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Pláticas sencillas
La impotencia de los discípulos para sacar un demonio
Durante la maravillosa escena de la transfiguración, sucedía otra muy diferente entre la multitud y los discípulos. Estos, enfrentando el poder de Satanás, no podían expulsar un demonio que atormentaba cruelmente a un joven.
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Pláticas sencillas
La incredulidad de Zacarías
Después de haber pasado mucho tiempo suplicando al Señor que le diera un hijo, Zacarías no podía creer el mensaje que el ángel le dio. Preguntó como podrían tener un hijo si él y su mujer ya eran ancianos. Olvidaba que aquel a quien había orado era Dios, y que Él cumple lo que quiere, sin importar los medios que desea emplear.
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Pláticas sencillas
La institución de la Cena
Mientras estaban sentados a la mesa, Jesús, preocupado por los suyos, instituyó el memorial de su muerte. Estaban comiendo la última pascua.
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Pláticas sencillas
La intervención de los jefes religiosos
La curación del lisiado y el discurso de Pedro no tardaron en llamar la atención de las autoridades religiosas. Es la primera vez que las vemos en contacto con los apóstoles, o más bien con el poder del Espíritu Santo.
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Pláticas sencillas
La invitación a la gran cena
Uno de los invitados, después de oír lo que Jesús enseñaba, le dijo: “Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios” (v. 15). En efecto, será dichoso; pero Jesús respondió mostrando cómo los hombres, y en primer lugar los judíos, respondieron a la invitación divina. Comparó a Dios con un hombre que hizo una gran cena y convidó a mucha gente.
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Pláticas sencillas
La lámpara del cuerpo
Después de haber dicho que en medio de los judíos había uno más grande que Jonás y que Salomón, Jesús añadió: “Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz” (v. 33). Esta lámpara era el Señor que había venido al mundo; él era “la luz del mundo” (Juan 8:12).
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Pláticas sencillas
La levadura
“El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado”. Esta es otra forma de mal que caracteriza al reino. La levadura es emblema de la falsa doctrina introducida en el reino, desde el principio, y que penetró en la masa corrompiendo la enseñanza divina.
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La levadura de los fariseos
A pesar de la oposición de los jefes del pueblo, las multitudes se reunían por miles en torno a Jesús, a tal punto que los asistentes se atropellaban unos a otros. Sin embargo, es a sus discípulos a quienes Jesús se dirige. Les da las instrucciones necesarias para el cumplimiento de su servicio después de su partida.
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Pláticas sencillas
La levadura que se debe evitar
Jesús advirtió a sus discípulos contra los principios de los fariseos y de Herodes: “Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes”(v. 15). La levadura es el símbolo de una doctrina corruptora.
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La ley mantenida y superada en el reino
En lo que resta del capítulo 5, el Señor mantiene las exigencias de la ley respecto de uno mismo, en tanto que se aplican los principios de la gracia a los otros. Muestra que cualquiera que quebrante la ley sufrirá las consecuencias de tal conducta. Si Jesús trajo la gracia y la revelación del Padre, no lo hizo disminuyendo las exigencias de la naturaleza divina.
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La liberación de Pedro
“Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme.
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La liberación milagrosa de los apóstoles
Al ver que el pueblo alababa grandemente a los apóstoles y que su influencia se extendía a las ciudades aledañas, desde donde traían a los enfermos a Jerusalén, el sumo sacerdote y los saduceos que lo rodeaban sintieron grandes celos y encarcelaron a los apóstoles. Ellos veían disminuir su prestigio entre el pueblo y querían conservarlo a cualquier precio.
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La llegada a Malta
Los náufragos supieron que la isla se llamaba Malta (v. 1). Fueron bien recibidos por los nativos del lugar, quienes les encendieron un gran fuego para que se calentasen y secasen sus vestidos, porque hacía frío y seguía lloviendo (v. 2). Pablo no permaneció inactivo. Fue a recoger ramas secas para alimentar el fuego y mientras una víbora, queriendo huir del calor, se le prendió de la mano (v.
