Isaías
Isaías

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 5

Israel comparado con una viña estéril

Una conmovedora parábola ilustra los cuidados de Dios para con su pueblo. Israel es la viña del Amado de Dios. Aunque fue plantada, arreglada y cuidada con la más tierna solicitud, en definitiva no produjo sino uva silvestre, incomible y sin valor. En la parábola de los labradores malvados, el Señor expresará la total decepción sufrida por el Amado que tenía todos los derechos sobre su viña, Israel (Lucas 20:9-16).
Pero estos versículos nos hacen palpar también nuestra propia ingratitud. Es como si el Señor, después de permitirnos hacer la cuenta de todas las gracias recibidas desde nuestra infancia, preguntara con tristeza a cualquiera de nosotros: ¿Qué debí de hacer por ti que no haya hecho? ¿No tenía derecho de esperar algún buen fruto de tu parte? ¡Y, sin embargo, nada produjiste para mí!
Conocemos el medio de llevar fruto. Es el de permanecer en “la vid verdadera”. Ahora que Israel, viña improductiva, ha sido quitada, Cristo ha llegado a ser esa vid verdadera y su Padre es el labrador (Juan 15:1).
En el versículo 8, Isaías empieza la serie de los “ayes…” Nos muestran las tristes consecuencias, tanto para Israel como para el ser humano en general, al rehusar obedecer a Dios.

Seis maldiciones pronunciadas

Las pasiones de los hombres y los blancos que ellos persiguen varían según su condición social o su temperamento. Unos se afanan por agregar otro campo a su campo u otra casa a su casa (aunque sin poder habitar más de una a la vez, v. 8). ¡Ay de ellos! porque esas cosas de la tierra habrá que dejarlas en la tierra… para presentarse ante Dios con las manos vacías. Otros buscan su placer en las fiestas del mundo y en la excitación engañadora del alcohol (v. 11-12, 22). ¡Ay de ellos cuando despierten demasiado tarde a las realidades eternas! También están los que se vanaglorian del pecado y provocan a Dios abiertamente (v. 18-19); aquellos cuya conciencia endurecida ha perdido la noción del bien y del mal (v. 20) y los que se complacen en su propia sabiduría (v. 21; en contraste con Proverbios 3:7). Todos los hombres están representados allí, desde el miserable borracho hasta el más grande filósofo, en una común y vana búsqueda de la felicidad (Eclesiastés 8:13). Pero el vocablo de Dios y el fin de todos los pensamientos y de todas las codicias humanas, sean distinguidos o vulgares, es: ¡Ay, ay, ay!
Veremos en los próximos capítulos de qué manera Dios se sirve de una nación (Asiria) como vara para castigar a su pueblo.