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Comunión, capítulo 7

Los dos capítulos precedentes nos han mostrado los cambios importantes producidos en los caminos de Dios hacia Israel por el establecimiento, en Sion, de la realeza de David. El rey lleva allí el arca, asociando así el trono de Dios a su gobierno. No es todavía –lo hemos visto– un estado de cosas de cosas fundado a perpetuidad, como durante el reinado de Salomón.

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Con amor y fe

La oración tiene su origen en un llamamiento de Dios. No somos nosotros los que tomamos la iniciativa para orar, es Dios quien nos llama a orar. Orar es, pues, una gracia que Dios nos concede. Dios no cesa de dirigirse hacia nosotros y nos invita a ir a él y amarlo.

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Con el corazón y el entendimiento

Cuando oramos, debemos hacerlo con el corazón (Marcos 7:6). No se trata de caer en el sentimentalismo, sino de expresar las necesidades reales y sentidas. Las palabras no siempre expresan lo más profundo de nosotros mismos, incluso pueden encubrir una negativa de abrirse a Dios. Uno no ora con las ideas, sino con su persona. No con lo que uno sabe, sino con lo que vive.

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Con humillación, el pueblo pide la ayuda de Dios

En presencia de esta culpable insuficiencia, ¿qué debían hacer Esdras y sus compañeros? ¿Debían procurar una solución por medio de algún artificio humano sugerido por las circunstancias? De ningún modo. La casa estaba construida; el lugar de reunión del pueblo, edificado; el nombre de Jehová moraba allí; era preciso dirigirse allí cuanto antes.

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Con miras a la edificación

El ejercicio de los dones tiene como único fin la edificación

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Condiciones favorables para la oración

La sobriedad y el ayuno: privarse para estar más disponible para Dios Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto (Mateo 6:6).

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Condiciones para ejercer un ministerio fructífero

Amados hermanos: Conocéis ya las circunstancias exteriores que dieron lugar a esta carta. El apóstol había escrito desde Éfeso una primera carta a los corintios, después del desorden que reinaba entre ellos, al cual su corazón era más sensible por tratarse de sus hijos en la fe.

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Conflicto entre hermanos, capítulos 19:41-20:26

Lo mismo que David, el remanente de Israel volverá en realidad a encontrar, tal como el pueblo en tiempos pasados lo hizo en figura, un camino para entrar nuevamente en Canaán. El Jordán, el río de la muerte, es este camino. Hace falta haber muerto con Cristo para entrar en la heredad y en las bendiciones de las promesas. Luego viene Gilgal (cap.

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Conscientes de nuestra necesidad

Una de las primeras condiciones para orar es ser conscientes de nuestra necesidad. Aquel que dice: “Yo soy rico… y de ninguna cosa tengo necesidad” (Apocalipsis 3:17), no siente la urgencia de invocar a Dios. En cambio, el creyente que se da cuenta de su pobreza espiritual se acerca voluntariamente al Padre.

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Corazas como corazas de hierro

Conciencias endurecidasa.

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Correr a fin de ganar el premio

El apóstol expone ante ellos la necesidad de que la vida cristiana sea un testimonio real y público ante el mundo. En efecto, para el cristiano hay una vida interior y un testimonio público; de este último él habla aquí. Toma el ejemplo de los juegos olímpicos, los que consistían en ganar el premio en la carrera o en la lucha cuerpo a cuerpo y esto en público, a la vista de todos.

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Creyentes carnales

En contraste con la descripción maravillosa que ha hecho del cristiano, el apóstol aprecia ahora en detalle el estado de aquellos a quienes escribe. Una cosa caracterizaba a los corintios: eran carnales. Esto no quiere decir que no fueran hijos de Dios. El hombre ajeno a los pensamientos de Dios no es llamado hombre carnal, sino hombre natural (cap. 2:14).

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Cristo, el Levita fiel

La Palabra considera aquí el débil servicio de los levitas en comparación con el del hijo de Eleazar. Aprecia ese servicio según su origen, así como también considera el nuestro en comparación con el de Cristo. Todo este pasaje, en efecto, nos habla de él y nos ofrece una imagen admirable de su actividad como hombre.

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Cristo intervino entrando en la muerte

Pero Cristo intervino: entró en la muerte. ¡Qué verdad más maravillosa! El Príncipe de la vida penetró allí. Entonces, ¿qué es la muerte para el creyente?

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Cristo le da una nueva importancia a la resurrección

En cuanto al Nuevo Testamento, es fácil comprobar que está lleno de esta verdad, la cual es consecuencia de la obra del Señor, quien “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1:10). Él introdujo la vida eterna, la cual pone al alma y al cuerpo más allá de la muerte y su poder.

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Cristo padeció el juicio

Cristo soportó plenamente el juicio de Dios antes de que llegara el día del juicio. Sufrió la muerte como paga del pecado, pese a ser inocente. Así la muerte dejó por completo de sembrar el terror en el alma del creyente.

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Cualidades morales necesarias para entrar en Canaán

Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra (v. 6).

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Cualidades morales que recomiendan a un servidor

El capítulo 5 nos ha permitido considerar la evangelización, una parte del servicio dirigido a todos los hombres; el pasaje del capítulo 6 que acabamos de leer nos muestra que este mismo Evangelio contiene una exhortación particular para las naciones. Por eso el apóstol dice: “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios”.

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Cuarta subdivisión - Babilonia y la bestia

Este grupo detalla el contenido de la última copa del capítulo 16:17 y 19, y el tema citado en el capítulo 14:8, en la sucesión de los caminos de Dios en los últimos días.

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Cuatro ángeles

Cuatro ángelesa – En contraste con los cuatro ángeles malos del cap. 9:14.

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Cuatro ángeles que están atados

En contraste con el cap. 7:1.

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Cuatro facetas de la liberación

Volvamos ahora al primer capítulo de nuestra epístola a los Corintios. Hallamos finalmente un último carácter de la liberación que va más allá de aquellos que hemos considerado. Dios hacía pasar al apóstol por circunstancias tales que tenía dentro de sí la sentencia de muerte para que no confiara en sí mismo, sino en Dios que resucita a los muertos (v. 9).

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Cuatro seres vivientes

Cuatro seres vivientes (véase 4:6). Veinticuatro ancianos (véase 4:4).

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Cuestiones inútiles

Versículo 9: “Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho”.

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