Isaías
Isaías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 51

No temer, apoyarse en el brazo de Dios

En el versículo 12 del capítulo 46, Dios se había dirigido a los que estaban alejados de la justicia. Ahora su gracia habla a los que siguen la justicia (v. 1) y la conocen (v. 7). En un mundo injusto, están expuestos a sufrir por esa justicia y necesitan ser alentados: No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes” (v. 7). Cristo fue el primero en soportar esa afrenta y esos ultrajes de parte del hombre (cap. 50:6). Por eso Él nos es dejado como modelo, a fin de que sigamos sus pisadas (1 Pedro 2:20-24; 3:14).

A semejanza del Señor Jesús, quien podía decir: “Tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:8), Dios puede hablar aquí de un pueblo ¡en cuyo corazón está su ley! ¿Podría Él señalarnos de igual manera? Queridos amigos: ¿mora la palabra de Cristo “en abundancia” en nosotros? (Colosenses 3:16; Juan 15:7).

La oración del versículo 9 hace un llamado al poderoso brazo de Dios (cap. 53:1) que, otrora, había derribado a Egipto y hendido las magníficas aguas. Una vez más, Él arrancará a Israel de su cautiverio. Como en la orilla del mar Rojo, el Espíritu pondrá entonces cantos de triunfo en la boca de “los redimidos” y colocará sobre sus cabezas “gozo perpetuo” (v. 11; comp. cap. 35:10).

Aceptar ser consolado

“Yo, yo soy vuestro consolador” (v. 12). Cuántos creyentes al pasar por la prueba han hecho la experiencia de que no hay verdadero consuelo fuera de Dios. En verdad Él es “Dios de toda consolación” (2 Corintios 1:3). Pero, a veces, somos como el salmista cuando declara: “Mi alma rehusaba consuelo” (Salmo 77:2). Los conmovedores llamados de Dios a su pueblo han quedado sin eco. No hubo “nadie que respondiera” salvo un débil remanente que seguía la justicia (cap. 50:2; 66:4). Ahora, un grito redoblado y apremiante se hace oír: Despierta, despierta, levántate… vístete tu ropa hermosa…” (v. 17; cap. 52:1). Se trata de sacudir a Jerusalén de su sueño porque el Mesías va a aparecer. El capítulo 53 nos mostrará la acogida que le fue reservada cuando vino por primera vez. Rechazado, Cristo volvió a subir a la gloria. Pero hoy estamos en vísperas de su retorno. Y Jesús nos hace recordar su promesa: “He aquí yo vengo pronto”. Él se presenta a sí mismo: “Yo soy… la estrella resplandeciente de la mañana” (Apocalipsis 22:12, 16-17, 20). Despierta y llena de esperanza, la Esposa dice conjuntamente con el Espíritu: “Ven”. ¡Que cada cual le haga eco en su corazón y también le conteste: “Amén; sí, ven, Señor Jesús”!