros capítulos solo se tratará de Israel y su Mesías. Pero, a la inversa, no descuidemos esos pasajes con el pretexto de que no conciernen directamente a los cristianos. Cuántas palabras conmovedoras contienen ellos, palabras que el hijo de Dios reconoce y se apropia, porque las ha oído repetidas veces en lo secreto de su corazón: “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú Yo estaré contigo Cuando pases por el fuego, no te quemarás…”. Tal fue la experiencia de los tres amigos de Daniel (Daniel 3). Si nosotros también tenemos que atravesar el fuego de la prueba, nunca estaremos solos; el Señor expresamente nos prometió su compañía: “el horno de fuego” es un lugar privilegiado de encuentro de Cristo con los suyos (2 Timoteo 4:17).

“Cuando pases por las aguas…”. El fuego y el agua: ambos hacen falta para conseguir un buen acero, o dicho de otra manera, para forjarnos una fe bien templada.