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Resumen
En nuestro rápido bosquejo hemos llegado así al fin de una división marcada en el libro que estudiamos. Hemos empezado por “el arca del pacto” hasta llegar al “altar de bronce”, para volver luego del “altar de bronce” a la “santa unción”.
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The Mackintosh Treasury
Retractación de Job
Aquí comienza la retractación de Job. Todas sus anteriores declaraciones acerca de Dios y Sus caminos él las señala ahora como «palabras sin entendimiento». ¡Qué confesión! ¡Qué momento en la vida de un hombre cuando este descubre que había estado sumido completamente en el error! ¡Qué notable vuelco! ¡Qué profunda humillación!
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Rubén, Gad y Manasés al otro lado del Jordán
Volvamos a nuestro capítulo, donde el legislador repite a oídos del pueblo su conducta con los dos reyes de los amorreos, y los hechos relacionados con la heredad de las dos tribus y media en el lado del Jordán que corresponde al desierto.
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Rubén y Judá
“Cuando Moisés nos ordenó una ley, como heredad a la congregación de Jacob. Y fue rey en Jesurún, cuando se congregaron los jefes del pueblo con las tribus de Israel. Viva Rubén, y no muera; y no sean pocos sus varones” (v. 4-6). Nada se nos dice aquí de la inconstancia de Rubén, ni de su pecado. Predomina la gracia. Las bendiciones fluyen en rica abundancia del corazón de Dios.
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Salgamos a Él fuera del campamento
Consideremos lo que se hacía con la “carne” o “cuerpo” de la víctima, en el cual encontramos, como ya dicho, la verdadera base del discipulado. “Todo el becerro sacará fuera del campamento a un lugar limpio, donde se echan las cenizas, y lo quemará al fuego sobre la leña” (cap. 4:12). Este acto debe ser considerado desde dos puntos de vista:
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“Santo”
Después de haber dado un vistazo al fundamento, fijémonos ahora en el edificio mismo que se levanta sobre él. Esto nos conducirá al segundo de nuestros tres vocablos tan importantes.
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Sardis
Pero, ¿qué diremos de Sardis? ¿Se trata de la Iglesia restaurada? Nada de eso. “Tienes nombre de que vives, y estás muerto” (cap. 3:1). Esta no es ninguna iglesia restaurada o reformada, sino algo muerto, a la que el Señor amenaza con venir como ladrón, en lugar de alentarla con darle “la estrella de la mañana”.
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¿Se podría salvar alguien gracias a la vida recta del Señor?
No. La muerte fue necesaria. De otra manera, “el grano de trigo” hubiera quedado solo (Juan 12:24). “Sin derramamiento de sangre (es decir, sin entregar la vida) no se hace remisión” de pecados (Hebreos 9:22). Si hubiéramos podido salvarnos por medio de la vida recta de Cristo (quien guardó la ley), ¿por qué hubiera muerto?
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Se puede ser religioso, líder religioso o teólogo y no tener la vida
Esto es vida y paz. Es mucho más que mera teología sistemática. La teología tiene su valor, pero no se olvide que un hombre puede ser un teólogo profundo y capaz, y, con todo, vivir y morir sin Dios y condenarse eternamente. ¡Qué pensamiento tan solemne, tan tremendo, tan abrumador!
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Séfora, tipo de la Iglesia
Ya se ha hecho notar que Séfora representa a la Iglesia de manera interesante e instructiva. Ella fue unida a Moisés durante la época en que este era rechazado por sus hermanos. El pasaje que acabamos de citar nos enseña que la Iglesia es llamada a conocer a Cristo como Aquel a quien está unida “por la sangre”, siendo su privilegio beber de su copa y ser bautizada de su bautismo.
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¿Seguía desamparado por Dios cuando murió?
No. El Señor dijo: “Consumado es” (Juan 19:30), y encomendó el espíritu en las manos del Padre (Lucas 23:46). Léase también la respuesta 2.14.
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Segunda carta - El Espíritu Santo
Querido amigo A.: Hay un punto en relación con nuestro tema que ha ocupado mucho mi mente. Se trata de la inmensa importancia de cultivar una fe genuina en la presencia y bajo la acción del Espíritu Santo. Es menester que recordemos, en todo momento, que nosotros no podemos hacer nada, y que Dios, el Espíritu Santo, lo puede hacer todo. El versículo
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Segunda objeción
La segunda objeción de Faraón participa en mucho del mismo carácter y tendencia de la primera. “Dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos” (cap. 8:28).
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Sellados con el Espíritu Santo
El sello con el cual el creyente es sellado en la actualidad, no es, como entonces, una señal en la carne, sino que es El Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (Efesios 4:30).
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Separación y comunión
Sin embargo –acordémonos de ello– la verdadera separación del mundo solo puede resultar de la comunión con Dios. Nos podemos separar del mundo y hacer de nuestra propia persona el centro de nuestra existencia, al estilo de monje o filósofo cínico. Pero la separación para Dios es cosa muy diferente.
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Séptima carta - La Escuela Dominical
Querido amigo A.: Por falta de espacio, me vi obligado a finalizar mi última carta sin siquiera tocar el tema de la Escuela Dominical. Sin embargo, debo dedicar una o dos páginas a una rama de la obra que ha ocupado un lugar muy amplio en mi corazón por treinta años. Consideraría que mi serie de cartas quedaría incompleta si no hubiese tocado este tema.
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¿Serán salvos todos los hombres al final de los tiempos?
Todas las cosas serán reconciliadas con Dios, pero no todos los hombres. Leamos en Colosenses 1:19-20: “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”.
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Sexta carta - La predicación del Evangelio
Querido amigo A.:
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Si Cristo no podía pecar, ¿cómo pudo ser tentado?
Los evangelios nos enseñan que Cristo fue tentado por el diablo (Marcos 1:13). Esto significa que Satanás le presentaba tentaciones, pero que en él no había nada que quisiera responder a ellas. En esto él se distinguía de todos.
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Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
El gran remedio contra todos los temores derivados de la incredulidad consiste en fijar los ojos en el Dios vivo; de ese modo el corazón se eleva sobre las dificultades de cualquier naturaleza. De nada sirve negar que existen dificultades e influencias adversas de toda clase. Esto no daría consuelo ni ánimo al corazón abatido.
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Si el creyente vuelve a pecar, ¿qué pasa entonces?
Es cierto que, si el pecador perdonado comete pecado, su comunión con Dios es interrumpida y que ella solo puede ser restablecida por la sincera confesión de su pecado. “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:6). Pero, si bien mi comunión puede ser interrumpida, mi título jamás puede ser anulado.
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Si el creyente vuelve a pecar, ¿qué pasa entonces?
La verdad es que, si un pecador perdonado vuelve a pecar, su comunión queda interrumpida y solo puede ser restablecida por la sincera confesión de su pecado. “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos…; pero si andamos en luz,… tenemos comunión… y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:6-7).
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Si he muerto con Cristo, ¿en qué afecta esto mi relación con el pecado?
El pecado (el principio del mal, que se opone a Dios) ya no tiene nada que reclamarle a usted.
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Si he muerto con Cristo, ¿qué significa esto en la práctica, en mi vida diaria?
Cuando el pecado quiere ejercer su poder sobre nosotros, tenemos derecho –y estamos obligados– a considerarnos a nosotros mismos como muertos (ver 6.15). Por la fe comprendemos que ya no tenemos ninguna obligación de ceder ante el pecado (Romanos 6:10-14).
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