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The Mackintosh Treasury

Pecado temporal vs. castigo eterno

No le atribuimos ninguna importancia al argumento deducido de la falta de proporción entre unos pocos años de pecado y una eternidad de ayes y tormentos. No creemos que esta sea la verdadera forma de medir el asunto.

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Pecados específicos

El pasaje de Levítico 5:1 nos presenta la falta del testigo. Podemos callar un mal que a la verdad debería ser puesto en conocimiento de los demás. No se trata de denigrar ni de relatar las faltas de nuestros hermanos, pero hay casos particulares en los cuales, habiendo “sido llamado a testificar”, es necesario hablar.

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Pecados inconscientes

Ahora se presenta una gran dificultad; a menudo cometemos pecados de los cuales ni siquiera llegamos a ser conscientes de haberlos cometido, a veces incluso cuando creemos haber hecho algo bien. Sin embargo la ignorancia no nos exime de culpabilidad.

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Pecados involuntarios

Ahora surge otra pregunta: ¿Alguien es culpable solamente cuando peca conscientemente? Todo juez emitirá la sentencia de «culpable» cuando alguien infringe la ley, aun cuando la persona asegure ignorarla. Hubiera podido conocerla, ya que fue proclamada. Por eso es valedera la expresión jurídica: «La ignorancia de la ley no exime del castigo».

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Pecados totalmente perdonados: ¿sueño o realidad?

Oh, qué bendición poder repetir con el salmista: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”, y: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:1, 5-6). Verdaderamente esto es bendición, y fuera de ella no existe ninguna.

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Pecados y culpas

Levítico 4 nos habla de los pecados contra uno de los mandamientos de Dios. Podía tratarse del sacerdote ungido (v. 3-12), de toda la congregación (v. 13-21), de un jefe (v. 22-26) o de alguna persona del pueblo (v. 27-35).

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Pedir

A través de las diversas circunstancias de la vida, muy a menudo debemos pedir. ¡Tenemos tantas necesidades! La Palabra nos dice que debemos orar en todo tiempo, con toda oración y súplica (Efesios 6:18). Tratemos de discernir, pues, las clases de oraciones que dirigimos a Dios, conservando siempre el elemento imprescindible de la acción de gracias.

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Pedir con fe

En Mateo 21:22 encontramos otra condición moral esencial para la oración efectiva. “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. ¡Esta es una afirmación verdaderamente maravillosa! Le abre a la fe la tesorería del cielo. No hay ningún límite. Nuestro bendito Señor nos asegura que vamos a recibir lo que pidamos con fe sencilla.

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Pedir según su voluntad

Sí, primero debemos juzgarnos a nosotros mismos a la luz de Dios y confesar al Señor, como también a otros –en la medida en que los hayamos afectado– todo lo que no ha estado bien, y así limpiarnos mediante el juicio de nosotros mismos. Entonces podremos hablar abiertamente a Dios. Pero luego, para estar seguros de recibir lo pedido, tenemos que pedir según su voluntad.

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Pedro niega al Señor

También a través del caso de Pedro, los evangelios nos describen de qué modo el Señor desempeña el servicio del lavamiento de los pies. En la escena de Mateo 26:30-35 se nota que Pedro había perdido la comunión práctica con el Señor. El mismo no lo sabía, y nadie le había llamado la atención al respecto.

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Perdonados

Para ser perdonado, es necesario reconocerse culpable (Romanos 3:19).

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Perfeccionados para siempre

Veamos Hebreos 10:14: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. Esto no quiere decir que se haya quitado por completo el mal del corazón del creyente, ni que éste nunca volverá a pecar. La obra de Cristo es tan maravillosa, y Él llevó tan plenamente sobre sí nuestras culpas, que Dios no volverá a suscitar la cuestión de nuestros pecados.

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Permanecer en la dependencia del Señor

Otro obstáculo para nuestra vida de oración es esa profunda tendencia a ser independientes. Cuando todo va bien, fácilmente nos volvemos negligentes para orar. Nos alejamos de Dios, queremos vivir por nuestra cuenta, y en consecuencia llega el fracaso, un fracaso que durará hasta que nos volvamos nuevamente al Señor. ¡Tenemos necesidad de él para todo!

