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Introducción

Las presentes cartas fueron dirigidas, en 1857, a una asamblea

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La cuestión del nombre

Empecemos estableciendo un punto que muy a menudo es considerado a la ligera: debemos repudiar todo nombre distintivo mediante el cual daríamos aprobación a una división más de la Iglesia.

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La Iglesia edificada por los dones

Muy amados hermanos: Volviendo al tema del cual os escribí últimamente, quisiera presentarles el siguiente recorte de un tratado escrito hace nueve o diez años. El autor es un hermano que ha sido muy honrado por Dios entre nosotros y que es personalmente conocido por la mayoría de ustedes. El tratado está redactado en forma de diálogo. Helo aquí:

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La Iglesia según el pensamiento de Dios

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La marcha de la asamblea

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La obra del servicio

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La victoria de la nueva naturaleza

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Las reuniones

Una misma y preciosa exhortación domina por entero la vida práctica de la asamblea: “Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1 Corintios 16:14). Este amor, inseparable de la verdad (2 Juan 3), ciñe su “vínculo”, el de la “perfección” (Colosenses 3:14), alrededor de los creyentes, particularmente en las ocasiones en que la iglesia se halla reunida.

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Lo que los hombres han hecho de la Iglesia

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Observaciones sobre la dependencia mutua de los santos en las reuniones de edificación, y sobre otros temas

Amadísimos hermanos: En esta carta, mis observaciones serán más deshilvanadas que en las cartas anteriores. Tengo el propósito de hacer énfasis sobre diversos puntos que no podían fácilmente figurar entre los temas que he tratado anteriormente.

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Principios de la congregación de los cristianos

Las instrucciones y exhortaciones del Nuevo Testamento raramente consideran al cristiano en un estado aislado, sino como formando parte de un conjunto, el de los “santos” (Romanos 1:7; 1 Corintios 1:2; 14:33; 16:1; Judas 4; etc.). Esta cualidad de “santos” no es el resultado de algún mérito en ellos; son santos por la vocación de Dios, en virtud de la perfecta obra de Cristo.

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¿Qué hacer en el presente estado de cosas?

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1. Iglesias de afirmación católica

La iglesia romana afirma ser “la Iglesia”, la única, y monopoliza el título de católica, es decir universal. Pero, en diversos grados, reivindican el mismo título las grandes iglesias orientales que no reconocen al papa romano.

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2. Iglesias parciales

Las otras iglesias son organizaciones religiosas que se han separado de las precedentes, principalmente desde la Reforma, para constituir iglesias independientes, expresamente parciales y distintas dentro de la cristiandad. Sean o no nacionales, nada cambia con referencia a sus fundamentos.

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3. Fuera del campamento (o del campo religioso)

La tercera categoría se halla constituida por los agrupamientos, mucho menos numerosos, de cristianos salidos de las dos primeras para reunirse de acuerdo con las enseñanzas de la Palabra, sin clero ni reglamentos particulares, pero sí en el nombre del Señor Jesús.

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¿A quién podemos creer?

Voy a presentar otro ejemplo para explicar mejor esta cuestión. –Una tarde, estando usted en su casa entra un individuo y le dice que el jefe de la estación ferroviaria cercana acaba de morir arrollado por el tren. Pero dicho sujeto es conocido como el más atrevido embustero en toda la vecindad. ¿Creería usted, o se esforzaría siquiera en dar crédito a tal persona?

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Apéndice de la cuarta carta

A lo que dice aquí el autor referente a ciertos defectos en las oraciones, los cuales nunca pueden proceder del Espíritu de Dios, el editor se toma la libertad de añadir unas palabras sobre el mismo tema.

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Apéndice de la primera carta

Por importante que sea la doctrina de la presencia y de la obra del Espíritu Santo en la Iglesia, no hay que confundirla con la presencia personal del Señor Jesucristo en la asamblea de los dos o tres reunidos en Su nombre.

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Apéndice de la quinta carta

Amado hermano:

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Apéndice de la segunda carta

De tal manera eran enfocados estos temas por uno de los primeros hermanos que quisieron reunirse al solo nombre de Jesús.

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Bajo una dirección enteramente nueva

Hace unos meses vi el siguiente anuncio al frente de un gran edificio que parecía ser un hotel: «Esta casa se abrirá de nuevo al público en breve, bajo una dirección enteramente nueva». Supuse que dicho hotel había cambiado de dueño y que éste había puesto un nuevo director. El anuncio me hizo pensar en el pasaje que acabamos de citar (1 Corintios 6:19-20).

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Características permanentes de una asamblea

En lo que concierne a la congregación de los creyentes, se nos prescribe no dejarla, “y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).

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Conclusión

No sin tristeza llegamos a hablar de las divisiones, asunto que consume de dolor nuestros corazones, mientras que el ocuparnos de la Iglesia o Asamblea de Dios solo debería producir en nuestro ánimo sentimientos de amor, dulzura, y gozo.

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Confiar en Cristo es estar preparado

Ahora bien, cada creyente tiene, por fe en la obra cumplida por el Salvador –muerto por nuestros delitos y pecados, resucitado para nuestra justificación y glorificado en el cielo– lo que corresponde al «pasaje» de nuestro ejemplo; es decir, la indiscutible prueba de que su viaje al cielo está enteramente pagado, pues es cierto que la Escritura nos asegura que “en él (Cristo) es justificado tod

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