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Virtudes de los ancianos
Como es justo, el apóstol empieza por los ancianos, por los que ocupan una posición venerable y, en consecuencia, particularmente responsable de dar ejemplo en la familia de Dios: “Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia” (v. 2).
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Virtudes de los ancianos
En cuanto a las cualidades personales del anciano, el apóstol señala en primer lugar cinco caracteres negativos.
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Vista exterior de la ciudad
El apóstol oye las mismas palabras que había oído anteriormente (cap. 17:1; 21:9), pronunciadas por uno de los siete ángeles que tenían las siete copas de juicio. La primera vez era para ver la ciudad terrenal y escuchar la sentencia de juicio de la segunda Babilonia, la ramera. Ahora se trata de la ciudad celestial, la esposa del Cordero.
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Volveos e id…
“Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Habéis estado bastante tiempo en este monte. Volveos e id al monte del amorreo y a todas sus comarcas, en el Arabá, en el monte, en los valles, en el Neguev, y junto a la costa del mar, a la tierra del cananeo, y al Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates” (v. 6-7).
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Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho
Volvamos ahora nuestra atención sobre la aplicación práctica de estas verdades a la conciencia de cada miembro de la congregación.
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Voz como de trompeta
Un estrepitoso toque de atención
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Voz como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos
Voz como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos – véase 14:2.
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Voz del cielo
Voz del cieloa.
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Voz del cielo como estruendo de muchas aguas
Voz del cielo como estruendo de muchas aguas – véase 1:15. Como sonido de un gran trueno – véase 4:5. Voz como de arpistas – véase 5:8.
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¡Vuelvan a mí!
“Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos” (v. 6). Si bien el corazón del hombre rechaza a Dios y le desprecia, Dios no varía. Hace promesas a Jacob y las cumplirá cueste lo que costare, pues él es un Dios fiel y no puede negar su eterna bondad.
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“Y Aarón calló”
Hay algo extraordinario en el modo en que Aarón recibió el rudo golpe de la justicia de Dios: “Y Aarón calló” (v. 3). Era una escena solemne.
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¡Y el mar ya no existía más!
¡Cuántas cosas se encierran en esta expresión de Apocalipsis 21:1! Si ahora faltara el mar, ninguna vida podría subsistir en la tierra, salvo un milagro de Dios. Ni hombre, ni animal, ni planta podrían vivir en ella.
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Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos
Ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:4-5).
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Ya no estamos sometidos al dominio de la carne
“Mientras estábamos en la carne”. ¿Qué quiere decir la expresión “estar en la carne”? La encontraremos varias veces aun. “Estar en la carne” significa Estar ante Dios en el terreno o en la posición del primer Adán y, según esta posición, ser responsables ante él.
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Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí
¿En qué situación estamos ahora como cristianos? Oigamos la respuesta: “Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios.
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“Yo soy el que soy”
“Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros” (v. 14). El título que Dios toma aquí es maravillosamente significativo. Escudriñando en las Escrituras los diversos nombres con que Dios se revela, vemos que cada uno de ellos está en relación íntima con las distintas necesidades de aquellos con quienes Dios se pone en relación.
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“Yo soy tu escudo y tu galardón”
Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (v. 1). Dios no permitió que su siervo sufriera pérdida alguna por haber rechazado las ofertas del mundo.
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Yo y mi casa
Después de recordar al pueblo los diez mandamientos, Moisés le enseñó otros estatutos de parte de Dios: “Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu
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Zabulón e Isacar
“A Zabulón dijo: Alégrate, Zabulón, cuando salieres; y tú, Isacar, en tus tiendas. Llamarán a los pueblos a su monte; allí sacrificarán sacrificios de justicia, por lo cual chuparán la abundancia de los mares, y los tesoros escondidos de la arena” (v. 18-19).
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Pláticas sencillas
Zacarías y Elisabet
Entre las personas que temían a Dios se encontraba un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías (1 Crónicas 24:10), y su mujer Elisabet, de las hijas de Aarón. “Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (v. 6).
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Como triunfal conclusión de lo que acaba de ser dicho, este capítulo comienza con las siguientes palabras: “Justificados, pues, por la fe”[1]. Ya no hay duda que subsista ni cuestión que se plantee.
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