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Cristo intervino entrando en la muerte

Pero Cristo intervino: entró en la muerte. ¡Qué verdad más maravillosa! El Príncipe de la vida penetró allí. Entonces, ¿qué es la muerte para el creyente?

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Cristo le da una nueva importancia a la resurrección

En cuanto al Nuevo Testamento, es fácil comprobar que está lleno de esta verdad, la cual es consecuencia de la obra del Señor, quien “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1:10). Él introdujo la vida eterna, la cual pone al alma y al cuerpo más allá de la muerte y su poder.

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Cristo nuestro abogado

La palabra griega “parakletos”, que aquí se traduce por “abogado”, aparece solamente en Juan 14, 16, y en esta cita. Allí es traducido por “Consolador” y se aplica al Espíritu Santo.

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Cristo padeció el juicio

Cristo soportó plenamente el juicio de Dios antes de que llegara el día del juicio. Sufrió la muerte como paga del pecado, pese a ser inocente. Así la muerte dejó por completo de sembrar el terror en el alma del creyente.

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¿Cuándo y con qué frecuencia debemos celebrar la Cena del Señor?

En la eternidad alabaremos y adoraremos al Cordero en todo momento. En los bendecidos primeros días de la Asamblea, los creyentes celebraban la Cena del Señor diariamente (Hechos 2:46). Pero como más tarde las circunstancias cambiaron, de modo que ya no podían reunirse todos los días, lo hacían el primer día de la semana.

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Dios endurece a algunos hombres

El versículo 17 es una cita de Éxodo 9:16. Dios dijo a Faraón que endurecería su corazón para manifestarle todo Su poder. Pero primero debemos leer lo que había ocurrido antes. En Éxodo 5:2 Faraón dice: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel”. Luego agravó la servidumbre del pueblo (cap. 5:18).

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Dios es libre de actuar como desea

En Romanos 9:19-21 esta cuestión se trata de modo muy general. ¿No tiene Dios el derecho de hacer con sus criaturas lo que quiere? Tendría derecho a hacer de un hombre un vaso para honra y de otro un vaso para deshonra. ¿Puede la cosa creada tener por responsable al Creador y pedirle cuentas? Dios, como Creador, tiene el derecho de hacer con sus criaturas lo que le plazca.

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Dios es luz y no hay tinieblas en él

Esta comunión con el Padre y con su Hijo solo puede realizarse evidentemente si estamos en armonía con la naturaleza de Dios. Dios es luz. Por lo tanto, hemos de estar en la luz para tener comunión. En otro tiempo éramos tinieblas, pero ahora somos luz en el Señor (Efesios 5:8).

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Dios sabía quiénes éramos nosotros

Ahora dices: «No compruebo ningún cambio. Hago aun más cosas equivocadas que antes». Creo que ahora ves muchos más pecados en ti que antes. Eso no puede ser de otra manera, pues el Espíritu Santo te ha iluminado los ojos, pero cuando viniste a Dios, él ya te conocía. Conocía tu corazón, tu vida, todos los pecados que habías cometido y los que cometerás en el futuro.

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¿Dónde debemos adorar?

Sin duda alguna, cada creyente debe adorar personalmente. ¿Cómo podemos contemplar la obra del Señor Jesús, el amor y la bondad del Padre, sin dar gracias y alabar? Pero estas cosas las tenemos juntamente con todos los hijos de Dios, lo que nos conduce espontáneamente a la adoración en común.

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Ejemplos bíblicos

Los partidarios de las sanidades actuales seguramente habrían exhortado al apóstol Pablo a rechazar su aguijón en la carne. Él mismo, antes de conocer el pensamiento del Señor, le había pedido que retirara su prueba, pensando que esta entorpecería la obra que le había sido confiada. Pero, para él, como para nosotros, la respuesta del Señor fue perfecta:

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El alimento para la nueva vida

La Palabra de Dios también es el alimento para la nueva vida. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca (Salmo 119:103).

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Él aprendió la obediencia

Él sabe lo que para nosotros significa obedecer a Dios mientras vivimos en un ambiente hostil a Dios, puesto que aprendió la obediencia (Hebreos 5:8). Nunca había obedecido, pues era el Dios Altísimo. Pero como hombre en la tierra, aprendió lo que era la obediencia. Él dice: “Despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios.

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El carácter exclusivo de la Cena del Señor

Hemos visto que solo los verdaderos creyentes pueden participar en la Cena del Señor. En otras citas, como en 1 Corintios 5 y en la segunda epístola de Juan, se mencionan algunas cosas por las cuales ciertas personas, reconocidas como verdaderos creyentes, están impedidas para tomar parte en dicho acto.

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El cristianismo lleva un carácter eterno

Estos versículos todavía queda una importante conclusión que sacar: Dios nos escogió en Cristo “antes de la fundación del mundo”. Esta elección es fuera del tiempo, se remonta aun desde antes de que el tiempo haya empezado; es para la eternidad y no para esta tierra.

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El cuerpo de Cristo, la Iglesia

Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan (1 Corintios 10:17).

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El estado intermedio

El estado del alma después de la muerte no es más que un estado intermedio, digno del mayor aprecio, desde luego, para el cristiano, pero que no deja de ser transitorio, no definitivo. Por esto, la Escritura habla relativamente poco de dicho estado, aunque nos informa acerca de las bendiciones que se desprenden de él.

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El gobierno del Padre

El gobierno del Padre incluye todos los hechos y los designios de amor y disciplina del Padre para con sus hijos: “Porque el Señor al que ama disciplina... Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

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El Hijo del Hombre que está en el cielo

En los versículos 11 y 13 del capítulo 3, el Señor muestra el maravilloso secreto de su persona: es el Hijo del Hombre que está en el cielo. Juan 1:1 nos dice que él es Dios mismo, el Eterno. Pero en el versículo 14 está escrito: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Dios y hombre en una persona, ¡qué misterio!

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El Hijo del Hombre tuvo que ser levantado

A partir del versículo 12, el Señor empieza a hablar sobre cosas celestiales, adelantando otra necesidad a un primer plano. El Hijo del Hombre que está en el cielo conoce la gloria del cielo, la morada de Aquel que “es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Juan 1:5). Y si los hombres han de entrar en la gloria, primero debe resolverse la cuestión del pecado.

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El hombre es pecador

Esta es una horrible verdad. Muchas personas no piensan en ella, y aun hay quienes la niegan. Pero, ¿estarán convencidos de lo que afirman? Un hombre sincero debe reconocer que con frecuencia comete errores.

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El lavamiento de los pies

La noche en que el Señor “fue entregado”, presentó este servicio por medio de un acto simbólico. Su deseo era instituir la Cena, el símbolo de la comunión del Salvador muerto con todos los miembros del cuerpo de Cristo (Mateo 26:26-29; 1 Corintios 10:16-17). Pero, ¿cómo podía haber comunión entre los discípulos manchados prácticamente y el Señor que moría precisamente para aniquilar el pecado?

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Él llama a quien quiere

“Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:13-14). En estos versículos se trata del llamamiento de los doce apóstoles. La misión que ellos recibieron no puede compararse con la que el Señor da ahora a sus siervos.

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El mundo entero está bajo el maligno

Dios creó a Adán en inocencia y pureza, pero Adán no lo escuchó y le desobedeció, haciéndose pecador. Sus descendientes se unieron para hacerse grandes, para tener poder frente a Dios y anular los efectos de la maldición que pesa sobre esta tierra. Caín edificó la primera ciudad. Sus descendientes fueron inventores e hicieron la vida más cómoda.

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