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Dos naturalezas en el creyente
Así, gracias a mis experiencias, arribo a esta evidente pero terrible conclusión: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne (como descendiente de Adán) no mora el bien”, pues, pese a que existe en mí una seria y sincera voluntad, no consigo hacer lo bueno. La voluntad existe, como se ha dicho varias veces, pero faltan las fuerzas.
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Dos peligros: menospreciar o juzgar
De este estado de cosas se desprendían dos peligros para los creyentes de Roma: unos, los fuertes, que creían poder comer de todo, llegaban fácilmente a considerar con menosprecio a sus hermanos más débiles; los otros corrían el peligro de juzgar a sus hermanos porque estos hacían lo que la conciencia de aquéllos les prohibía.
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Dos resurrecciones
Ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos (Hechos 24:15).
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El afecto de Pablo por su pueblo
El apóstol, antes de llegar al fondo de su tema, da a sus “parientes según la carne” una prueba tan conmovedora como cautivante acerca de su ardiente afecto por Israel.
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El afecto de Pablo por su pueblo
El apóstol, antes de llegar al fondo de su tema, da a sus “parientes según la carne” una prueba tan conmovedora como cautivante acerca de su ardiente afecto por Israel.
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El alcance de la epístola a los Romanos
Sin embargo, desde un comienzo tengamos en cuenta que la epístola a los Romanos, si bien pone ante nuestras miradas al Evangelio de Dios en toda su plenitud, no abarca todo lo que constituye aquello a lo cual el apóstol Pablo llama su evangelio: el designio de Dios, el cual antes de la fundación del mundo coloca al creyente ante Dios, santo e irreprensible (o sin mancha) en amor y ya le da en C
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El alfarero y el vaso
«¿Por qué me has hecho así?». Un hombre, al hacerle esta pregunta a Dios, en realidad no dice más que esto: Dios no tiene ningún derecho a juzgar el mal, y si él no quiere acordar su gracia a todos y salvarlos, al menos no debe castigar a nadie.
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El amigo generoso y el cordero
Este es como un cuadro pintado por Dios mismo acerca de la salvación de un pecador. Por nuestros pecados la justicia divina exige la muerte, el justo castigo. La única alternativa es la muerte de un sustituto aprobado por Dios. El hombre jamás hubiese hallado lo que necesitaba para salir de su desesperada situación; pero Dios lo encontró en la persona de su Hijo.
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El Antiguo Testamento ya hablaba de que la gracia llegaría a los no-judíos
El apóstol cita dos pasajes del profeta Oseas (cap. 1:10; 2:23) para mostrar que Dios ya había hablado en otro tiempo de estas cosas por su Espíritu. Pedro, quien escribe exclusivamente a los creyentes judíos, solo cita el segundo pasaje (1 Pedro 2:10). El apóstol de los gentiles, pensando en la introducción de estos, cita los dos.
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El Apocalipsis
Este libro tiene un carácter particular y es enteramente profético. Esta “revelación” fue dada al apóstol Juan cuando estaba exiliado en la isla de Patmos. El punto de partida de este notable libro es la visión gloriosa descrita en el primer capítulo. Esta visión produjo tal efecto sobre el apóstol, que cayó como muerto.
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El apóstol Pablo
El saludo con que el apóstol introduce su epístola es largo e instructivo. Pablo se llama primeramente siervo de Jesucristo. Conocía mejor que nadie la libertad cristiana, pero consideraba un honor especial ser un siervo de Cristo, de manera que en muchas ocasiones se llama así, lo que nosotros también deberíamos hacer con gozo.
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El arrepentimiento
No obstante, hoy es aún el tiempo de la gracia, y Dios, en su bondad, impulsa a los hombres al arrepentimiento (v. 4). ¿Al arrepentimiento? ¿Qué es el arrepentimiento?
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El bautismo cristiano según Mateo
El bautismo cristiano tiene su fundamento en la muerte del Señor y su resurrección. Por eso solo se instituyó después de su muerte y resurrección. Vemos que se habla por primera vez de él durante el último encuentro del Señor resucitado con sus discípulos en el monte de Galilea, donde les había dado cita (Mateo 26:32; 28:16-20).
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El bautismo: un mandamiento divino
Este bautismo se celebra, expresamente por orden de Jesucristo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Él dio esta orden después de su resurrección de los muertos, cuando estaba a punto de subir al cielo, para ser glorificado allí. Los discípulos la ejecutaron después que el Espíritu Santo descendió sobre ellos.
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El camino de la salvación
En la primera parte de la Biblia, el Antiguo Testamento, abundan las figuras o ejemplos de cosas espirituales. Sirvámonos, pues, de una de estas figuras. En Éxodo 13:13 leemos las siguientes palabras salidas de la boca de Dios: “Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos”.
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El creyente es liberado de su antiguo amo
Insistamos una vez más en el hecho de que el cristiano no tiene que morir al pecado, sino que ya está muerto a él, pues está crucificado con Cristo. No está libre de cometer ciertos pecados o de corresponder a malas inclinaciones, sino que todo el viejo hombre ha sido puesto a un lado y juzgado en la cruz.
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El cristiano no es de este mundo
Es posible que esta sumisión cause al cristiano disgustos de diversa índole y que tal vez experimente incluso pérdidas sensibles y sufrimientos; pero, sin embargo, eso no debe cambiar en nada su manera de actuar. Por otra parte, ¿se puede esperar otra cosa en un mundo de injusticia?
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El deseo de Pablo
Pablo daba gracias de ello a su Dios y, cuanto más lo hacía, cuanto más llevaba en su corazón, con ardiente amor y continuas oraciones, a los creyentes de Roma, más profundo era su deseo de verlos a fin de hacerles partícipes de algún don de gracia espiritual y de afirmarlos en la fe (v. 9-11).
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El destino de la Iglesia
“Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella… a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa” (Efesios 5:25-27). “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo” (Juan 17:24).
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El destino del hombre
“Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?” (Isaías 2:22). ¿No existe, pues, ningún remedio? ¿Debemos perder la esperanza en el hombre?
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El Dios creador
Toda la creación proclama el poder y la sabiduría de Aquel que ordenó todas las cosas. Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmo 19:1). “Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas” (Isaías 40:26).
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El Dios de esperanza
A ello se refiere el deseo o la oración del fiel siervo en favor de los santos de Roma: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (v. 13).
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El Dios de paciencia y consolación
Respecto de esta declaración en cuanto a que las Escrituras han sido escritas para nuestra instrucción, etc., el apóstol menciona en el versículo 5 a Dios, El Dios de la paciencia y la consolación.
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El Dios justo y santo
“Mas Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?” (Génesis 3:9-11).
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