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El Nuevo Testamento - consideraciones generales

El Nuevo Testamento tiene un carácter muy diferente al del Antiguo. Este último nos da la revelación de los pensamientos que Dios comunicó a aquellos que fueron los instrumentos de esta revelación y nos lleva a adorar la sabiduría que se desarrolla en él. Pero Dios permanece siempre oculto detrás del velo. En el Nuevo Testamento, Dios se manifiesta.

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Introducción

Respiración del alma, expresión de la fe, impulso de amor, combate espiritual, la oración es vital para el creyente. Por medio de la oración se acerca a Dios para pedirle ayuda, pero también para agradecerle y adorarlo. A través de ella, el cristiano expresa su dependencia de Dios y testifica que el hombre no está solo en el universo, sino que Dios existe y obra.

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Introducción

En la epístola a los Efesios e incluso en la dirigida a los Colosenses, Dios nos muestra nuestro lugar en Cristo; pero, en la epístola a los Filipenses, vemos al creyente mientras atraviesa el mundo, andando en él como cristiano.

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Introducción

Escribir una introducción a la Biblia es una empresa ciertamente difícil y extremadamente seria. No podría ser de otro modo, tratándose de presentar

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Introducción

Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado (Juan 8:34).

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La liberación

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La libertad cristiana

Examinemos ahora la libertad cristiana en la cual Cristo nos ha colocado.

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Las diferentes formas de oración

Es importante considerar cómo oramos, pero también el contenido de nuestras oraciones. Una vida de oración equilibrada comporta diferentes facetas. En primer lugar:

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Pensamientos sobre la oración

Orar es hablar con Dios, con la libertad de un hijo ante su padre y el santo temor de un mortal delante de Dios. A. Monod La oración es un privilegio muy grande. “He tenido el atrevimiento de hablar al Señor, yo que soy polvo y ceniza” (Génesis 18:27, V. M.). Abraham Todo es más fácil cuando uno ora. Palabras de un niño

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Práctica de la oración

Tratemos ahora de identificar algunos de los obstáculos a la oración y los recursos para superarlos.

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¿Qué es el mundo?

¿Qué es el mundo? He aquí una pregunta de suma importancia que se presenta al atento examen de todo creyente serio y reflexivo. ¿Qué es este mundo, del cual la Palabra nos exhorta a guardarnos sin mancha? (Santiago 1:27). La Escritura emplea la palabra mundo en tres sentidos diferentes:

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¿A quién debemos orar?

Cuando oramos es importante saber a quién nos dirigimos. Cristo descendió del cielo para darnos a conocer a Dios como nuestro Padre (Lucas 11:2; Mateo 11:27; Juan 17:26). Desde entonces podemos dirigirnos a Dios como un hijo habla a su padre, en una comunión íntima y feliz.

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Acudir a Dios con nuestras inquietudes

¿Qué hacer, entonces, cuando algo les inquieta? Acudan a Dios: “sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (v. 6). Entonces, en medio de todas sus inquietudes, podrán agradecer y bendecir. La maravillosa gracia de Dios se revela aquí. Dios no dice que deban esperar hasta que hayan descubierto si lo que desean es Su voluntad.

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Andar por la fe

Ahora el camino de la fe está abierto delante de mí. Estoy seguro de que Dios me ama, de que él no es otra cosa sino Amor. Por lo tanto, puedo confiar plenamente en él; por experiencia conozco su amor. Él me salvó siendo yo pecador; ahora como creyente, puesto aparte para servirle, puedo confiar en su amor.

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Asuntos gloriosos y cosas prácticas

En realidad, la mayor parte de nosotros tenemos preocupaciones, pruebas, tentaciones… pero Dios lo ha pensado todo –incluso ha contado nuestros cabellos– y nos ha dado algo que nos saca de todas esas dificultades. Hasta se preocupa por el tiempo: “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno” (Mateo 24:20); ni siquiera un pajarillo cae a tierra sin la voluntad de Dios (Mateo 10:29).

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Ausente del cuerpo, presente con el Señor

En este pasaje de su segunda epístola a los Corintios, el apóstol habla primeramente de la esperanza, de lo que deseamos; luego dirige su mirada a las dos cosas que son la porción del hombre: la muerte y el juicio, pues “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

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Con amor y fe

La oración tiene su origen en un llamamiento de Dios. No somos nosotros los que tomamos la iniciativa para orar, es Dios quien nos llama a orar. Orar es, pues, una gracia que Dios nos concede. Dios no cesa de dirigirse hacia nosotros y nos invita a ir a él y amarlo.

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Con el corazón y el entendimiento

Cuando oramos, debemos hacerlo con el corazón (Marcos 7:6). No se trata de caer en el sentimentalismo, sino de expresar las necesidades reales y sentidas. Las palabras no siempre expresan lo más profundo de nosotros mismos, incluso pueden encubrir una negativa de abrirse a Dios. Uno no ora con las ideas, sino con su persona. No con lo que uno sabe, sino con lo que vive.

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Condiciones favorables para la oración

La sobriedad y el ayuno: privarse para estar más disponible para Dios Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto (Mateo 6:6).

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Conscientes de nuestra necesidad

Una de las primeras condiciones para orar es ser conscientes de nuestra necesidad. Aquel que dice: “Yo soy rico… y de ninguna cosa tengo necesidad” (Apocalipsis 3:17), no siente la urgencia de invocar a Dios. En cambio, el creyente que se da cuenta de su pobreza espiritual se acerca voluntariamente al Padre.

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Contra la corriente

Los que somos salvos, hemos de estar aparte, como habiendo tomado posición con Cristo rechazado, frente al mundo que lo ha crucificado. Tenemos que presentarnos como hombres de una raza celestial: “irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15).

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Cristo en nosotros

Vemos ahora cómo Pablo es superior a todas las circunstancias. Había pasado por necesidad, aunque en una especie de prisión libre, y su corazón lo sentía. “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí” (v. 10).

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Cristo tiene que serlo todo para nosotros

El apóstol, habiendo terminado así lo que concierne al estado y la condición de alma en que debemos encontrarnos, mira ahora adelante, hacia la gloria. Las cosas que están delante preservarán al alma de verse obstaculizada. Cristo, colocado ante ella, la poseerá plenamente.

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¿Cuál es el remedio?

Siendo así las cosas, naturalmente se nos presenta esta pregunta: ¿Cuál es el remedio? Los que andan por el camino ancho, y hasta hoy viven en conformidad con este sistema, ¿cómo podrán escapar de su influencia? ¿Cómo podrán discernir lo que es del mundo y lo que es de Dios? El apóstol dice:

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