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La madre y los hermanos de Jesús
La madre y los hermanos de Jesús según la carne, son figura del pueblo judío con el cual el Señor ya no podía tener relación. En los versículos anteriores, Jesús mostró cómo trabajaba para obtener un pueblo que llevara fruto. Ahora reconoce como su familia solo a aquellos que escuchan su palabra y la ponen en práctica.
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La madre y los hermanos del Señor
Cierto día, mientras Jesús hablaba a las multitudes, vinieron a decirle que su madre y sus hermanos querían hablarle. Pero él respondió: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre”.
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La misión de los doce apóstoles
Al final del capítulo anterior, Jesús dijo a los discípulos que rogaran al Señor de la mies a fin de que enviara obreros a su mies. Aquí, él mismo los envió. Pues, a pesar de su humillación, él era el Señor de la mies, el Señor de todo. Se revelaba como tal anunciando a su pueblo que el reino de los cielos se había acercado.
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La moneda perdida
La parábola de la mujer que buscaba una moneda que se le había perdido, presenta una vez más el amor de Dios para con el pecador perdido. Aquí otra vez, toda la actividad proviene del que busca, pues es imposible que una moneda vuelva sola de su extravío.
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La muerte de Esteban
Al ver pasar delante de sus ojos el cuadro espantoso aunque real de su propia historia, los judíos “se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él” (v. 54). Nada exaspera tanto al hombre como oír la verdad sobre lo que él es, sin que sea tocado por la gracia de Dios. ¡Qué contraste entre estos hombres y la samaritana!
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La muerte de Herodes
Si el corazón de los discípulos rebosaba de gozo después de la liberación de Pedro, no sucedía lo mismo con los soldados que debían custodiarlo, como tampoco en casa de Herodes. Cuando fue de día, “hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué había sido de Pedro” (v. 18). ¡Es lógico!
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La muerte de Jesús
La obra estaba cumplida, Jesús no tenía nada más que hacer en la cruz. En plena posesión de sus fuerzas, lanzó un fuerte grito y exhaló. Este último acto de su vida fue un acto de obediencia, como todo lo que había hecho hasta entonces. Él dio su vida por obediencia. Había dicho a sus discípulos: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
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La muerte de Jesús
A diferencia de Mateo y de Marcos, Lucas destaca más los sufrimientos del Señor en Getsemaní que los que sufrió en el Gólgota. Describe los terrores que la cercanía de la muerte producía sobre el Hombre perfecto, su dependencia en el sufrimiento, su sumisión a la voluntad del Padre para recibir de su mano la copa de dolores.
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La muerte de Juan el Bautista
En el capítulo 11:2 a 6, vimos a Juan el Bautista en la cárcel. Aquí conocemos la causa de su encarcelamiento. Herodes, el príncipe que gobernaba en Galilea, aunque sentía cierto respeto por Juan, lo hizo encarcelar porque Juan le había dicho que no le era lícito tener por mujer a Herodías, su cuñada. Por esta causa ella lo odiaba y quería que Herodes lo hiciera matar.
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La muerte y la sepultura de Jesús
“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu” (v. 50). Todo lo que Jesús tenía que hacer lo había hecho, no era necesario que permaneciera más tiempo en la cruz. Normalmente los crucificados debían esperar, con muchos sufrimientos, que una muerte lenta y natural pusiese fin a su larga agonía. A veces se quedaban tres o cuatro días en la cruz antes de expirar.
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La mujer cananea
Jesús se retiró después a la vecindad de Tiro y de Sidón. Allí, como en cualquier otra parte, el poder del diablo se hacía sentir. Pero también se encontraba, en una pobre pagana, la fe en el poder y en la bondad del Señor. Una mujer cananea, al ver a Jesús, clamó: “¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio” (v. 22).
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