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The Mackintosh Treasury
Nehemías
Pero debemos proseguir con nuestro tema, por lo que solicitaremos al lector que se remita al capítulo 8 de Nehemías. Hemos considerado al remanente antes del cautiverio y durante este período; y ahora lo veremos en su amada tierra tras su retorno del destierro, hecho que fue posible merced a la rica misericordia de Dios.
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The Mackintosh Treasury
“¿Ni aun temes tú a Dios?”
En el caso del ladrón arrepentido, vemos un primer fruto como resultado de la acción santificadora del Espíritu eterno, en las palabras dirigidas al otro ladrón: “¿Ni aun temes tú a Dios?” (Lucas 23:40). Él no dice: “¿No temes tú el castigo?”. La santificación del Espíritu se evidencia, en cada caso, por el temor del Señor, y un santo aborrecimiento del pecado, por lo que es el pecado.
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Nicodemo debía dejar atrás muchas cosas
Pero Nicodemo, como muchos otros, debía dejar atrás muchas cosas antes de llegar verdaderamente al conocimiento de Jesús; debía desprenderse de una pesada carga de maquinaria religiosa antes de aprender la divina simplicidad del plan de salvación de Dios. Debía descender de la cumbre del saber rabínico y de la religión tradicional, y aprender el alfabeto del Evangelio en la escuela de Cristo.
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Nimrod y Babilonia
Esta porción del libro que estudiamos contiene las listas de las generaciones de los tres hijos de Noé, en las que se menciona especialmente a Nimrod, fundador del reino de Babel, o Babilonia, un nombre que ocupa una posición prominente en las páginas de la historia sagrada. Babilonia es un nombre muy conocido y de una influencia notoria.
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No añadirás ni quitarás de ello
“Cuando Jehová tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su tierra, guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré.
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No debe haber misericordia ni pacto con los cananeos
Los pensamientos ya expuestos permitirán al lector entender las primeras líneas de nuestro capítulo. Las naciones cananeas no debían hallar gracia a los ojos de Israel. Sus iniquidades habían alcanzado el punto culminante y para ellas solo quedaba la inflexible ejecución del castigo divino. “Las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia.
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No debemos enorgullecernos de nuestros progresos
No debemos confundir este grato ejercicio con la lamentable costumbre de mirar el camino recorrido para apreciar nuestros logros, progresos y servicios. Quizás estemos dispuestos a admitir, de manera general, que solo por la gracia de Dios hemos sido capaces de hacer alguna pequeña obra para Él.
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No entras al país debido a tu justicia
Nuestro corazón ingrato y tramposo olvida muy fácilmente de dónde vienen la fuerza y la victoria obtenidas.
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No es cuestión de entendimiento ni de sentimientos, sino de fe
Si me considero a mí mismo desde mi punto de vista o me juzgo por mis sentimientos, jamás podré entender esta verdad. ¿Por qué? Porque tengo el sentimiento de ser exactamente la misma criatura pecaminosa de siempre.
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No es posible conciliar responsabilidad e incapacidad ni incumbe al hombre hacerlo
Algunos dirán que no es posible reconciliar ambas cosas: la incapacidad del hombre y su responsabilidad, y plantearán sus objeciones. Debemos recordar que no nos incumbe reconciliarlas. Dios lo ha hecho al colocarlas una junto a la otra en su eterna Palabra. Nos corresponde sujetarnos y creer, no razonar.
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No hacer provisión de maná para el día de mañana
Sin embargo, no acontecía así cuando el hombre recogía el maná para sí mismo; entonces los síntomas de descomposición se manifestaban muy pronto. Jamás pensaríamos en hacer acopio de provisiones si comprendiésemos la verdad y la realidad de nuestra posición. Nuestro privilegio es alimentarnos de Cristo día tras día, como siendo Aquel que descendió del cielo para dar vida al mundo.
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No los temáis… Jehová… pelea por vosotros
Nos detendremos ahora en los versículos restantes de nuestro capítulo, en los que hallaremos muchas cosas interesantes, instructivas y de gran provecho.
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No mezclemos nada con la doctrina pura de la Palabra
Las importantes instrucciones prácticas que encontramos en los versículos 9 a 11 se aplican de manera admirable a todos los obreros del Señor. “No sembrarás tu viña con semillas diversas, no sea que se pierda todo, tanto la semilla que sembraste como el fruto de la viña” (cap. 22:9).
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No obstante, la Escritura es clara
La Palabra de Dios lo establecía todo. “Conforme a todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos”. Esta frase tan significativa precedía a todo lo que estaba prescrito y prohibido para Israel. Sus instituciones nacionales, sus costumbres domésticas, su vida pública y privada, todo dependía de la absoluta autoridad de la frase: “Así dice Jehová”.
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No olvides…
Pero el pobre corazón humano está expuesto a fallar y a sufrir las múltiples influencias que actúan sobre nosotros para apartarnos de la estrecha senda de la obediencia. No nos sorprendamos, pues, de las solemnes y repetidas amonestaciones de Moisés a sus oyentes. Ante esta congregación que le era tan querida, ensancha su corazón amante con palabras ardientes que conmueven el alma.
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No olvides a Jehová tu Dios
“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que
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No practicaréis adivinación
“Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.
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No solo de pan vivirá el hombre…
“Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (v. 3).
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No somos justificados por la ley
No obstante, muchas personas que admiten que no podemos obtener la vida por la ley, sostienen al mismo tiempo que la ley es la regla de nuestra vida. El apóstol declara que “todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición” (Gálatas 3:10). Poco importa su condición individual; si están sobre el terreno de la ley, necesariamente se hallan bajo maldición.
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Noé, predicador de justicia
Ahora, antes de avanzar más en esta historia, consideraremos por un momento la condición de aquellos contemporáneos de Noé que por tantos años habían escuchado sus predicaciones de justicia. Hemos contemplado la suerte de los salvados; fijemos la atención por un momento en los que se perdieron.
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Noé sale del arca y adora a Jehová
“Habló Dios a Noé, diciendo: Sal del arca”. El mismo Dios que le había ordenado que construyese el arca y que entrase en ella, ahora le manda que la abandone. “Entonces salió Noé… Y edificó Noé un altar a Jehová” (v. 18, 20). Todo lo hace conforme a sus instrucciones con sencilla obediencia, tanto en el momento de la oscuridad como en la hora de regocijo y de adoración gozosa.
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Noé sale del arca y adora a Jehová
“Habló Dios a Noé, diciendo: Sal del arca”. El mismo Dios que le había ordenado que construyese el arca y que entrase en ella, ahora le manda que la abandone. “Entonces salió Noé… Y edificó Noé un altar a Jehová” (v. 18, 20). Todo lo hace conforme a sus instrucciones con sencilla obediencia, tanto en el momento de la oscuridad como en la hora de regocijo y de adoración gozosa.
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Noé y su casa
Cuando la iniquidad del mundo antediluviano había llegado a su colmo, y el Dios justo –quien estaba por devastar toda esta escena de corrupción con la recia corriente del juicio– tuvo que decidir el fin de toda carne, estas gratas palabras sonaron a oídos de Noé:
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Nombramiento de los jefes
En lo que queda de nuestro capítulo, Moisés repite a oídos del pueblo, con un lenguaje conmovedor y sencillo, los hechos relacionados con el nombramiento de los jueces y la misión de los espías. Podemos atribuir el nombramiento de los jueces a la propia iniciativa de Moisés, y la misión de los espías a la sugerencia del pueblo.
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