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La restauración y la reconciliación
En Daniel 9:24 nos enteramos de que setenta semanas, que son 490 años (compárese con Levítico 25:8), estaban determinadas sobre Israel y Jerusalén “para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (V. M.)
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La resurrección de condenación
La verdad fundamental de la Escritura sobre el juicio la hallamos en Hebreos 9:27: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. El versículo siguiente limita, sin embargo, la regla: “Cristo… aparecerá… para salvar a los que le esperan”. Estos últimos, pues, no serán juzgados.
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La resurrección de los justos
Así, pues, en este momento en la tierra viven solamente los renacidos, y en los sepulcros hay solo incrédulos.
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La septuagésima semana ¿se ha cumplido ya?
Hemos visto que “hasta el Mesías Príncipe” habían transcurrido 69 semanas. Quedó, pues, una semana. Si esta hubiese seguido sin interrupción a la última de aquellas, ya habría pasado desde hace mucho tiempo. No obstante, esta semana no puede haber pasado aún, pues ni Judá ni Jerusalén han recibido aún las bendiciones del versículo 24.
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La transfiguración de Jesús
Propiamente dicho, este acontecimiento no constituye una revelación profética. Es un cuadro en el cual la gloria del reino del Hijo del Hombre y todos los que tomarán parte en él, son representados de una manera clara.
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La última guerra de Europa Occidental
Una vez, el Imperio romano, en alianza con la jerarquía religiosa de esta tierra, mató al Señor. “Matémosle, y apoderémonos de su heredad” (Mateo 21:38).
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“La venida” y “El día”
Volvamos por un momento a las dos epístolas a los Tesalonicenses. Como hemos hecho notar, estos cristianos fueron convertidos a la bienaventurada esperanza del regreso del Señor. Se les enseñó a esperarle cada día.
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La vocación de Dios
Entonces Dios llama a Abram de su tierra, de su parentela y de la casa de su padre, para ir a la tierra que él le mostraría. Esto constituye un nuevo principio.
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Laodicea
¡Qué cambio! “Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca… “
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Las diez vírgenes
Llegamos a la sección solemne del discurso de nuestro Señor en la cual presenta el reino de los cielos bajo el símil de “diez vírgenes”. La instrucción contenida en esta tan importante parábola es de aplicación más amplia que la del siervo al cual nos referimos anteriormente, pues abarca toda la gama de la profesión cristiana y no está limitada al ministerio, dentro o fuera de la casa.
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Las dos bestias
En Apocalipsis 13 vemos dos bestias como instrumentos poderosos de Satanás. Satanás ha sido expulsado del cielo y ahora ejerce todo su poder aquí en la tierra. Pero no lo hace de una manera visible, sino que se vale de instrumentos.
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Las dos resurrecciones
Es posible que algunos de nuestros lectores se alarmen al leer el título de este artículo. Acostumbrados, desde la más tierna infancia, a considerar este tema mediante las pautas doctrinales y las confesiones de fe de la cristiandad, la idea de dos resurrecciones no se les habrá ocurrido jamás.
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Las profecías
También los profetas confirman lo mismo en centenares de pasajes. Pero, por enredos de determinado sistema teológico, muchas veces estos textos son desgraciadamente privados de su fuerza. Unas veces son aplicados al regreso del cautiverio de Babilonia. Otras a la primera venida del Señor Jesús a la tierra.
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Las profecías forman un todo
Resulta, pues, de ello, que todas las profecías han sido dadas por medio del Espíritu Santo y constituyen la totalidad de los designios de Dios, los cuales él mismo ha tenido a bien comunicarnos.
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Las promesas de Dios
En Romanos 11:29 leemos: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”. Se cita muchas veces este pasaje aplicándolo también a nosotros. Y esto puede hacerse, pues es un principio divino. Sin embargo, los que niegan que Israel tenga aún un futuro, deberían notar que estas palabras se aplican en primer lugar a las promesas dadas a Israel.
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Las setenta semanas de años de Daniel (cap. 9)
La historia de Israel puede ser divida en los siguientes períodos: 1. Su origen: el lapso desde el nacimiento de Abraham hasta la liberación de Egipto y la ley de Sinaí. 2. La posesión del país: el lapso desde Sinaí hasta la construcción del templo bajo el reinado de Salomón.
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Los creyentes esperan el retorno de Cristo – ¿por qué?
Ahora bien, ¿por qué habría de ser distinto para ti y para mí cuando oímos hablar del regreso del Señor? ¿Acaso no experimentamos la dulzura de su amor? ¿No fue él quien sufrió y murió por nosotros? ¿No nos ha guardado a lo largo del camino, desde el día que le conocimos, llevando nuestros dolores y restaurándonos después de muchas caídas?
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Los fieles del Antiguo Testamento, ¿pertenecían también a la Iglesia?
Hay muchos creyentes que opinan que la Iglesia es la continuación del pueblo de Israel. Si quieren decir con ello que la Iglesia ha ocupado el lugar del pueblo de Israel –como testimonio de Dios en la tierra– después del rechazamiento del pueblo escogido, entonces, hasta cierto punto, tienen razón.
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Los pactos en el desierto
Éxodo 19 tenemos el principio del pacto con Abraham, unido al principio del pacto con Noé. Promesas de la bondad de Dios, mas dadas bajo condiciones. La ley es la expresión de las condiciones verdaderas del gobierno de Dios.
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Los talentos
Nos queda por considerar la porción del discurso de nuestro Señor en la cual, de nuevo, trata el tema de la responsabilidad ministerial durante su ausencia.
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Lucas 12:40
Esto nos conduce a la tercera porción de la Escritura donde también aparece nuestro solemne lema. “Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá” (Lucas 12:40). Si la salvación está “preparada” para ser revelada y si el juicio está “preparado” para ser ejecutado, ¿qué nos corresponde, sino estar también “preparados”?
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Mateo 25:10
Pero mientras ellas [las vírgenes insensatas] iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.
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No más guerra
Las riquezas de la tierra libertada no serán usadas para ocasionar destrucción y miseria. “Y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra” (Miqueas 4:3; Isaías 2:4).
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Nuevos cielos y nueva tierra
En 2 Pedro 3 encontramos lo que es la nueva tierra y cómo esta se prepara. Isaías ya había hablado de nuevos cielos y nueva tierra (cap. 65:17; 66:22). Pero, como se desprende de su sentido, no ha visto más allá del milenio. Habla de Jerusalén, de construir casas y de morar en ellas. Ciertamente, hasta de pecadores que son maldecidos y cuyos cadáveres serán vistos.
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