Isaías
Isaías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 53

El capítulo central de la Biblia

Esta es la misteriosa página que el funcionario de Candace, reina de los etíopes, leía en su carro. Y “Felipe… comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús (Hechos 8:35). Ahí está, también para nosotros, el comienzo de todo conocimiento: Jesús el Salvador. Cada uno de nosotros se apartó por su propio camino de desobediencia (v. 6). Pero, para salvarnos, el Cordero de Dios siguió el camino de la perfecta obediencia y de la entera sumisión. En ese camino fue despreciado, desechado, angustiado, afligido y al fin “cortado de la tierra” por los hombres (v. 3, 7-8). Pero también fue herido, molido y sujeto a padecimiento por Dios mismo. ¿Quién jamás sondeará lo infinito de esta expresión: “Jehová quiso quebrantarlo”? Nuestras enfermedades y nuestros dolores (v. 4), nuestras rebeliones y nuestras transgresiones (v. 5), nuestro pecado bajo todas sus formas –de las más sutiles a las más groseras– con sus terribles consecuencias, tal ha sido la indeciblemente pesada carga que tomó sobre sí “el varón de dolores”.

¡Este fue, oh nuestro Salvador, el trabajo de tu alma! Pero, más allá de la muerte a la cual te entregaste a ti mismo, gustas, de ahí en adelante y para siempre, del fruto mismo de tu padecimiento, del inefable gozo del amor correspondido (Hebreos 12:2).