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Desear los dones

En el último versículo del capítulo 12 y en el primero del 14, el apóstol exhorta a los santos de Corinto a procurar “los dones mejores” y a procurar “los dones espirituales”. A menudo oigo estas palabras en la boca de creyentes, pero me pregunto si expresan un deseo real que sale del fondo de nuestros corazones y de nuestras conciencias.

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Dios es quien da el crecimiento y quien juzga

El apóstol cita como ejemplo el carácter que Apolos y él tenían entre los corintios (v. 5-8). Eran siervos. En su campo, Dios les había confiado, a uno, el trabajo de plantar, al otro, el de regar, y la función de los dos concurría al mismo fin. Sólo Uno podía hacer prosperar esos trabajos; Apolos y Pablo no eran nada; era Dios quien daba el crecimiento.

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Diversidad en la unidad

Pero si somos bautizados por un solo Espíritu para ser un solo Cuerpo, el Espíritu le distribuye diversos dones por gracia. Hay diversidad en la unidad. “Ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo” (v. 20). “Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos” (v. 14). Cada miembro tiene su lugar ordenado en el conjunto del Cuerpo.

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División de la carta

Volvamos ahora, pues, al asunto de la división de esta epístola. Hemos visto que los dos primeros capítulos nos hablan de la cruz de Cristo como base de toda nuestra posición cristiana. Los capítulos 3 al 9 tratan del orden que conviene a la casa de Dios; los capítulos 11 al 14, del que conviene al cuerpo de Cristo.

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Dos clases de obreros

Los primeros edifican sobre el fundamento con oro, plata, piedras preciosas. Son aquellas doctrinas aportadas para la edificación de la casa de Dios, pero, al mismo tiempo, son aquellas personas formadas por estas doctrinas y añadidas al edificio por el ministerio de los obreros del Señor.

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Ejemplo y advertencias para nosotros

Fijémonos en las palabras del apóstol: Estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros (v. 11).

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El amor: condición indispensable para ejercer los dones

En el capítulo 12 hallamos la doctrina de los dones del Espíritu Santo y, en el capítulo 14, esos dones en ejercicio, pero el capítulo 13 introduce entre estos dos temas una condición absolutamente indispensable para el ejercicio de los dones: el amor. Sin el amor, tengámoslo bien en cuenta, son absolutamente inútiles.

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El amor en acción

Todas estas cosas conducen al apóstol a la descripción del amor. No da una definición propiamente dicha, pues el amor es la misma esencia y la naturaleza de Dios. Más bien da la descripción del amor en acción, y esto es precisamente lo que necesitamos saber.

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El amor, una energía positiva

El apóstol termina su lista con estas palabras: “Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (v. 7). En el amor hallamos no sólo los caracteres negativos de los cuales acabamos de hablar, sino también una energía positiva que nos hace capaces de soportarlo todo: trabajos, fatigas, sufrimientos; de creerlo todo.

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El bautismo por los muertos

En el versículo 29, el apóstol retoma el tema interrumpido en el versículo 19. “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?”.

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El camino más exelente

El capítulo 13 empieza por mostrar que uno puede poseer todas las ventajas espirituales sin ningún resultado: Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe (v. 1).

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El creyente no tiene que esperar nada de este mundo

A continuación el apóstol recomienda a los corintios “no pensar más de lo que está escrito” (v. 6). “Lo que está escrito” es lo que tenían ante los ojos en esta carta inspirada del apóstol Pablo.

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El cuerpo de Cristo

El capítulo que encabeza esta división es, por así decirlo, un curso de fisiología espiritual.

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El ejemplo de Israel

En el capítulo 10 (v. 1 al 4), el apóstol aborda esta pregunta: ¿Qué es la profesión cristiana y qué derecho da a la salvación eterna? En respuesta, pronuncia el juicio más completo sobre la cristiandad profesante. Toma el ejemplo del pueblo de Israel y lo aplica a lo que ha salido del cristianismo.

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El Espíritu Santo, poder de la nueva vida para el creyente

Esto nos conduce al tercero de los caracteres del creyente, contenidos en esta introducción de la epístola a los Corintios. Si Dios nos ha comunicado su naturaleza y la vida de Cristo, al mismo tiempo nos ha comunicado el poder de esta vida, el Espíritu Santo, por el cual conocemos ahora los propósitos escondidos, los profundos misterios de Dios.

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El estudio de la Palabra

La división en temas, que hemos mencionado, tan simple y lógica, por así decirlo, la encontramos una y otra vez en las Escrituras.

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El funcionamiento del Cuerpo

Cuando estamos reunidos en iglesia, ¿cómo ha de conducirse ésta? Tal pregunta tiene para nosotros una importancia capital. Sin duda ya no nos parecemos a la asamblea de Corinto, la que se reunía en conjunto –es decir todos los creyentes de Corinto– en un mismo lugar.

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El ministerio cristiano se distingue por el poder

Para terminar, el apóstol dice: Iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder (v. 19-20).

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El orden conviene a la casa de Dios

En los primeros capítulos esta epístola nos habla de la Iglesia o Asamblea como casa de Dios, no de las iglesias, como los hombres llaman a sus denominaciones en desobediencia a la Palabra de Dios.

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El orden y el organismo de la Iglesia, el cuerpo de Cristo

El final del capítulo 10 y los siguientes nos colocan ante un nuevo tema: el orden y el organismo de la Iglesia como cuerpo de Cristo. Para el «Cuerpo», como para la «Casa», la epístola a los Corintios difiere mucho de la dirigida a los Efesios.

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El peligro del conocimiento sin el amor

Después introduce un paréntesis: El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él (v. 1-3).

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Estado moral de los corintios

Señalemos en primer lugar los lazos en que habían caído los santos de Corinto. Bajo una forma u otra, desgraciadamente, los hallamos demasiado a menudo entre nosotros y, por lo tanto, teniendo nosotros más instrucción que ellos, pues poseemos todo el pensamiento de Dios por la Palabra escrita, el que ellos aún no poseían, somos más culpables si nos dejamos atrapar.

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Ganar a todos por el Evangelio

Desde el versículo 19 añade aún otro punto. Él era libre, enteramente libre, pero se había hecho siervo de todos. Es uno de los hermosos rasgos del carácter de este querido servidor de Dios: nunca había pensado en sí, mientras que otros, atacando su apostolado, procuraban elevarse sobre sus escombros.

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Hacer todo para la gloria de Dios

Los versículos 23 al 33 nos exhortan a no buscar cada cual su propio bien, sino el del otro. Es la consecuencia natural del hecho de que somos un solo pan, un solo Cuerpo. El apóstol termina diciendo: Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios (v. 31).

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