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La gloria moral del Señor Jesucristo

El tema de mi meditación en estas páginas es la gloria moral del Señor Jesús o, según nuestro modo de hablar, el carácter de nuestro Señor. En él todo subía a Dios como sacrificio de olor grato. Cualquiera de las expresiones de lo que él era, aun la menor, y cualquiera fuese la circunstancia a que ella se refiriese, era un perfume de incienso. En su persona –pero únicamente en ella, por cierto– el hombre fue reconciliado con Dios. En Jesús, Dios volvió a hallar su complacencia en el hombre, y eso, además, con un incremento inefable, puesto que en Jesús el hombre es más caro para Dios que lo que hubiera podido serlo en una eternidad de inocencia adámica.

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La persona y la obra de Cristo

Siempre hallamos frescura en cada porción de la Palabra de Dios, pero más especialmente en aquellas partes que nos presentan a la bendita Persona del Señor Jesús; que nos dicen lo que era, lo que hacía, lo que decía, cómo lo hacía y cómo lo decía; que lo presentan a nuestros corazones en sus idas y venidas y en sus inmaculados caminos; en su espíritu, tono y manera, en su mirada y en su gesto. Hay algo en todo esto que domina y atrae el corazón. Es mucho más poderoso que la mera declaración de doctrinas, por importantes que sean, o que el establecimiento de principios, por profundos que sean.

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La venida del Señor

«Creemos que se ha oído el grito de medianoche: “¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!” (Mateo 25:6). Reconocemos el resultado de aquel grito por la gran atención que, desde los años 1830 aproximadamente, se le ha dado a la gloriosa verdad de la venida del Señor. Durante siglos, no se oyó nada sobre el retorno del Esposo. “Mi señor tarda en venir” (Mateo 24:48), fue lo que claramente expresó la Iglesia profesante. La cristiandad estaba dormida. Pero, por la gracia de Dios, se oyó el grito –ese grito que conmueve el alma–: “¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!”. ¿Estamos preparados? ¿Tenemos el aceite en nuestras vasijas –la verdadera gracia del Espíritu de Dios en nuestros corazones–? ¡Solemne pregunta!

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Orientación cristiana

El Espíritu Santo

El lector no dejará de alcanzar la fuerza moral y la aplicación del santo principio, que tenemos el privilegio de que Dios el Espíritu mora en nosotros individual y colectivamente. Así es que en 1 Corintios 6:19, leemos:¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

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Conclusión

Acabo de trazar algunos de los rasgos de la gloria moral del Señor Jesucristo. Él fue la fiel representación del hombre según Dios, hombre en quien Dios descansaba.

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Introducción

El tema de mi meditación en estas páginas es la gloria moral del Señor Jesús o, según nuestro modo de hablar, el carácter de nuestro Señor. En él todo subía a Dios como sacrificio de olor grato. Cualquiera de las expresiones de lo que él era, aun la menor, y cualquiera fuese la circunstancia a que ella se refiriese, era un perfume de incienso.

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La persona y la obra de Cristo: Betania

Vayamos a los capítulos 11 y 12 de Juan y, si no nos equivocamos, hallará usted allí un exquisito manjar espiritual. En el capítulo 11, vemos lo que el Señor Jesús fue para la familia de Betania; y en el capítulo 12, lo que la familia de Betania fue para él. Toda esta porción está llena de la más preciosa instrucción.

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La persona y la obra de Cristo: El ministerio de Cristo en el pasado, el presente y el futuro

El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45).

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La persona y la obra de Cristo: Introducción

Siempre hallamos frescura en cada porción de la Palabra de Dios, pero más especialmente en aquellas partes que nos presentan a la bendita Persona del Señor Jesús; que nos dicen lo que era, lo que hacía, lo que decía, cómo lo hacía y cómo lo decía; que lo presentan a nuestros corazones en sus idas y venidas y en sus inmaculados caminos; en su espíritu, tono y manera, en su mirada y en su gesto.

