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El bautismo: un mandamiento divino

Este bautismo se celebra, expresamente por orden de Jesucristo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Él dio esta orden después de su resurrección de los muertos, cuando estaba a punto de subir al cielo, para ser glorificado allí. Los discípulos la ejecutaron después que el Espíritu Santo descendió sobre ellos.

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El creyente es liberado de su antiguo amo

Insistamos una vez más en el hecho de que el cristiano no tiene que morir al pecado, sino que ya está muerto a él, pues está crucificado con Cristo. No está libre de cometer ciertos pecados o de corresponder a malas inclinaciones, sino que todo el viejo hombre ha sido puesto a un lado y juzgado en la cruz.

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El cristiano no es de este mundo

Es posible que esta sumisión cause al cristiano disgustos de diversa índole y que tal vez experimente incluso pérdidas sensibles y sufrimientos; pero, sin embargo, eso no debe cambiar en nada su manera de actuar. Por otra parte, ¿se puede esperar otra cosa en un mundo de injusticia?

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El deseo de Pablo

Pablo daba gracias de ello a su Dios y, cuanto más lo hacía, cuanto más llevaba en su corazón, con ardiente amor y continuas oraciones, a los creyentes de Roma, más profundo era su deseo de verlos a fin de hacerles partícipes de algún don de gracia espiritual y de afirmarlos en la fe (v. 9-11).

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El Dios de esperanza

A ello se refiere el deseo o la oración del fiel siervo en favor de los santos de Roma: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (v. 13).

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El Dios de paciencia y consolación

Respecto de esta declaración en cuanto a que las Escrituras han sido escritas para nuestra instrucción, etc., el apóstol menciona en el versículo 5 a Dios, El Dios de la paciencia y la consolación.

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El ejemplo perfecto

Aquí termina esta parte de las exhortaciones. La continuación dirige muy especialmente nuestras miradas hacia la forma en que el propio Cristo obró aquí abajo. “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran” (v. 14-15). ¡Qué perfecto ejemplo tenemos en nuestro amado Salvador!

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El endurecimiento de Faraón

Cuando Dios quiere hacer uso de su gracia, qué grave es el pecado de un hombre que se opone a esta voluntad y procura contrariar los designios de Dios. Él debe ser conocido en toda la tierra como el Dios que no permite que uno se burle de él impunemente.

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El Espíritu nos ayuda

“De igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (v. 26).

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El estado de los judíos (cap. 2:17-29)

El apóstol, después de describir en el primer capítulo el estado de culpabilidad de los paganos y referirse en los primeros dieciséis versículos del segundo capítulo a la responsabilidad del hombre en general (judío o pagano) frente a Dios, se dirige seguidamente a los judíos en particular.

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El Evangelio del reino predicado por los judíos

¿El apóstol se había equivocado, como lo decían los judíos, al anunciar a todo el mundo el dichoso mensaje de Jesús? No, pues ya las Escrituras del Antiguo Testamento, como lo hemos visto, justificaban su servicio, y ¡cuánto más entonces el testimonio del Señor mismo! Es hermoso encontrar aquí la misma expresión que en el capítulo 3: “No hay diferencia”.

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El Evangelio, poder de Dios

El Evangelio es poder de Dios y no una simple doctrina o una regla de conducta para el hombre, como lo había sido la ley. Por eso es también para “todo aquel que cree”. Él no exige nada del hombre, sino que le otorga una salvación, cumplida en santidad y justicia, proveniente de Dios en forma directa y que manifiesta el poder de Dios.

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El Hijo de Dios tuvo que morir

Como lo hemos dicho frecuentemente, el fundamento de todo ello es la muerte y la resurrección de Jesucristo. Esta gloriosa obra de la redención es una vez más contrastada con la completa impotencia de la ley del Sinaí.

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El juicio de Dios será justo en cada caso

El apóstol habla seguidamente de las diferentes responsabilidades de los hombres. Todos ellos son responsables, pero el juicio de Dios será justo en cada caso, determinando la medida de la culpabilidad de cada uno según la magnitud de su responsabilidad. Había hombres sin ley (los paganos) y otros bajo la ley (los judíos).

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El misterio de Cristo y su Iglesia

El corazón del apóstol estaba lleno de lo que él llama “su evangelio” (ese misterio estaba sin cesar con todo su frescor en su alma) y ahora no puede hacer otra cosa que referirse a él aunque más no fuese brevemente.

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El nuevo hombre desea el bien, el viejo hace el mal

“Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (v. 15). La decepción es grande, ya que, en lugar de encontrar, después de su conversión, el alivio, la paz y el gozo, el pobre hombre debe descubrir que hay en él un poder del que no puede liberarse y que le impide cumplir el bien que querría hacer.

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El olivo y sus ramas

El apóstol, bajo la dirección del Espíritu, prosigue exponiendo su pensamiento. En la segunda mitad de este capítulo se vale de la imagen de un olivo y sus “ramas”.

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El paréntesis de los versículos 13 a 17

“Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado” (v. 13). La presencia de la muerte era la prueba irrefutable de que el pecado existía, puesto que la muerte es la paga del pecado. Un acto no configura un pecado solamente porque esté prohibido por la ley.

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El recuerdo de la misericordia de Dios para los judíos y los gentiles

En los versículos 8 a 13, el apóstol recuerda una vez más, brevemente, los grandes principios que constituyen el tema de esta epístola, ante todo el acceso de los paganos a los privilegios del Evangelio.

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El servicio inteligente

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (v. 1). Estas palabras nos llevan al capítulo 6 de la epístola, donde somos invitados a entregarnos nosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia (v. 13).

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El símbolo del lavamiento de los pecados

En casi todo el libro de los Hechos de los apóstoles, el bautismo está relacionado con la persona del Señor. Cuando se menciona por primera vez el bautismo en el capítulo 2:38, Pedro dice a los judíos: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados”.

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El tribunal de Dios y de Cristo

Antes de seguir adelante deseo detenerme un instante para considerar la palabra “tribunal”. Encontramos esta expresión en el versículo 10 y en 2 Corintios 5:10; en el primero en relación con Dios y en el segundo en relación con Cristo; pero ni en el uno ni en el otro está dicho que el creyente deba ser juzgado ante ese tribunal, pues ello significaría su condenación eterna.

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El valor actual del Antiguo Testamento

La cita del pasaje del Salmo 69 da oportunidad al apóstol para recordar el hecho tan importante de que Todas las cosas que se escribieron antes fueron escritas para nuestra instrucción.

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En Cristo hay esperanza para Israel

Israel se alejó de Dios, pero a pesar de todo puede volver a él. El mandamiento no es demasiado maravilloso, ni está demasiado alejado de él. No tienen necesidad de ir a buscarlo al cielo o más allá del mar; está muy cerca de ellos, en sus bocas y en sus corazones.

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