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¡Pero yo no tengo paz!

Sin embargo, ahora dices: ¡Pero yo no tengo paz! Pues bien, es porque aún no has aceptado que hace mucho tiempo ya esta paz ha sido hecha. El Señor Jesús hizo la paz. Él es nuestra paz, y él nos proclama esta paz (Efesios 2:14-17). “Haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Desde que le aceptaste tienes parte en esta paz.

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Peticiones específicas

Leamos en Lucas 11: “¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquel, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos?

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¿Podemos confiar en el propio testimonio de la Biblia acerca de sí misma?

Sí. El testimonio de un tercero sería más bien débil; porque si Dios se reveló en su Palabra –como todo cristiano lo cree–, entonces su Palabra hablará por sí misma. Toda evidencia fuera de la Biblia solo tiende a denigrar su autoridad inherente.

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Por la fe nos apropiamos de nuestra posición en Cristo

Pero esto nos lleva a otro punto. ¿Cómo podemos entrar en esta maravillosa posición? ¿Cómo puede alguien hablar este lenguaje? ¿Cómo puede alguien cuyos ojos han sido abiertos para ver su completa e irremediable ruina –su relación con el primer hombre, su posición en la vieja creación, que es una piedra del viejo edificio–, alcanzar alguna vez una posición en la que pueda agradar a Dios?

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¿Por qué Cristo resucitó para nuestra justificación? (Romanos 4:25)

La obra de Cristo fue cumplida cuando exclamó “consumado es”, entregó su espíritu (Juan 19:30) y murió. Pero, por medio de su resurrección, Dios mostró a los hombres y a los ángeles que él había aceptado la muerte de su Hijo como absolutamente suficiente y que estaba totalmente satisfecho con la persona de Cristo y su obra.

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¿Por qué el domingo?

Ahora surge la pregunta: ¿Por qué el domingo y no otro día de la semana? La respuesta parece evidente. Según el calendario judío, el primer día de la semana era el octavo, y este día es, en el lenguaje simbólico de la Biblia, el día de un nuevo comienzo.

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¿Por qué el Nuevo Testamento utiliza figuras para describir a la Iglesia?

¿Cómo podría explicarle usted a un pigmeo de la selva ecuatorial qué es un avión, si esta persona nunca ha visto uno? Sin duda, usted utilizará figuras; por ejemplo, le dirá que un avión es como un ave muy grande, pero hecho de metal, que no puede pararse en los árboles, que se alimenta con gasolina, etc. Esto podría darle una idea aproximada de lo que es un avión.

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¿Por qué el Señor Jesús fue desamparado por Dios?

Este hecho era completamente contrario a la experiencia y a lo que se podía esperar (Salmo 37:25). El Señor clamó: “¿Por qué me has desamparado?”. Esta expresión la hallamos en el Salmo 22:1, en un contexto más amplio que nos enseña que, normalmente, aquellos que confían en Dios son liberados y no son avergonzados (v. 4-5).

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¿Por qué es fundamental la inspiración verbal?

Porque la Biblia (y el lenguaje en general) se compone de palabras. Por lo tanto, si no confiamos en las palabras, no podemos confiar en nada. Un juez basa sus juicios en los términos de la ley. Un albacea –un ejecutor testamentario– deberá ceñirse a las palabras exactas del testamento para cumplir fielmente la voluntad del finado.

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¿Por qué es inexcusable que un creyente siga pecando? (Romanos 6:1)

Porque estamos muertos con respecto al pecado

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¿Por qué es tan grave negar que el Señor Jesús es el Hijo eterno?

Porque si esta verdad es negada, todo está perdido. La característica esencial del cristianismo es que Dios es un Dios de amor. Pero, ¿cómo conocemos el amor de Dios? Por el hecho de que nos ha dado a su Hijo, a su único Hijo (léase Juan 3:16, 1 Juan 4:9-10, 14; compárese con Génesis 22:2 y con Marcos 12:6).

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