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La persona y la obra de Cristo: La plena suficiencia de Cristo

Una vez que el alma ha sido llevada a sentir la realidad de su condición delante de Dios –la profundidad de su ruina, de su culpa y de su miseria– su completa e irremediable bancarrota, no puede haber reposo hasta que el Espíritu Santo revele al corazón la plena y total suficiencia de Cristo. La única respuesta posible a nuestra ruina total es el remedio perfecto de Dios.

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La persona y la obra de Cristo: Las tres apariciones de Cristo

Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena.

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La venida del Señor: ¿Doctrina premilenaria o esperando al Hijo?

En un tiempo como el presente, cuando los conocimientos sobre cualquier materia se difunden tan extensamente, es muy necesario inculcar en la conciencia del lector cristiano la gran diferencia entre sostener la doctrina de la segunda venida del Señor y estar esperando realmente su manifestación (1 Tesalonicenses 1:10).

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La venida del Señor: Introducción

Creemos que se ha oído el grito de medianoche: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! (Mateo 25:6).

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La venida del Señor: La venida del Señor

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La venida del Señor: Nuestra norma y nuestra esperanza

Dos principios muy importantes, que se presentan en Apocalipsis 3:3 y 11, son profundamente interesantes, pero claros, simples, fáciles de captar y llenos de poder cuando se los comprende bien. Dos cosas distintivas caracterizan al vencedor: la primera es la verdad que nos ha sido comunicada; la segunda, la esperanza que está puesta delante de nosotros.

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La venida del Señor: Preparado

Quisiéramos que el lector se fije por unos momentos en la palabra “preparado”. Si no nos equivocamos, hallará que es una palabra de una profundidad inmensa y de gran poder sugestivo, ya que es usada por el Espíritu Santo. Vamos a considerarla según cuatro citas bíblicas donde es presentada.

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Las glorias del Señor Jesús

Cuando alguna persona ofreciere oblación a Jehová, su ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, y pondrá sobre ella incienso, y la traerá a los sacerdotes, hijos de Aarón; y de ello tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite, con todo el incienso, y lo hará arder sobre el altar para memorial; ofr

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Prólogo a la edición en castellano

John G. Bellett (1795-1864) fue particularmente utilizado por Dios, en medio de la luz que el Espíritu Santo dio a la Iglesia en el siglo XIX, para desenterrar los tesoros de las diversas glorias del Señor Jesús que yacían ocultos en las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Su ministerio se centró principalmente en la Persona del Señor Jesús.

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1 Pedro 1:5

En 1 Pedro 1:5 se usa en conexión con el vocablo “salvación”. Se dice que los creyentes son “guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”.

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1 Pedro 4:5

El apóstol Pedro nos ofrece otro caso y otra aplicación de nuestro vocablo en 1 Pedro 4:5, donde se refiere a los que “darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos”.

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Actuar como el remanente

Todo esto es hermoso, y el Señor, en los días de su vida en la tierra, manifestó perfectamente este carácter del remanente. Y todo esto es aleccionador para nosotros, pues vivimos en un tiempo caracterizado por la confusión y de ninguna manera mejor que esos días de la cautividad o que los de Jesús.

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Actuar en el momento oportuno

Servir a la humanidad a costa de la verdad divina y de los principios de Dios, no es cristianismo, pese a que los que así hacen gocen de la reputación de «bienhechores».

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Buscar la intimidad con Jesús

Pero, repito, la fe está en su elemento junto a Jesús. ¿Podemos tratar a Jesús con temor o cavilación? ¿Podemos dudar de él? ¿Podríamos mantenernos a distancia de aquel que se sentó junto al pozo con la mujer de Sicar? ¿Acaso ella estuvo lejos de él? Seguramente, amados, deberíamos buscar intimidad con Jesús.

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Callarse o hablar

Y a medida que seguimos el rastro de esta bendita verdad, hallamos que está escrito: Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno (Colosenses 4:6).

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