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La Iglesia del Dios viviente

La ofrenda de nuestros bienes

Deseamos llamar la atención sobre el hecho de que la ofrenda se relaciona con el sacrificio de alabanza en Hebreos 13:15-16. De tales sacrificios se agrada Dios.

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La Iglesia del Dios viviente

La oración colectiva

Todo cuidadoso lector de las Escrituras está enterado del lugar tan importante que la oración individual y privada tenía en la vida de los hombres de Dios en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Puede ser que algunos piensen que la oración individual es todo lo que se necesita. No obstante, vemos que hay bendiciones especiales como consecuencia de la oración colectiva.

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La ordenación

El pensamiento común y la enseñanza actuales en el mundo eclesiástico son que uno que quiera ser ministro de Jesucristo debe ser educado en una escuela o universidad teológica y luego ser ordenado por una corporación humana de autoridades religiosas. (Ordenado quiere decir nombrado e investido de autoridad para desempeñar las funciones de ministro).

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La Iglesia del Dios viviente

La participación en la Cena y la conducta personal

Como lo hemos hecho resaltar, comer y beber indignamente se refiere primero a nuestra conducta y a la manera de tomar parte en la Mesa del Señor. Ahora nos es preciso agregar dos palabras acerca de nuestra conducta y nuestro andar durante la semana. Nadie suponga que, habiendo dicho tanto sobre nuestra actitud en la Mesa del Señor, todo se limita a eso y nada más importa.

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La presencia del Espíritu Santo

No solo el Señor Jesucristo está presente en medio de los creyentes congregados, sino también Dios el Espíritu Santo. Hablamos anteriormente sobre la presencia y la actividad del Espíritu Santo en la Iglesia (véase el primer folleto «¿Qué es la Iglesia?», pág. 20-21). Ahora deseamos subrayar esta gran verdad en relación con el presente tema.

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La responsabilidad

El hecho de que hoy existan tantas divisiones y diferentes organizaciones religiosas no nos excusa de la responsabilidad de dar testimonio práctico de la verdad gloriosa del único Cuerpo de Cristo. No nos dispensa tampoco de confesar, visiblemente y a través de nuestras acciones, la unidad de la Iglesia de Cristo. Es nuestra obligación sostener el hecho y la verdad de que somos un cuerpo.

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La responsabilidad colectiva

Además de la responsabilidad local de mantener las verdades de la Palabra de Dios hay una responsabilidad colectiva. Ésta nace debido a que somos miembros del Cuerpo único de Cristo. Las asambleas son parte de ese Cuerpo; por consiguiente, no pueden existir como varios cuerpos locales e independientes.

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La responsabilidad de los cristianos

Hasta ahora nos hemos referido a la senda de fe del siervo y a su confianza en el Señor en cuanto a su apoyo material. Sin embargo, hay otro aspecto del asunto, es decir, la responsabilidad y el privilegio del pueblo de Dios de dar de sus recursos para la obra del Señor, para cuidar de Sus siervos y ayudar a los que los sirven.

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La responsabilidad local

Por supuesto que está clarísimo que la primera responsabilidad de cada asamblea es para con el Señor, su Cabeza, para todo cuanto suceda dentro de ella. Existe, ante todo, la responsabilidad local de cada asamblea de corresponder a la santidad del Señor y mantener el orden bíblico en su propia esfera de obligaciones.

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La reverencia

Es evidente que la reverencia debe acompañar a un verdadero espíritu de adoración. Como entramos en el Lugar Santísimo, nuestra alma debería estar llena de reverencia y santo temor, como corresponde a la presencia de Dios.

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La santidad de Dios

La disciplina en la Iglesia es una necesidad a causa del Santo y Verdadero (Apocalipsis 3:7), quien está en medio de su pueblo. Él, como lo leemos en Habacuc 1:13, es muy limpio de ojos para ver el mal y no puede soportar el agravio. Allí donde el Santo tiene su habitación no es posible permitir que continúe una situación en la que el pecado no es juzgado.

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La sujeción

Es necesario agregar que el pasaje de Efesios 5 nos recuerda que esta relación bendita lleva consigo los pensamientos de jefatura y de sujeción, como debieran aparecer en la unión matrimonial.

