Capítulo 14
Juicio sobre Babilonia y su rey
A causa de la compasión que siente por el pequeño remanente de su pueblo, Dios derribará los más grandes imperios (cap. 43:3-5). Nada es difícil para Él cuando se trata de liberar a los que ama. ¡No temamos! Él tiene en sus manos todos los recursos para socorrer a sus hijos, no por nuestra fidelidad sino por la suya.
Después de Babilonia, se trata de su rey. Y nos hallamos ante una escena particularmente asombrosa. Por medio del pensamiento, Isaías nos transporta a la morada de los muertos e imagina la emoción causada por la llegada de aquel gran personaje. «¡Así que tú también llegaste aquí!». exclaman los que le conocieron en la cumbre de su poder. En ese rey de Babilonia, reconocemos al jefe del cuarto Imperio (romano), llamado también “la Bestia”. Sin embargo, a partir del versículo 12, el pensamiento del Espíritu va más allá de ese agente de Satanás para evocar a este mismo. “¡Cómo caíste del cielo…!”. ¡Profundo misterio el de esa aparición del orgullo en Lucifer, el querubín de luz! Llegado a ser el príncipe de las tinieblas, aún sabe, para seducir, disfrazarse “como ángel de luz” (2 Corintios 11:14). Hoy hace temblar la tierra mediante el poder de las tinieblas y no suelta a sus prisioneros (v. 17; cap. 49:24-25). Pero Dios, según su promesa, pronto lo aplastará bajo nuestros pies (Romanos 16:20; Ezequiel 28:16-19).
Moab destruido y devastado súbitamente
Después del juicio contra Babilonia y Asiria, viene el de las naciones vecinas de Israel. Como acusados que se suceden ante un tribunal, esos tradicionales enemigos del pueblo judío van a oír, uno tras otro, una solemne profecía. La Filistea, sojuzgada por Uzías, padre de Acaz (2 Crónicas 26:6), no tenía por qué regocijarse por la muerte de este último (v. 28-29), puesto que Ezequías, su hijo, iba asimismo a atacarla. “Hirió también a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada” (2 Reyes 18:8).
En lo que concierne a Moab, muy grande es su soberbia (cap. 16:6). A este pueblo lo caracteriza el orgullo, del cual Dios declara: “La soberbia y la arrogancia aborrezco” y anuncia: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 8:13; 16:18). Asistimos a esta ruina de Moab. La desolación de Moab es indescriptible. Sus alaridos de espanto y de desesperación llenan los capítulos 15 y 16.
En los versículos 2 a 4 del capítulo 16 nos enteramos de que los fieles que huirán de la persecución del Anticristo en Judá hallarán refugio sobre el territorio de Moab. Finalmente, después de la ejecución de los juicios, habrá uno quien reine con misericordia, con verdad, con rectitud y con justicia. El Salmo 72, versículos 1-4, anuncia estos tiempos felices, en los cuales Cristo, el verdadero Salomón, juzgará al pueblo con justicia y rectitud.
