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Perdidos en la nieve

Había caído mucha nieve. Dos niños y su maestra subieron, pues, a lo alto de la montaña para patinar en un pequeño trineo. Mientras hacían el último descenso, se iba haciendo de noche. De repente el trineo se les escapó de las manos y siguió bajando solo hasta chocar contra un árbol. Tenían que ir a buscarlo, en tanto que la oscuridad avanzaba.

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Prisionero

Un magnífico saucedal se extendía a lo largo del río. En primavera y verano zumbaban en él las abejas y los abejorros. También a los niños que vivían en la ciudad les gustaba jugar allí. Cortaban varas y hacían silbatos y flautas. A nadie le molestaba el griterío de indios y vaqueros, y entre las matas había algunos lindos lugares para pescar.

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¿Qué camino?

Una niña fue por primera vez a la escuela dominical. Volvió a su casa muy entusiasmada por lo que allí había oído. Cuando la familia estuvo sentada a la mesa, ella preguntó a su padre: –¿Papá, amas tú al Salvador? El padre no quería saber nada de Dios ni de su Palabra; por lo que contestó de malhumor: –Seguramente tu madre o tu tía te enseñaron eso.

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¿Quién lavará mi corazón?

Para enseñar a su hija que el pecado es una cosa sucia, una madre tenía la costumbre de hacerle lavar la boca cada vez que esta mentía. Al mismo tiempo le explicaba que esas cosas malas que salían de su boca venían de su corazón malo, el cual necesitaba ser limpiado.

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Quisiera ir allá

Cierta noche, el pequeño Alfredo volvía a su casa tiritando de frío. Al llegar, su madre le preguntó: –¿Encontraste algún trabajo hoy? –No, nada. –Entonces ¿no has comido desde esta mañana? Alfredo no contestó. Después de un rato preguntó: –Mamá, ¿quién es Dios? –Hijo mío, ¡qué pregunta me haces! Será mejor que vayas a acostarte.

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Seguridad

El tren llegó a una pequeña estación. Allí, un niño de unos seis años de edad subió al vagón donde yo estaba. El tren siguió su marcha. El chico, muy alegre, sentado junto a la ventanilla, contemplaba la hermosura del paisaje. Me extrañaba ver que el niño estaba solo y que nadie lo había acompañado ni despedido en la estación. Por eso le pregunté:

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Si es un niño…

Francisco de Asís era un hombre famoso. Cierto día, por estar muy ocupado con un trabajo importante, le dijo a uno de sus amigos que nadie debía molestarlo. Incluso, si algún sabio deseaba verle, debía volver otro día. Después de haber dado esas órdenes, Francisco se quedó pensando y agregó: –Pero… si es un niño, llámame.

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Un monte echado en el mar

En un día muy frío, el propietario de una granja y el arrendatario volvían a sus casas caminando a orillas del mar. Conversaban tan animadamente que ni prestaban atención al fuerte viento que levantaba olas enormes. Hablaban de la Biblia. –No, señor –decía el campesino–; usted dirá lo que quiera, pero yo no creo todo lo que dice la Biblia. En ella hay cosas que no pueden ser verdad.

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Una mosca

Cierta vez, un siervo del Señor predicaba en una ciudad de Irlanda. Allí vivía un hombre que no quería saber nada de la Palabra de Dios. Sin embargo, le gustaban los himnos y cánticos. Por eso se presentó en el lugar donde hablaba aquel siervo. Para no oírle se tapaba los oídos con las dos manos y solo se los destapaba cuando entonaban algún cántico.

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Yo lo hice

Iba a empezar la clase de lectura para los chicos de tercer grado, cuando la maestra notó cierta agitación en las últimas filas. –¿Qué pasa, Pedro? –preguntó ella–. El niño se levantó muy nervioso y respondió: –Alguien tomó mi lápiz nuevo.

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A los adultos

Esta es una recopilación y adaptación de narraciones para niños. Tiene el propósito de ayudarles a conocer algo de Dios, el Padre y el Hijo. No tiene la pretensión de ser un manual de instrucción religiosa ni un compendio de moral cristiana.