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La sunamita

En hermoso contraste con los días de Jueces 19 están los hechos encomiables y hospitalarios de la mujer “importante” de Sunem, según se leemos en 2 Reyes 4:8-17. Cuando el profeta Eliseo pasó por aquel camino, ella insistió para que entrase a comer. Al verse tan cordialmente bienvenido, él volvía a comer pan allí cada vez que pasaba por aquel camino.

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La tarea asignada por Dios a la madre

En un normal estado de cosas, la mayor parte de la vida de un niño –estos años en que es más moldeable– la pasa en compañía de la madre. La responsabilidad del padre, como quien tiene que ganar el pan para la familia, por lo general le lleva lejos de su hogar durante muchas horas del día.

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La unidad del Espíritu

Si hay un solo cuerpo de creyentes en Cristo que es reconocido por Dios, ¿no deberíamos entonces prescindir de todos los demás cuerpos hechos por el hombre y reunirnos simplemente como miembros de aquel solo Cuerpo?

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La unidad visible

En los días de los apóstoles, los creyentes en Cristo eran, en un sentido exacto, un cuerpo visible en la tierra. Dios, al igual que el hombre, podía verlos como un cuerpo. No había divisiones entre ellos. Todos los creyentes de una localidad se reunían en un mismo lugar. Estaban unánimes, felices y en comunión con todos los cristianos de otras partes de su provincia.

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La variedad en los elementos educativos

Terminaremos el tema de la crianza de los niños con algunas observaciones acerca de la necesidad de diversificar los elementos educativos. La educación cristiana no implica meramente la alimentación de las almas de los niños con la Palabra de Dios, aunque esto sea de primordial importancia. Según lo expresa Von Poseck: «Las mentes y los corazones jóvenes desean variedad.

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Lamentación e identificación

Cuando Pablo escribió a los corintios sobre el mal no juzgado que estaba dentro del grupo que ellos formaban, tuvo que reprenderles porque estaban envanecidos en lugar de lamentar tal situación, luego de lo cual bien podrían haber quitado de en medio de ellos al que había pecado de tal forma (1 Corintios 5:2).

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Largas oraciones que predican

La oración verdadera no consiste en decir al Señor una multitud de cosas. Tampoco consiste en repetir frases familiares ni declaraciones doctrinales como si estuviéramos explicando principios a Dios o dándole mucha información. Las oraciones largas que, al fin y al cabo, terminan siendo predicaciones, no son más que conferencias y exposiciones hechas por hombres arrodillados.

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Las enseñanzas de la primera epístola a los Corintios

La primera epístola a los Corintios es preeminentemente la epístola del orden o, bien podríamos decir, del procedimiento dentro de la Iglesia, como ya lo hemos señalado en el segundo fascículo de esta serie. Por tal razón recurrimos a esta epístola para hallar la instrucción concerniente a la correlación que debe existir entre las asambleas de creyentes.

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Las enseñanzas de la segunda epístola a los Corintios

Si pasamos a la segunda epístola a los Corintios hallamos que ésta se dirige A la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya (cap. 1:1).

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Las iglesias de Galacia

Vemos también que la epístola a los Gálatas fue escrita no a una sola asamblea, sino “a las iglesias de Galacia”. Pablo pensó en todas ellas como un testimonio unido acerca de Cristo, a las cuales Satanás estaba procurando apartar de la esperanza del Evangelio.

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La Iglesia del Dios viviente

Las mujeres en Éxodo 35:22-26

Con relación a la edificación del tabernáculo, las mujeres vinieron con los hombres “y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro… ofrenda de oro a Jehová”.

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Las necesidades espirituales son las más importantes

Muchos padres y madres están tan ocupados con sus ocupaciones y las cosas materiales que dedican poco o ningún tiempo a la lectura y meditación de las Escrituras para satisfacer sus propias necesidades espirituales y las de sus hijos. En consecuencia, a sus hijos les da la impresión de que las cosas materiales son de mayor importancia y que las cosas espirituales no cuentan mucho.

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