Romanos
Romanos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 16

Saludos fraternales

El capítulo 12 enseña lo que debe ser la consagración y el servicio cristianos. El capítulo 16, a su vez, nos muestra la práctica por parte de los creyentes de Roma a los cuales el apóstol dirige sus saludos. Aquí tenemos, escribió alguien, «una página típica del libro de la eternidad… No hay un solo acto de servicio que prestemos a nuestro Señor, que no sea sentado por escrito en su libro, y no solamente la sustancia del acto, sino también la manera en que es hecho…». Por eso, en el versículo 12, Trifena, Trifosa y Pérsida, la amada, no son nombradas juntamente, pues si bien las dos primeras trabajaban en el Señor, la tercera había “trabajado mucho”, y sus servicios no son confundidos. Aquel que no se equivoca lo considera y lo anota todo.

Pablo, por su parte, no olvidaba lo que había sido hecho para él (v. 2, 4). Aquí encontramos a sus “compañeros de obra”, Priscila y Aquila (Hechos 18). La iglesia simplemente se reunía en su casa. ¡Qué contraste con las ricas basílicas construidas desde entonces! Los saludos en Cristo contribuyen a estrechar los lazos de comunión fraternal. Nosotros no deberíamos olvidar de transmitir aquellos que nos han sido confiados.

Epílogo y conclusión

Los motivos de alegría que Pablo encontraba en los creyentes de Roma (v. 19) no le hacían perder de vista los peligros a los que estaban expuestos. Antes de cerrar su epístola los previene contra los falsos maestros, reconocibles por el hecho de que buscan complacerse a sí mismos, sirviendo a sus propias ambiciones y codicias (“sus propios vientres”, v. 18; véase Filipenses 3:19). El remedio no consiste en discutir con esa clase de gente, ni en estudiar sus errores, sino en alejarse de ellos, siendo sencillos en cuanto al mal (Proverbios 19:27). Sin embargo, esas manifestaciones del mal no nos dejan insensibles. Por ello, para alentarnos, el Espíritu nos afirma que pronto el Dios de paz aplastará a Satanás bajo nuestros pies (v. 20). Numerosos parientes de Pablo se encontraban entre los primeros cristianos, fruto, sin duda, de sus oraciones (cap. 9:3; 10:1). ¡Cuánto estimula esto nuestra intercesión por los nuestros que aún no se han convertido!

Lo que Dios espera de nuestra fe es la obediencia (v. 19, 26 fin), y lo que nuestra fe puede esperar de él, mediante “nuestro Señor Jesucristo”, es el poder (v. 25), la sabiduría (v. 27) y la gracia (v. 20, 24). Sumémonos al apóstol para darle gloria, expresándole nuestro agradecimiento y, sobre todo, viviendo para agradarle.