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Egipto y Asiria ¿serán destruidos enteramente?

Hemos visto algo de la enemistad de Egipto y Asiria, y muchos pasajes de la Escritura nos relatan las atrocidades que han cometido y cometerán contra Israel. Por consiguiente, juicios severos sobrevendrán sobre ellos. Mas la gracia de Dios es maravillosa. Incluso para estos terribles enemigos hay aún una bendición.

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Egipto y Siria

Estos dos poderes existirán también en el tiempo del fin. Y, como anteriormente, serán enemigos entre sí y de Israel.

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¡El aliado del rey del Norte!

¿Cómo puede ser que este rey tenga el valor de hacer frente al poder inmenso del Imperio romano, que es el aliado de los judíos? Debe de comprender que no es bastante fuerte para enfrentarse con este poder. Así, en el tipo de Antíoco hallamos que este no se atreve a infringir la prohibición del senado romano y abandona Egipto a su mandato (Daniel 11:30).

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El alimento para la nueva vida

La Palabra de Dios también es el alimento para la nueva vida. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca (Salmo 119:103).

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Él aprendió la obediencia

Él sabe lo que para nosotros significa obedecer a Dios mientras vivimos en un ambiente hostil a Dios, puesto que aprendió la obediencia (Hebreos 5:8). Nunca había obedecido, pues era el Dios Altísimo. Pero como hombre en la tierra, aprendió lo que era la obediencia. Él dice: “Despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios.

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El carácter exclusivo de la Cena del Señor

Hemos visto que solo los verdaderos creyentes pueden participar en la Cena del Señor. En otras citas, como en 1 Corintios 5 y en la segunda epístola de Juan, se mencionan algunas cosas por las cuales ciertas personas, reconocidas como verdaderos creyentes, están impedidas para tomar parte en dicho acto.

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El cristianismo lleva un carácter eterno

Estos versículos todavía queda una importante conclusión que sacar: Dios nos escogió en Cristo “antes de la fundación del mundo”. Esta elección es fuera del tiempo, se remonta aun desde antes de que el tiempo haya empezado; es para la eternidad y no para esta tierra.

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El cuerpo de Cristo, la Iglesia

Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan (1 Corintios 10:17).

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El diablo desatado

En Isaías 24:21-23 se profetiza que, en el mismo tiempo que Jehová va a juzgar a los reyes de la tierra, el diablo y sus ángeles serán juzgados. Estos son “el ejército de los cielos en lo alto” (compárese con Efesios 6:12). El versículo 22 dice que serán encarcelados en mazmorra. Después comienza el glorioso reino de paz (v. 23).

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El Espíritu, poder de la unidad

El día de Pentecostés, el Espíritu Santo vino a la Iglesia, la que de esta manera llegó a ser “morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22). El Espíritu Santo igualmente hace su morada en cada creyente (2 Timoteo 1:14 y 1 Corintios 6:19). Estas dos moradas, aunque muy unidas, deben ser distinguidas.

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El Espíritu, poder del servicio

El apóstol Pablo es un ejemplo para los creyentes. Observemos, pues, los resultados de la acción del Espíritu en su vida de servicio. En el intervalo de casi veinticinco años había evangelizado a pueblos diferentes que ocupaban vastos territorios. Tal obra no habría podido ser cumplida sin la energía comunicada por el Espíritu de Dios.

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El estudio profético, ¿es especulativo?

Otro argumento que presentan a menudo para no dedicarse al estudio de las porciones proféticas de las Santas Escrituras, es que dicho estudio es demasiado «especulativo», es decir, que da fácilmente lugar a que se intercale entre la Palabra de Dios y nuestro pobre y ruin entendimiento nuestro propio modo de ver las cosas, nuestros propios designios, a los que podemos confundir con la santa volu

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El fundamento de la reconciliación

Dios envió a su Hijo entre los hombres animado de un espíritu de reconciliación: “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2 Corintios 5:19). El Señor no era portador de juicio, sino de perdón. Él no imputó culpabilidad, aun cuando esta era manifiesta.

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El fundamento de la redención

El hombre es esclavo del pecado, está “vendido al pecado” (Romanos 7:14; véase también Juan 8:34). Es el punto fundamental por el cual necesita su redención.

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El fundamento del perdón

Un hombre preocupado por sus pecados no encontrará descanso si no ve claramente cuál es el fundamento del perdón. Se puede tener ciertos vagos pensamientos con relación a la misericordia y a la bondad de Dios, de su disposición a recibir a los pecadores, pero también hace falta saber que el perdón se funda sobre la justicia divina.

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El gobierno de Dios

Hay una distinción clara entre la posición del hombre antes y después del diluvio. También antes del diluvio había un pueblo de Dios. Pero en ninguna parte hallamos indicaciones precisas en cuanto a su separación del mundo. Además, el gobierno de Dios no se ha manifestado aún en juicio sobre el mal.

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El gran trono blanco

En Apocalipsis 20:11-15 tenemos la resurrección de condenación y el juicio mismo. El trono no está en la tierra, pues la tierra y el cielo huyen de delante del rostro del que está sentado en el trono “y ningún lugar se encontró para ellos”. Los muertos están ante el trono. Como hemos visto, se trata de todos los incrédulos, desde la creación hasta el fin. No hay creyentes entre ellos.

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El hijo de perdición

De 2 Tesalonicenses 2:3 resulta que el anticristo no vendrá antes de que la apostasía haya tenido lugar. En el versículo 3 no se trata de judíos apóstatas. La Escritura nos predice que también la masa del pueblo judaico apostatará en el tiempo final. Hallamos esto en muchos lugares del Deuteronomio, los Salmos y los Profetas. Y el versículo 4 está en relación con ello.

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El Hijo del Hombre que está en el cielo

En los versículos 11 y 13 del capítulo 3, el Señor muestra el maravilloso secreto de su persona: es el Hijo del Hombre que está en el cielo. Juan 1:1 nos dice que él es Dios mismo, el Eterno. Pero en el versículo 14 está escrito: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Dios y hombre en una persona, ¡qué misterio!

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El Hijo del Hombre tuvo que ser levantado

A partir del versículo 12, el Señor empieza a hablar sobre cosas celestiales, adelantando otra necesidad a un primer plano. El Hijo del Hombre que está en el cielo conoce la gloria del cielo, la morada de Aquel que “es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Juan 1:5). Y si los hombres han de entrar en la gloria, primero debe resolverse la cuestión del pecado.

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El hombre de pecado

El pecado se originó por la tentativa del hombre de hacerse igual a Dios, como Satanás lo había prometido a Eva (Génesis 3). Esta tentativa termina en el hombre de pecado, “el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:4).

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El hombre es pecador

Esta es una horrible verdad. Muchas personas no piensan en ella, y aun hay quienes la niegan. Pero, ¿estarán convencidos de lo que afirman? Un hombre sincero debe reconocer que con frecuencia comete errores.

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El Imperio greco-macedónico

Como se ha dicho ya, en los capítulos 8 y 11 de Daniel se nos da la historia profética del Imperio greco-macedónico. En el momento que fue dada esta profecía todo estaba sin cumplir. Solamente tres siglos después (de 334 a 326 a. de C.) conquistó Alejandro Magno el Oriente Medio y estableció su imperio. Actualmente, gran parte de estos capítulos se hallan cumplidos.

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El juicio de los vivos

En Mateo 25:31-46 vemos un acontecimiento solemne. El Señor no abate la oposición abierta en un campo de batalla. Aquí ha venido en su gloria y está sentado en el trono de su gloria. Y todos los pueblos se hallan delante de Su trono.

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