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A los niños

¡Un barco está en peligro! A la derecha e izquierda del canal de navegación hay bancos de arena escondidos bajo el agua a poca profundidad. Cuando una nave choca con esos bancos y queda como clavada en ellos, corre el peligro de ser destrozada por las olas que levanta la tempestad.

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¿A quién podemos creer?

Voy a presentar otro ejemplo para explicar mejor esta cuestión. –Una tarde, estando usted en su casa entra un individuo y le dice que el jefe de la estación ferroviaria cercana acaba de morir arrollado por el tren. Pero dicho sujeto es conocido como el más atrevido embustero en toda la vecindad. ¿Creería usted, o se esforzaría siquiera en dar crédito a tal persona?

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Bajo una dirección enteramente nueva

Hace unos meses vi el siguiente anuncio al frente de un gran edificio que parecía ser un hotel: «Esta casa se abrirá de nuevo al público en breve, bajo una dirección enteramente nueva». Supuse que dicho hotel había cambiado de dueño y que éste había puesto un nuevo director. El anuncio me hizo pensar en el pasaje que acabamos de citar (1 Corintios 6:19-20).

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Confiar en Cristo es estar preparado

Ahora bien, cada creyente tiene, por fe en la obra cumplida por el Salvador –muerto por nuestros delitos y pecados, resucitado para nuestra justificación y glorificado en el cielo– lo que corresponde al «pasaje» de nuestro ejemplo; es decir, la indiscutible prueba de que su viaje al cielo está enteramente pagado, pues es cierto que la Escritura nos asegura que “en él (Cristo) es justificado tod

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¿Creer que estamos muertos con Cristo o sentirlo?

Esta es una dificultad práctica para muchas personas. Una vez oí a un creyente orar con insistencia pidiendo a Dios que le hiciera sentir que él estaba muerto con Cristo. ¿Acaso Dios nos habla de sentir que estamos muertos? ¡Lejos de esto! Él nos dice: “Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11).

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Cristo estuvo aquí una vez

¿Cuál fue el resultado producido por semejante revelación? ¿Un cántico o la unánime elevación de alabanzas a Dios por cumplir finalmente su palabra, enviando al Mesías tanto tiempo esperado? ¿Irradiaba de gozo cada rostro? ¿Se estremecía de alegría cada corazón? ¡Al contrario! el cuadro que se nos presenta es muy distinto: “El rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él” (Mateo 2:3).

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Cristo podría venir hoy

Pero es necesario recordar que lo anunciado sucederá después y no antes del arrebatamiento de la Iglesia, la Esposa celestial de Jesús. ¡Cuán a menudo olvidamos que él mismo viene pronto para reunir a su alrededor a aquellos a quienes rescató!

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Cristo prometió volver otra vez

¿Cuál es, entonces, esta nueva promesa? Si leemos atentamente el evangelio según Juan, capítulo 14, la hallaremos entre los primeros versículos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

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Cristo vino para cumplir las promesas de Dios

Cuando Dios envió a su Hijo a este mundo cumplió las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob.

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Cristo volverá como la estrella de la mañana – ¿por qué?

Puede ser que hoy sucedan cosas que nos indiquen que, según las palabras del profeta Malaquías, no está lejano el día en que “nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación” para los hijos de Israel que temen a Jehová; mientras que, para los impíos, será “el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará,

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Cristo volverá por su Iglesia; después reinará sobre Israel y el mundo entero

Al volver, pues, al cielo, el Señor dejó sin realizar, sin cumplir dos series de bendiciones prometidas:

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¿Cuál es el secreto de nuestro poder?

Recordemos la historia de la gallina y de su nidada de patitos. Su desesperación representa el estado de alma de un gran número de creyentes. ¿A qué se debía la angustia de la pobre gallina? Sencillamente a la imposibilidad de cambiar los patitos en lo que según su instinto polluelos de gallina debían ser.

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De las dudas a la certeza

A fin de aclarar este punto, me serviré de un ejemplo tomado de la vida diaria. Cierto ganadero, no teniendo suficientes pastos para su ganado, pide en arrendamiento un hermoso pastizal próximo a su finca. Pasa algún tiempo sin recibir contestación del propietario. Entre tanto, un vecino suyo lo visita y procura animarlo, diciendo:

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